El voto ensimismado

07.05.2016 | 01:09

El enorme cambio que supuso el fin del exclusivo club del bipartidismo, con la irrupción de Podemos y Ciudadanos, está ya tan consolidado que ni siquiera el fracaso de la clase dirigente que nos lleva a nuevas elecciones provoca significativos corrimientos electorales. Asusta pensar el enorme parecido, con mínimas variaciones que perfilan tendencias apenas incipientes, entre los resultados de los comicios de diciembre y los del barómetro del CIS de abril. Y asusta porque después del 26 de junio podemos vernos envueltos de nuevo en un juego político sin salida favorecido además por la laxitud estival.

Lo que refleja la encuesta es el ensimismamiento en el que, de nuevo, ha caído un electorado conservador en su forma de votar, al que le cuesta tanto cambiar de papeleta que prefiere repetir lo malo conocido antes que arriesgar al cambio aunque sea sólo circunstancial. Cuando las fluctuaciones son marcadas a la clase política le queda la posibilidad de interpretar en términos de premio o castigo los resultados de las urnas. Un panorama tan inmóvil como el que muestra la instantánea demoscópica alienta, sin embargo, las posiciones recalcitrantes que nos han traído hasta este nuevo momento electoral.

Pese a tanta quietud, hay atisbos de que algo puede pasar. Uno de los que más empeño ha puesto en que las elecciones se repitan, y así lo perciben los encuestados al rebajar una nota a su liderazgo ya de por sí raquítica- resulta ser quien ahora más se juega. Pablo Iglesias tiene mucho que perder si persiste su tendencia a la baja, el único movimiento significativo que perciben los medidores de voluntades electorales. IU ayuda a subir pero resulta engañoso anticipar resultados a partir de la simple suma de la intención de voto de los dos futuros aliados.

Para frenar el descenso, Iglesias se nos revela ahora como un ser arrepentido capaz incluso de negar a Hugo Chávez. Lo que nos quedará por ver.

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