Resistir frente a todo

15.09.2016 | 00:53
Resistir frente a todo
Resistir frente a todo

Como coletazo que es de una crisis económica que ha desmembrado el tejido social y roto algunos de los diques de contención del descontento, el bloqueo institucional que atenaza el país revela lo poco que ha calado, en cierta clase dirigente, la presión ciudadana en favor de una forma de estar en la vida pública que no reduzca la política a un mero juego de poder. En el caso de Rajoy, ese poder es el sustento de su resistencia frente a todo lo que cierra el paso a su pretensión de seguir siendo presidente. Repetir en el cargo adquiere ya tintes de desafío personal, de empeño en superar cualquier obstáculo, ya lo ponga la oposición o su entrañable Rita Barberá.

El extremeño Fernández Vara, que propugna una abstención del PSOE aunque sea por el procedimiento del descuido, defiende también su propia parcela de poder cuando reduce las diferencias internas en el PSOE a la discrepancia entre quienes como él gobiernan y quienes no lo hacen.

Por la consistencia que proporciona a quienes lo detentan, el peso de ese poder territorial ha condicionado hasta ahora los movimientos en el seno de la organización socialista. Algo que está cambiando a tenor de la cautela con que, salvo el diáfano Fernández Vara, se mueven ahora quienes hace meses reclamaban con urgencia y a calzón quitado un congreso para deponer a Pedro Sánchez.

Hay moderación incluso en la habitual furia de walkiria de Susana Díaz, cuyo poder se encuentra ahora bajo la amenaza de un acuerdo de Ciudadanos y PP -que en Andalucía jugó el mismo papel obstruccionista que los populares reprochan ahora al PSOE- que le abra un costurón presupuestario.

El reconocimiento de Guindos de que el Gobierno maquilló la explicación del nombramiento discrecional de Soria y la investigación a Rita Barberá son los últimos añadidos a todo lo que complica a Rajoy cualquier nueva intento de gobernar y lo convierten en el socio poco recomendable que tanto atemoriza a Rivera. Al amparo de ese suma y sigue, Susana Díaz invitó ayer al líder del PP a apartarse para facilitar una salida al bloqueo político. El líder de los socialistas catalanes, Miquel Iceta, con mucho menor peso interno en el PSOE y en línea discrepante con la andaluza, sugiere también la al opción de un candidato popular alternativo para negociar la abstención socialista. Pero es la apuesta de Díaz por esa vía lo que puede convertirla en una resolución del Comité Federal, que se reunirá después de las terceras elecciones de facto -nunca la clase política estuvo sometida a semejante evaluación continua- que son los comicios vascos y gallegos.

En el escenario de esa propuesta, el PP deberá decidir si ata su futuro al de Rajoy o se abre a soluciones que permitan su continuidad en el Gobierno sin su actual presidente y conjuren la amenaza de una vuelta a las urnas.

Pero la posible oferta socialista tiene implicaciones de mayor calado. Llevada ante el Rey en el turno de consultas con los portavoces parlamentarios pondría al monarca en la delicada situación de ser algo más que un oyente y quizá lo fuerce a mediar en una solución que va más allá del enquistado resultado electoral. Llegado el caso, sería el momento de comprobar si hay capacidad para hacer de la política algo más que un ramplón juego de poder.

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