Los imposibilistas

12.11.2015 | 01:52
Los imposibilistas

El "calvario", como ya han empezado a llamar los dirigentes de CDC a la investidura de Mas, tiene en la CUP a su Longino. Antonio Baños, el líder parlamentario de los antitodo, atravesó el martes con la lanza de sus acusaciones al moribundo candidato de Junts pel Sí (JxS), y trayendo el relato bíblico a la actualidad del procés vino a reconocer: "En verdad tú eres el que nos puso en el camino de la independencia, pero lo siento, macho, no puedes continuar al frente del tinglado porque no nos fiamos de ti".

Este calvario de Mas es real. No es como cuando puso las urnas hace un año y se ganó una querella de la Fiscalía. O como cuando, hace unas semanas, declaró en loor de multitudes, en calidad de imputado, por haber hecho posible aquel patriótico momento. Ahora el martirio es tangible. Y visible en su rostro y los de sus adláteres. "Parece que van en serio", casi podía escuchárseles decir el martes en el Parlament, al término de la primera votación, que arrojó el marcador 62-73.

Quien no tiene nada que perder sólo puede ganar. Y la CUP, un partido con diez diputados en la Cámara catalana (siete más que en 2012), no se conforma con menos que una república popular y exige, como Basarov, aquel nihilista de "Padres e hijos", que su nacimiento empiece por descombrar. Baños tiene mucho más sentido del humor que el personaje de Turgueniev, pero idéntica claridad de pensamiento en su delirio. Opina, lógicamente, que un político que hace diez años consideraba trasnochada la idea de la independencia no debe liderar el proceso para alcanzarla. Y una de dos: o Mas renuncia a la candidatura en favor de Romeva, o no habrá president y el 10 de enero se convocan nuevas elecciones.

Todo, naturalmente, puede cambiar. Sin ir más lejos, hoy jueves. O entre hoy y la resaca de Reyes. Si no, se aduce, véase lo que ocurrió tras las elecciones andaluzas de marzo: Susana Díaz no fue investida hasta junio. Pero no hay que engañarse: Ciudadanos, con quien al final pactó Díaz, es un partido posibilista. Como el PSOE, el PP, CDC, ERC o, incluso, Podemos. La CUP no lo es: no comulga con el nacionalismo identitario (lengua=Estado), sino que cree en la secesión por pura estrategia política, y más que fraguar gobiernos prefiere fraguar entusiasmos. Por eso hay que interpretar su promesa de que no harán "descarrilar el proceso" no como una garantía de que al final cederán y votarán por Mas, sino como un aviso de que puede suceder justo lo contrario: que el proceso deje el tren del president en vía muerta. Y a Cataluña, cabría añadir, en el limbo: ni autonomía, ni Estado propio ni nada.

"El proceso no encalla porque nadie lo puede hacer encallar", respondió Baños el martes en el Parlament, en alusión tanto al Gobierno de Rajoy como a Mas, que poco antes le había advertido que si la CUP no le inviste, el tren de la independencia pasará de largo para todos. Una amenaza que no le exculpa de la estupidez de haber accedido a dar un golpe de Estado institucional a cambio de nada, alarmando seriamente a su población de antiguos adeptos, a su corte de banqueros y empresarios y a su diario de referencia, La Vanguardia, que ha pedido a Mas, simple y llanamente, que rectifique el camino.

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