Gloria Álvarez Politóloga guatemalteca y azote del populismo latinoamericano, publica 'El engaño populista'

"Pablo Iglesias dice hoy lo mismo que Chávez en 2008"

"Los privilegiados de América Latina son los empresarios apoyados por los gobiernos populistas"

03.06.2016 | 01:53
Gloria Álvarez.

Gloria Álvarez (Guatemala, 1985), politóloga licenciada en Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas, que se hizo famosa fuera de su país con un vibrante discurso pronunciado en Zaragoza en 2014, en el Parlamento Iberoamericano de la Juventud, destaca por su oratoria incendiaria contra los populismos, que en su opinión han llevado al desastre a América Latina. Podría ser una modelo, pero su vocación es proclamar desde entonces urbi et orbi a través de la radio, la televisión y las redes sociales su ideal libertario. En su periplo por el mundo para dar a conocer el fin del viejo pleito entre derechas e izquierdas, Gloria Álvarez ha recalado en la Fundación Rafael del Pino de Madrid, donde presentó El engaño populista (Deusto), un libro escrito junto al abogado chileno-alemán Axel Kaiser. En una entrevista para Epipress, Álvarez ironiza con el discurso de Pablo Iglesias, "el mismo que lanzaba Hugo Chávez en 2008", desmonta el comunismo castrista "que convierte en camareros y prostitutas a ingenieros, médicos y abogados" y avisa de los riesgos que conllevan el aupar al poder a formaciones populistas "que solo reconocen los derechos individuales de quienes están dispuestos a ser sus lacayos". La receta del progreso está, según esta aguerrida guatemalteca con raíces cubanas y húngaras, en apostar por un republicanismo liberal que recupere las instituciones, la educación y promueva el uso de las nuevas tecnologías "para abrir los ojos a la gente".

-Hábleme por favor del populismo versus república.

-Ya no tiene mucha razón de ser el hablar de derechas versus izquierdas porque cuando han gobernado todos ellos han terminado haciendo lo mismo: crear una élite económica que se lucra a costa del pueblo. El siglo XXI demuestra que derechas e izquierdas son ideologías obsoletas. La derecha propugna la libertad económica desde fórmulas morales que no responden a la globalización y la izquierda habla de libertades sociales pero se opone a esa libertad en los ámbitos económicos, con lo cual, rechaza también la globalización.

-¿Cómo definen ustedes su republicanismo?

-En el Movimiento Cívico Nacional decidimos que Guatemala necesitaba rescatar la república porque es el único sistema de gobierno que concibe que el individuo es la minoría más pequeña y garantiza sus tres derechos fundamentales. Vida, libertad y propiedad privada son la razón de ser de ese gobierno. Ahí aparece el equilibrio de los tres poderes entendiendo al organismo judicial como la columna vertebral de los tres y a la Constitución como la carta de derechos y deberes. ¿Qué es lo que atenta contra esa constitucionalidad y esos derechos fundamentales? El populismo que tanto usan las izquierdas como las derechas para manipular.

-En su país, Guatemala, hay una gran admiración el régimen cubano, ¿por qué?

-No solo en Guatemala. En todos los países de América Latina nunca falta la cara del Che Guevara cuando hay una manifestación y ven con admiración ingenua que en Cuba haya sanidad y educación gratis.

-Es que allí son gratuitas, ¿no?

-La educación que se da en Cuba es puro adoctrinamiento y la sanidad en hospitales de lujo está destinada a los turistas, pero no a los cubanos. Es muy cruel formar a ingenieros, abogados y médicos para que terminen de camareros o prostitutas porque ganan más dinero que con su profesión. Esa admiración por Cuba viene de un desconocimiento de la realidad y de dejarse llevar por mitos.

-En la portada de su libro aparecen juntos Pablo Iglesias, Fidel Castro, Cristina Kirchner, Evo Morales, Hugo Chávez, Rafael Correa y Michelle Bachelet. ¿Es que considera que son todos iguales?

-Sí, porque al escuchar sus discursos y propuestas se ve que todos ellos violan los derechos individuales. En la portada que se publica en España faltan Ortega de Nicaragua, Lula y Dilma Rousseff de Brasil, Gustavo Petro de Brasil y Manuel López Obrador de México.

-Dígame la verdad por favor: ¿tiene pruebas de una supuesta relación contaminante entre el chavismo venezolano y Podemos o es un invento para desacreditar a un movimiento emergente que ha surgido con una fuerza enorme por los graves errores cometidos por los grandes partidos españoles?

-Yo no he leído los papeles de Panamá pero hay periodistas que aseguran que esos documentos evidencian una relación directa entre el dinero del petróleo venezolano y Podemos. Sí veo una similitud total de Podemos con el chavismo en el adoctrinamiento, la ideología y el discurso. Lo que dice ahora Pablo Iglesias en España ya lo decía Hugo Chávez en Venezuela en 2008 y mire cómo está ese país.

-¿Cómo interpretan los populismos de izquierda esos tres derechos a la vida, la libertad y la propiedad privada que usted considera fundamentales?

-Ellos creen en la vida, pero no para sus enemigos a los que desean la muerte. La propiedad privada tampoco se la reconocen a sus adversarios y la libertad es para los que no se atreven a criticarles a ellos en los medios de comunicación. Solo defienden esos derechos para los individuos que estén dispuestos a ser sus lacayos.

-Pero en cualquier caso, los privilegiados tendrán que ceder una parte de sus derechos en favor del bien común para lograr una sociedad más justa si se quiere combatir el crecimiento de los movimientos populistas que, según usted, prometen lo imposible. ¿No?

-Absolutamente, pero es que los privilegiados de América Latina son los que tienen empresas con subsidios, ventajas y exclusividad comercial por parte de los gobiernos. Esos privilegiados ponen aranceles a cualquiera que llega de fuera a hacerles la competencia. Hay que acabar con los privilegios económicos que protegen a unos pocos amigos de los que tienen el poder.

-¿Qué cree usted que entiende Pablo Iglesias, el líder de Podemos, por democracia?

-Confunde democracia con la toma violenta de las propiedades ajenas y de los derechos de otras personas. Pablo Iglesias piensa que si una mayoría vota por matar a alguien, eso se puede hacer.

-¿Ha tenido usted la oportunidad de hablar con Pablo Iglesias?

-No, pero me encantaría. Pienso que el intercambio de palabras y de ideas es lo único que nos puede salvar del abismo. El debate es necesario sobre todo en un continente plagado de discursos llenos de falacias.

-En su libro critican la paranoia antiliberal, la obsesión igualitaria de los populistas y su devoción por el Estado. ¿A qué conduce todo eso, según usted?

-Primero, a una idea equivocada de lo que pasó en los 90 tras el Consenso de Washington donde los presidentes electos de derechas se aliaron para establecer las condiciones con las que decían que América Latina iba a entrar por fin en una economía de libre mercado. La mayoría de esas medidas acordadas se incumplieron y por eso la gente culpa de ese fracaso al neoliberalismo. Ese es el discurso populista que lo único que quiere es reducir las libertades de las personas y aumentar el control que el Estado gobernado por ellos mismos ejerce sobre esas mismas personas a las que dice tratar de forma igualitaria.

-¿Está la huella de Antonio Gramsci en las críticas de Podemos a los periodistas españoles discrepantes con Podemos?

-Sí. Pablo Iglesias ha seguido los pasos de Gramsci al pie de la letra y ahora o estás con Pablo Iglesias o eres un vendepatrias, un antipueblo o un desalmado. Echo de menos que los ciudadanos exijan a Iglesias que les enseñe los planes que tiene para cumplir sus promesas.

-¿Tiene eso alguna relación con los problemas que sufren los periodistas en Venezuela?

-Por supuesto. En Venezuela no hay libertad de prensa. Si uno se opone al régimen, no tiene espacio para escribir. Todo lo que se comunica en Venezuela es controlado por el gobierno y lo que sale a la luz pública llega de los venezolanos que están en el exterior a través de las redes sociales.

-¿Y dónde ven ustedes la impronta de Lenin en Podemos?

-En esa obsesión por la lucha de clases. La impronta de Lenin está también en esa utopía de decir que cuando ellos gobiernen, como son tan buenos, no se van a corromper a pesar de tener el poder absoluto. Lenin pensaba que si llegaba al poder se iban a acabar los vicios de los zares y eso lo veo reflejado en Pablo Iglesias, que piensa que es inmune al poder absoluto.

-¿Qué pasiones puede levantar el capitalismo entre los más débiles para combatir las banderas igualitarias?

-Los emigrantes que se van de Centroamérica y México a Estados Unidos no buscan a alguien que les regale las cosas, sino que quieren un trabajo. Si a los más desposeídos les das la oportunidad de crecer sin tutelas, se convertirán ellos mismos en defensores del libre mercado.

-¿Por qué dice usted que el populismo considera indignas a las personas?

-Porque el mensaje populista es básicamente decir a la gente que es demasiado pobre, débil y tonta como para hacerse cargo por sí misma de su vida y por esa razón necesitan a ese gobierno populista para que la cuide. Los populismos aplastan las aspiraciones personales.

-¿Son síntomas de desencanto populista en Iberoamérica resultados electorales como el de Argentina y los problemas que están teniendo en Brasil, Venezuela o Chile?

-Absolutamente. Ahí se demuestra el hartazgo social después de años de ver que el proyecto del socialismo del siglo XXI no cumple la promesa de acabar con la pobreza. Lo que necesitamos son cambios profundos que pasan por construir un nuevo republicanismo liberal a partir de la recuperación de las instituciones, la educación y el uso de las nuevas tecnologías.

-¿En qué consiste su propuesta de utilizar la tecnología para desmantelar el populismo?

-Primero hay que aceptar como una verdad absoluta que los gobiernos no están interesados en educar y a partir de ahí tienes dos opciones: quedarte de brazos cruzados o tomar las riendas de tu educación y ahí la tecnología es una excelente herramienta. Hoy en día, todo el conocimiento de la humanidad está en la red. Hay que concebir la educación como un proyecto personal y quitar al gobierno esa obligación. Hoy es más difícil ocultar los genocidios, las violaciones de los derechos humanos y falacias de los populismos y desde las redes sociales podemos actuar como justicieros.

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