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Un jarrón chino con doble fondo

22.04.2016 | 01:42

Al expresidente Aznar le han pillado con el carrito del helado. Ni más ni menos que un exinspector de Hacienda cazado haciendo trampas al Fisco. Claro, que quién mejor que él... Utilizar una empresa instrumental para pagar menos impuestos por un trabajo personal es un viejo truco que, desde luego, no se empeñó mucho en perseguir cuando era presidente del Gobierno, a pesar de que por su formación profesional tenía que estar perfectamente al corriente de la existencia de esta trapacería. Aunque, claro, visto lo visto, aquella política parecía ser una buena inversión de futuro.

No deja de ser, por otro lado, paradójico el hecho de que quien haya terminado por empapelarle sea el aborrecido Montoro, a quien él mismo empleó en su día como encargado de la Hacienda pública. Una venganza del destino, sin duda. Como seguramente lo fue el que, de hacer caso a las malas lenguas, su otrora subordinado le hiciera esperar más de una hora en la antesala del despacho para una reunión que no encaja en la prudencia que un ministro debe demostrar a la hora de recibir en sede oficial a según quién para según qué. Aunque con los antecedentes previos de su colega de gabinete Fernández Díaz, tampoco podemos sorprendernos demasiado.

Con todo, lo más irritante de todo el asunto es que quien durante años de líder de la oposición, de presidente del Gobierno y de "jarrón chino" se ha desgañitado intentando dar a los demás una lección tras otra de moralidad pública y de rectitud de comportamiento, en su vida privada no tuviera el más mínimo remordimiento en hurtar al conjunto de la ciudadanía su justa aportación fiscal. Cuando sus ingresos se han visto, además, sustancialmente incrementados con el paso de los años a causa, precisamente, del tiempo que pasó al frente del Gobierno gracias al voto de millones de ciudadanos a los que ahora estafa con sus trampitas.

Y no contento con eso, en vez de sentirse abochornado una vez descubierto, exige explicaciones a quien, en esta ocasión, no ha hecho más que cumplir con su deber en defensa del interés general. Una lección muy didáctica de doble moral que provocaría sonrojo a cualquiera con un mínimo sentido de la decencia y que al común de los ciudadanos no puede más que generar enojo y más descreimiento en estos tiempos en que la gestión de la "res publica" necesita justamente de todo lo contrario.

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