'Espexit' y neofascismo

03.10.2016 | 00:35
'Espexit' y neofascismo

Se dice que el bochornoso cisma socialista es una victoria de Rajoy. Victoria pírrica por la durísima oposición del PSOE que facilitará la investidura, obligándose con ello a gestionar su propia redención en términos implacables si no quiere desaparecer ni ceder a Podemos todo el espacio de la izquierda operativa. Investido por abstención, el segundo mandato del presidente en funciones será huracanado y breve. La "gran coalición" parece descartable, aunque a día de hoy es muy difícil saber qué hierve en las ollas del aquelarre socialista. De ahí la razonable impresión de que el PP esté estudiando la cosecha de una mayoría suficiente en terceras elecciones, por hundimiento de su mayor adversario.

Más allá de la sordidez partitocrática, se ciernen sobre la ciudadanía dos peligros nuevos.

El primero es el nacimiento y articulación del espexit, turno de España en el discurso antieuropeo alentado por la mansedumbre de Rajoy a los recortes y sanciones comunitarios, que tan solo esperan la formación de un gobierno para saltar a la yugular de las cuentas patrias. Un segundo "austericidio" es lo que se otea en el negro horizonte, cuando la devastación del primero no ha sido superada, ni mucho menos. Por desgracia, el ideal europeo está tocado de ala y la no resistencia del PP a sus consignas y facturas fomenta el espexit hasta ahora larvado y potencial.

El segundo peligro es la salida del armario de las minorías neofascistas que los partidos democráticos no quieren ver ni valorar pero existen y esperan su momento. El éxito de los ultras en todo el espacio comunitario, menos el ibérico, sería una de las señales de oportunidad.

Pero hay otras de orden interior, como son los radicalismos de izquierda en el espacio hasta ahora socialdemócrata y los avances en el desafío separatista sumados a la incapacidad de formar gobierno y a la ruina autogestada del socialismo español y europeo. Todos hablan de "profundas reflexiones" (que desaguan en rifirrafes impresentables), cuando lo que urge para salvar el modelo democrático es la catarsis general de una segunda transición.

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