El largo brazo de Rajoy

09.08.2016 | 00:46
El largo brazo de Rajoy

Mariano Rajoy hace camino con el marido de la presidenta del Congreso, Ana Pastor, y deja constancia de que su primer logro es que persista la falta de distancia entre poderes que marcó sus cuatro años de mayoría absoluta. Doce días después de su ambigua aceptación del encargo de formar Gobierno nadie ha instado todavía al aspirante a repetir a que diga cuándo quiere someterse al debate de investidura. La única que puede hacerlo es Pastor, que, convertida en mera prolongación del Ejecutivo en una legislatura que se presumía protagonizada por el parlamento, muestra una subordinación sonrojante a quien todavía ejerce de facto como su jefe.

Bastaría con preguntar al candidato qué plazo necesita y fijar fecha, sin necesidad de someterlo a ningún tipo de apremio, que con Rajoy siempre resulta inútil. Ese mínimo calendario es imprescindible para romper con una quietud que, mecida por el ritmo durmiente que impone agosto, toma ya perfil de inmovilismo granítico.

En última instancia, la responsabilidad de la depauperación del Congreso y de las potestades de la tercera autoridad del Estado recae sobre el resto de los grupos parlamentarios, incapaces de un acuerdo que confiera a la cámara la relevancia que tiene con el reparto de fuerzas salido de las urnas de junio. Mientras Pastor no asuma su nuevo papel seguimos en una espera sin horizonte y además estéril. A Rajoy se le reprocha que haya sido incapaz de concretar una oferta para ampliar su respaldo más allá de los 137 diputados del PP.

La pregunta es si está en condiciones de ofrecer algo que resulte aceptable para los demás y no sea inaceptable para él mismo. En el parlamento domina ahora un sentir contrario a lo que han sido los grandes ejes de la política popular en el tiempo en que gobernaba sin restricciones. Toca demolición de reformas laborales y educativas, de leyes que convierten en delito cualquier comentario jocoso sobre la autoridad policial. Las iniciativas parlamentarias de los próximos meses se encaminan a revertir aquello de lo que el PP hizo bandera. Exigir a Rajoy que capitanee el desmontaje de todo lo que fue el núcleo motor de su Gobierno, como hacen quienes se resisten a darle su apoyo, tiene mucho de acto contra natura, además de abocarlo a la incoherencia personal de verse obligado a negarse a sí mismo. Enfrentado a su propia deconstrucción ¿no se le ocurre pensar que quizá sea mejor dejarlo?

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