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Análisis.

Un horizonte algo más despejado

Pese al desgaste y la corrupción, el PP crece en relación con el 20-D gracias al temor a un cambio poco fiable impulsado por la radicalización populista: Rajoy sale reforzado en su camino hacia la Presidencia

27.06.2016 | 05:27

No se puede decir que la incertidumbre política esté del todo despejada en este país tras los resultados de ayer, sin embargo el horizonte sí permite vislumbrar un camino transitable comparado con el del 20-D. En lo que concierne al centroderecha, al menos, aunque tampoco es seguro. Nada es seguro en esta vida. Los números para sustentar una alternativa de izquierda son ahora más insuficientes que entonces, tras la pérdida de cinco escaños del PSOE y las altas expectativas defraudadas por Unidos Podemos. A su vez, el Partido Popular de Mariano Rajoy ha crecido gracias al miedo a la radicalización populista, o lo que es lo mismo el temor a un cambio poco fiable, obteniendo 14 diputados más después del desgaste de cuatro años y la corrupción acumulada en sus filas.

A Rajoy, al que hasta en su partido le pedían que se apartara, ahora no le van a despegar ni con agua caliente del sillón. Si obtiene el respaldo de Ciudadanos, que no puede seguir perdiendo influencia desde la calculada equidistancia regeneracionista, y sobre todo si los socialistas deciden esta vez hacerse un lado y permitir que gobierne la fuerza más votada, que les saca nada menos que cincuenta diputados, volverá a ser elegido presidente del Gobierno un segundo mandato en un momento especialmente crítico para España y el futuro de Europa.

Pedro Sánchez, nuevamente derrotado y batiendo su propio récord de diciembre como peor resultado electoral en la historia del PSOE, pudo apuntarse, sin embargo, el premio de consolación después de haber mantenido a raya, contra todo pronóstico, a la fuerza que le disputaba la hegemonía en la izquierda y cantaba ya el sorpasso como victoria. Ni las cifras ayudan para arreglarse con Pablo Iglesias ni aparentemente existe una complicidad entre ellos que permita hacerlo. Tendrían que sumar al proyecto a Albert Rivera, algo que no parece demasiado probable que pueda suceder. Al candidato del PSOE ni siquiera le pertenece el futuro de su partido que no puede seguir cayendo y, sin embargo, está obligado por los resultados a rehacerse en la oposición. De hecho, Sánchez, al contrario que hace seis meses cuando quiso tomar el atajo de declararse presidente, felicitó ayer al ganador de las elecciones y reprochó al líder de Podemos que no le hubiera apoyado en la investidura posibilitando ahora los resultados obtenidos por la derecha.

Mariano Rajoy prometió "utilidad" al pueblo español algo que no es demasiado fácil de traducir dado el camino hasta ahora transitado. Pablo Iglesias habló de un futuro prometedor para su proyecto, del que no quiso desligar a Izquierda Unida, que tendrá que pulir para no colocarlo definitivamente en el disparadero del populismo que está devolviendo a Europa a unos niveles de intransigencia que no se recordaban en las décadas pasadas. Las previsiones se fueron al garete en parte probablemente porque el electorado de la coalición de izquierda, más clásico, no quiso compartir las concesiones al discurso errático y contradictorio de Podemos.

La pérdida de ocho escaños de Ciudadanos hace del partido de Albert Rivera un fenómeno difícilmente interpretable en su ardua relación con los electores. Esta vez no hubo la decepción del 20-D porque las expectativas eran menores pero el voto excesivamente polarizado en este país volvió a castigar a los centristas ante la necesidad de poner los huevos en una sola cesta y frenar de esa manera el presumible avance de la izquierda más radical. Los nacionalismos, por su parte, volvieron a ceder votos frente a las mareas autonómicas de los partidos satélites de Podemos. Es el fruto de asumir parte del pastel soberanista periférico.

En cuanto al duelo, escasamente perceptible, entre la vieja y de la nueva política, se impuso el clasicismo. Los dos partidos tradicionales siguen marchando por delante de las llamadas fuerzas emergentes. El pescado parece ya vendido en esa materia y lo único que puede suceder en el futuro es la fagocitación gradual que nos devuelva poco a poco al camino del bipartidismo bastante más práctico a la hora de hacer la cuentas parlamentarias y, como mucho, igual de frentista y sectario.

Las encuestas, todas, incluidas las a pie de urna, volvieron a ser las grandes derrotadas de unas nuevas elecciones en España después de que los institutos de sondeo pusieran todo el énfasis en el sorpasso y se equivocaran garrafalmente. Hace tiempo que dejaron de ser fiables interpretando la voluntad de un pueblo que, o bien no se expresa de manera sincera cuando le preguntan a quienes va a votar, o no es lo suficientemente bien testado por los encuestadores.

Por último, si el Brexit concurría a las elecciones del 26-J, algo que como tantas otras cosas no está probado, lo hizo de parte de la moderación aconsejando prudencia frente a la peligrosa tentación del populismo.

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