Un coruñés, la primera víctima

El guardia civil José Pardines Arcay, natural de Malpica y con 25 años, fue el primer asesinado a manos de ETA, en una acción en Guipúzcoa el 7 de junio de 1968

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Sepelio de José Pardines Arcay en el cementerio de Malpica en junio de 1968. / efe
Sepelio de José Pardines Arcay en el cementerio de Malpica en junio de 1968. / efe 
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"Un guardia civil anónimo, un pobre chaval". Así define el periodista Matías Antolín al primer asesinado por ETA. La banda terrorista mató al malpicano José Pardines Arcay, destinado en Guipúzcoa, el 7 de junio del año 1968 durante un tiroteo. Un Seat 850 con matrícula falsa alertó al agente, pero cuando se acercó al automóvil, el etarra Txabi Etxebarrieta le arrebató la vida al coruñés con un disparo en la clavícula y otros tres en el pecho mientras miraba el motor en la parte de atrás. La banda terrorista inauguraba de esta forma su actividad sanguinaria y desde entonces segó la vida de 858 personas, 38 de ellas gallegas

REDACCIÓN | A CORUÑA En Malpica de Bergantiños, los altos acantilados de A Costa da Morte han arrancado muchas vidas. La de José Pardines Arcay se la llevó la muerte como un golpe de mar, traicionero, por sorpresa, un día de primavera de 1968, aunque en 1960 una niña falleció en una explosión en San Sebastián. El 7 de junio de aquel año, este joven guardia civil de 25 años tenía una misión sencilla: desviar el tráfico, a causa de unas obras, en un pueblo de Guipúzcoa con un nombre apacible: Villabona. A Pardines, le llamó la atención un Seat 850 con matrícula de Zaragoza. Había algo extraño en aquel coche. Pronto se dio cuenta de que la placa era falsa. Cuando fue a dar el alto al coche, se inició un tiroteo. El guardia gallego recibió una bala en la clavícula. Un etarra lo remató luego con cuatro disparos en el pecho y dejó a Pardines sin vida sobre el asfalto. Para su desgracia, este hombre de Malpica, donde es el mar el que se lleva las vidas, se había convertido en la primera víctima de ETA. Los dos terroristas que viajaban en el coche eran Txabi Etxebarrieta y Iñaki Sarasketa. En un control policial posterior, un nuevo tiroteo acababa con la vida de Txabi Etxebarrieta, mientras el otro etarra conseguía huir.

En junio de 1998, Iñaki Sarasketa declaró: "Supongo que el guardia civil se dio cuenta de que la matrícula era falsa. Nos pidió la documentación y dio la vuelta al coche para comprobar. Txabi me dijo "Si lo descubre, lo mato"...Le contesté: "No hace falta, lo desarmamos y nos vamos"... Salimos del coche. El guardia civil nos daba la espalda. Estaba de cuclillas mirando el motor en la parte de atrás...Susurró: "Esto no coincide...". Txabi sacó la pistola y le disparó. Cayó boca arriba. Volvió a dispararle tres o cuatro tiros más en el pecho. Fue un día aciago. Un error. "Era un guardia civil anónimo, un pobre chaval. No había ninguna necesidad de que aquel hombre muriera". De esta forma lnarra lo sucedido en una entrevista el periodista Matías Antolín en su libro Los orígenes de ETA. En el pequeño cementerio de Malpica, reposa José Pardines, primera víctima del terror.

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