Socialistas

29.12.2015 | 01:38
La socialista Susana Díaz.

Anda el socialismo desde la ofensiva neoliberal un tanto perplejo. Es como si se hubiese quedado de pronto sin ideas, como si no supiese responder ni aquí ni tampoco en otras partes a los desafíos de eso que llamamos "globalización".

Lo vemos en España, donde el partido que fundó Pablo Iglesias anda enzarzado en disputas internas a cuenta de la unidad de España, única forma que tiene al parecer de plantarle cara al partido que ha emergido por su izquierda y que parece sintonizar mejor con las nuevas generaciones y también las clases urbanas.

La presidenta andaluza rivaliza en defensa de la sacrosanta unidad con el dirigente del Partido Popular y presidente en funciones del Gobierno, porque sabe que eso le da votos en su región, tradicional granero de los socialistas, y en la España más tradicional y profunda, refuerza su perfil de estadista y puede -o eso parece pensar al menos ella- allanarle el camino hacia La Moncloa si un día decide dar el salto.

El principal problema de los socialistas es, sin embargo, que muchos votantes de izquierdas no acaban de creerse eso de la regeneración y, en vista de la más bien decepcionante experiencia al menos de sus últimos años de gobierno, desconfían de que vaya a cumplir cuanto alegremente promete cuando está en la oposición.

Pero eso no ocurre sólo aquí, sino también en la vecina Francia, con un presidente socialista que renunció a muchas promesas electorales y, tras los últimos atentados terroristas de París, parece empeñado en remedar al peor George W. Bush, con una versión francesa de la infame ley patriótica, que haría sonrojarse sin duda a Jean Jaurés.

En lo único que parece destacar últimamente ese partido es en la explotación política del miedo -miedo al islam, a los inmigrantes, a las consecuencias de la globalización-, pero eso es algo que sabe hacer mejor la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen.

Y, sin llegar a tan bochornoso extremo, lo tenemos igualmente en Alemania, donde los socialdemócratas, que forman parte de la coalición que preside la cristianodemócrata Angela Merkel, están también divididos y dan ya por perdida la próxima batalla electoral. Tal es la popularidad de la actual jefa del Gobierno.

Y no es que no hayan conseguido aquéllos algunas cosas importantes, al menos en los primeros años de gobierno: lograron que se aprobara un salario mínimo, la jubilación para algunos a partir de los 63 o medidas destinadas a la protección del medio ambiente.

Pero se trata de cosas de hace más de un año y los sondeos siguen sin serles favorables: el partido de Sigmar Gabriel no sabe ya cómo distinguirse de una canciller más pragmática que ideológica que ha sabido astutamente escorar a su partido a la izquierda, ocupando parte del espacio socialdemócrata.

En el SPD han estallado mientras tanto luchas internas y al vicecanciller y ministro de Economía Gabriel le resulta cada vez más difícil imponer su autoridad, algo que ocurrió ya en su día con su correligionario Peer Steinbrück, fracasado rival de Merkel en las últimas elecciones.

La contestación a Gabriel procede sobre todo de la líder de los Jusos (jóvenes socialistas), quien en un reciente congreso y entre los aplausos de los delegados dijo echar de menos un programa más socialdemócrata en el partido, algo que provocó la ira de aquél, poco acostumbrado a encajar críticas.

El ala izquierda del SPD no entiende por ejemplo la dureza inicial de Gabriel con la Grecia de Syriza - durante un momento llegó a abogar por la salida de ese país del euro- o sus vaivenes frente a la extrema derecha xenófoba del movimiento Pegida (Patriotas contra la islamización de occidente).

Como dice el historiador de origen holandés Ian Buruma, preocupado por lo que sucede actualmente en buena parte de Europa: "Espero que las futuras generaciones no cederán a las seducciones del autoritarismo o de los demagogos. No debemos renunciar al modelo europeo de democracia social ni a la unidad europea, adopte la forma que adopte".

A esa tarea deberían dedicarse con imaginación, pero sobre todo sin prejuicios y sin miedo los socialistas.

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