"Moltes gràcies, ministre"

30.09.2015 | 00:38

El lunes, tras el fracaso del órdago plebiscitario en las elecciones catalanas, se daba por hecho el entierro político de Artur Mas. Pero alguien se puso manos pronto a la obra para evitar la caída del president que exarcebó el proceso soberanista como una huida hacia delante para evitar su ocaso político al frente de CiU.

Y la iniciativa no partió precisamente de la Generalitat, sino del entorno gubernamental español. Del Ministerio de Justicia, que en poco más de 24 horas le lanzó a Mas el mejor de los salvavidas. Una providencial imputación judicial, no por las escandalosas comisiones cobradas a empresas constructoras durante años de gobierno autonómico, sino por impulsar el proces. En una palabra, le han convertido en mártir y héroe nacional de Cataluña. Y lo citan a declarar públicamente como reo nada menos que el 15 de octubre, día en el que fusilaron al president Lluís Companys y una de las fechas sagradas en el santoral independentista.

El PP tropieza dos veces en la misma piedra. Su recurso a la Justicia para tumbar el Estatut fue precisamente la gasolina que aceleró el incendio soberanista, como reconoció el propio candidato popular, Albiol, en la campaña del 27-S.

Más torpeza política parece imposible, pero está lejos de serlo. Unas elecciones generales sin Mas, que tantos réditos electorales ha dado al PP fuera de Cataluña, que nunca fue un granero conservador, pueden resultar letales para algunos intereses políticos. En el horizonte comenzaba ya a vislumbrarse una posible confluencia de izquierdas en la que incluso podría entrar el PSC, sin Convergencia ni Mas, y sin la independencia como abstracta prioridad en el programa.

El capote del ministro de Justicia puede resucitar a Mas, que ha encontrado en Catalá al mejor amigo en la desgracia. Va ser difícil sepultarlo políticamente sentándole en el banquillo por impulsar el proceso soberanista, no por corrupción.

La CUP mantiene su negativa a investirlo pese a la imputación, aunque se ha visto ya obligada a defenderlo. Ya veremos en que acaba. La crucifixión del 15 de octubre va a pesar en la opinión pública catalana y no es descabellado pensar que podamos volver al viejo disco rayado de los últimos años. El auto de fe emprendido desde Justicia lleva desde luego todos los ingredientes mediáticos y emocionales para que así sea.

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