Mario Isea Bohórquez Embajador de la República Bolivariana de Venezuela en España

"El rey Juan Carlos y Chávez acabaron siendo grandes amigos"

"No vamos a tolerar ni a las mafias ni al paramilitarismo en la frontera con Colombia"

03.09.2015 | 00:24
Mario Ricardo Isea Bohórquez.

"Soplan vientos a favor" en las a menudo tensas relaciones entre Caracas y Madrid, asegura contenido Mario Ricardo Isea Bohórquez (Zulia, 1951), embajador de Venezuela en España, ingeniero químico reconvertido a diplomático, profesor universitario, experto en el negocio del petróleo, dirigente del Partido Socialista Unido de Venezuela y uno de los miembros de la Asamblea Nacional Constituyente que en 1999 sacó adelante la nueva Constitución de la Nación bolivariana.

Isea recibe en exclusiva a Epipress en la sede diplomática de su país en Madrid frente al imponente estadio Santiago Bernabéu, en la planta 13ª del edificio Eurocentro, donde las fotografías del fallecido Hugo Chávez y del presidente Nicolás Maduro y la bandera tricolor dan la bienvenida al visitante. Sosegado y reflexivo, Isea esquiva las preguntas y, Constitución bolivariana en mano al más puro estilo chavista, regatea el diálogo periodístico para responder a cualquier interrogante con idénticas respuestas inundadas de verborreicas loas a las "bonanzas" del sistema democrático venezolano "que garantiza la educación y la sanidad" de sus ciudadanos, prohíbe los desahucios de viviendas y persigue el contrabando en la frontera con Colombia para evitar el desabastecimiento en los supermercados y erradicar el negocio de los narcotraficantes.

No hay espacio para la repregunta informativa que el diplomático zanja con una catarata de eslóganes memorizados para dejar bien claro desde el primer momento de la charla que su país "no es el patio trasero de Estados Unidos ni va a consentir injerencias" de nadie. Y menos del expresidente español Felipe González (PSOE), al que recomienda que se lea su propia "hoja de servicios" antes de defender la impunidad "de los que estimulan el golpismo y el terrorismo de calle". Felipe González, prosigue enigmático, "sabrá los intereses de qué multinacionales del imperio defiende" al erigirse en valedor de "los que quieren desestabilizar" Venezuela. "Cualquier demócrata del mundo que se ponga del lado de los opositores que promueven la violencia no le está haciendo ningún favor a la democracia", sentencia sin miramientos.

El profesor Isea llegó a Madrid, donde se estrenó como embajador, en noviembre de 2013 y aterrizó con el firme propósito de "mejorar las relaciones" entre España y Venezuela, gravemente deterioradas tras el golpe de Estado de 2002, del que Chávez se salvó de milagro y en el que el Gobierno bolivariano quiso ver implicado al expresidente José María Aznar (PP). "Es cierto que hay altibajos, pero lo importante es que podamos trabajar juntos para superar esas tensiones y alcanzar el verdadero encuentro", razona el diplomático, quien quita hierro al encontronazo protagonizado en 2007 por el rey Juan Carlos, quien con un "¿Por qué no te callas?", reprobó la cháchara antiespañolista de Chávez durante la XVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado celebrada aquel año en Chile.

"Al ir a presentar mis credenciales diplomáticas al Rey, éste me reconoció que con el tiempo había aprendido a conocer, respetar y querer a Chávez", revela el embajador bolivariano, convencido de que "el rey Juan Carlos y Chávez acabaron siendo grandes amigos".

A Mario Isea le cuesta pronunciar el nombre del presidente Mariano Rajoy y no se siente cómodo si tiene que hablar de su relación con el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo. "El diálogo entre España y Venezuela es susceptible de mejorar", insiste, "pero siempre y cuando Madrid "respete nuestra soberanía", advierte no sin antes lanzar un aviso: "si nos sentimos agredidos responderemos en el marco del respeto pero con contundencia".

"Los vínculos culturales e históricos entre los dos países son demasiado fuertes para malograrse", continúa, y Venezuela se convirtió durante el siglo pasado en el refugio de "miles de españoles que huían de la pobreza y de la guerra", añade al tiempo que presume de la hospitalidad de un pueblo que "mantiene sus fronteras abiertas sin levantar vallas ni colocar cuchillas en ellas" como las que se instalaron en Melilla para frenar la inmigración irregular. "Acogemos a quien viene en desgracia, pero no vamos a consentir que entren en nuestro territorio paramilitares golpistas ni grupos que hacen su negocio del contrabando de alimentos, drogas y gasolina", explica al referirse a la actual crisis en la frontera entre Venezuela y Colombia. "No vamos a tolerar ni a las mafias ni al paramilitarismo", manifiesta tajante.

Isea mira con disimulado recelo el nuevo marco de relaciones entre Estados Unidos y Cuba pero anima a España y a la Unión Europea a sumarse a ese proyecto sin olvidar que Venezuela será "una de las piezas clave de la geopolítica mundial". "A ver si de una vez por todas, los poderes fácticos del imperialismo se dan cuenta de que América Latina ha cambiado y se mantiene firme para luchar contra los intentos de saqueo y recolonización", proclama sin salirse del discurso bolivariano que se alinea en defensa del pueblo palestino y demoniza las intervenciones lideradas por los estadounidenses en Irak, Libia y Siria. "Desde luego, lo que hay ahora en esos países no es ni de lejos mejor que lo que había antes", asegura rotundo.

Y es en el marco de esos conflictos en Oriente Medio donde Isea ve parte de los intereses que mueven la espectacular caída del precio del petróleo, fuente de riqueza de Venezuela, quinto país exportador de crudo. "A lo que estamos asistiendo es a una nueva manipulación del mercado a través de la promoción del fracking, que daña la corteza terrestre, y gracias también a la destrucción de países como Libia e Irak para inundar el mercado de petróleo y poder así bajar su precio", denuncia Isea, quien entre 2002 y 2005 ocupó el cargo de asesor del presidente de Petróleos de Venezuela.

El embajador bolivariano no se arruga ante estas estrategias de "la derecha imperialista" y asegura que su país siempre presupuesta un precio del barril de petróleo muy por debajo del asignado por el mercado. "Estas artimañas no nos cogen por sorpresa y a pesar de las pérdidas, el Gobierno de Maduro ha sido capaz de mantener la inversión social para priorizar sus políticas de Educación, Sanidad y Vivienda", concluye orgulloso sin soltar ni un momento la minúscula Constitución venezolana de 1999 que Hugo Chávez entregó a todos los venezolanos para que pudieran llevarla siempre con ellos.

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