Partidos de combustión rápida

28.06.2016 | 01:02

Podemos y Ciudadanos salen de las urnas del domingo como partidos de combustión rápida, cuyo fulgor ha iluminado apenas la legislatura más breve de la democracia. El día después es el del brillo gastado para ambas promesas emergentes, que asisten a la consolidación del bipartidismo, relegados al papel de sostén de los grandes. Quienes crean que tras el voto existe alguna forma de inteligencia colectiva quizá vean en ello la revelación de que una parte de sus electores aspiraban a que recondujeran a los grandes, no a que los sustituyeran.

Tras el desplazamiento de voto hacia el PP, Ciudadanos todavía está en condiciones de cumplir su cometido corrector como socio de los populares. Rivera se resiste al abrazo de Rajoy por razones higiénicas, por la manga ancha del líder popular con la corrupción. Por más que les guste pensarlo a muchos, esos pecados no se lavan en las urnas. De lo contrario, habría que corear con los "ratas" de "Cómo está Madriz", esa zarzuela arrevistada que tanto hiere la sensibilidad de la derecha, aquello de "vivan la cadenas, si son buenas y son de reloj".

Ciudadanos puede encontrar alguna forma de redención en cumplir con la aritmética de las urnas y hacerse socio imprescindible del PP. La duda está en qué puede conseguir desde ese refugio de un socio, ya en origen, poco proclive a la negociación, que en estos años ha visto reforzada por la mayoría absoluta su aversión a sentarse con otros.

La ventaja es que tendría en sus manos la posibilidad de acortar una legislatura de transición si el PP no satisface las expectativas de esas nupcias.

Para Rajoy, el refuerzo del domingo lleva la amenaza del espejismo de creer que puede seguir por el mismo camino. De ahí la necesidad de un socio que le recuerde que se mueve en una cámara dominada por los afanes reformistas de los que él carece. Al margen de su líder, el peligro para el PP consiste en que esta prórroga congela en apariencia la necesidad de una renovación, que sigue resultando urgente y de alcance profundo.

El PSOE empieza a replegarse hacia el lugar natural que le dan las urnas, el de cabeza de la oposición, desde donde tendrá que comenzar una recomposición nada fácil. Los bárbaros que amenazaban con el sorpasso se quedaron a las puertas, pero ahí seguirán acampados, lo que tendría que servir para azuzar a los socialistas en su cambio interno.

A Pablo Iglesias, el gran derrotado, le falta incluso la fuerza para la autocrítica, eterna bandera de la izquierda. Monedero, socio fundador, le ayudó ayer con algunos apuntes rápidos sobre las limitaciones de un liderazgo de raíz mediática, en los que sugiere la necesidad de un nuevo rumbo cuando señala que "no se trata de ser izquierdistas sino de ser originales". El castigo más inmediato a la soberbia de Iglesias, que agrava la frustración de que sus perros no puedan pasear por la Moncloa, consiste en asumir el tedio de una vida parlamentaria en la que carece de papel relevante, algo difícil de sobrellevar para un superego. Siempre le quedará la amenaza de una rebelión interna para animar el tiempo que se avecina.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
 
Enlaces recomendados: Premios Cine