La tercera moción de censura de la democracia

Rajoy invalida a Iglesias porque sería "letal" en el Gobierno pero no rebate su programa

El líder de Podemos invita al PSOE a echar al jefe del Ejecutivo, aunque sin la "muleta naranja" de Ciudadanos, y hace votos por el Estado plurinacional y la consulta catalana

14.06.2017 | 02:38

Pablo Iglesias y Mariano Rajoy protagonizaron ayer un intenso duelo verbal en el Congreso, en el debate de la moción de censura que el primero presenta para derribar al segundo, a sabiendas de que no tiene apoyos suficientes para conseguirlo. El jefe del Ejecutivo se lo reprochó no una, sino muchas veces, valiéndose para ello de expresiones como "moción de fogueo". Pero mientras llega y no llega la votación -al final será hoy- el candidato alternativo a la Presidencia del Gobierno aprovechó al máximo su tiempo de exposición pública en la tribuna del Congreso: condenó el historial de casos de corrupción que mancha al PP, rastreando paralelismos y orígenes en los dos últimos siglos de vida política española, sin excluir la dictadura franquista, y concluyó que Rajoy "pasará a la Historia como el presidente de la corrupción".

Rajoy tampoco ahorró munición: invalidó desde el principio la "parodia" de moción de censura presentada por Unidos Podemos -que no se sabe si va contra el Gobierno, el PP, el PSOE o "el universo mundo", le espetó a la portavoz del grupo destituyente, Irene Montero- y hacia el final del enfrentamiento que mantuvo con Iglesias, se felicitó de que su intento de "sacar al PP de las instituciones" no vaya a prosperar, pues, de conseguirse, sería un "castigo" para España y "letal para el interés general".

Rajoy no se dignó discutir el programa de Gobierno presentado por Iglesias en un discurso de más de dos horas y media, que, entre otras propuestas, incluía 11 medidas urgentes contra la corrupción y un plan para aumentar la recaudación en 27.500 millones a fin de sufragar un plan de choque contra la pobreza dotado con 20.000 millones, así como incrementos de las pensiones, el salario mínimo interprofesional y el sueldo de los funcionarios.

En vez de rebatir al líder de Podemos las medidas que propone, Rajoy invirtió todos sus esfuerzos en demoler al candidato y pasó por encima de los casos de corrupción que, primero Montero y después Iglesias, le arrojaron sin piedad a la cara. El líder del PP eligió intervenir no después de Iglesias, sino entre éste y Montero, para intentar sofocar la furia mitinera con que la portavoz debutaba en una moción de censura. Lo hizo para quebrar la estrategia que Unidos Podemos traía preparada. Y lo consiguió en buena medida, pero como Rajoy también se trajo escritas de casa sus intervenciones, no pudo evitar que un irónico Iglesias se mostrara "sorprendido" por esta "habilidad" del Presidente, y por el uso de palabras como "insolencia" o "impertinencia, hablando de Venezuela", que parecen más "propias del señor Hernando", en referencia al portavoz del PP.

Y es que el discurso del jefe del Ejecutivo estuvo plagado de citas y documentos sobre la actividad y las opiniones del líder de Podemos, de las que se sirvió para invalidar su tentativa de presidir el Gobierno. "No parece que pueda gobernar bien quien ni siquiera se plantea gobernar para todos. Está muy bien donde está", dijo Rajoy. Pero no acabaron ahí sus descalificaciones: no se merece el "honor" de ser presidente, "no se enfade conmigo, pero no aprueba ni de lejos", su programa de Gobierno es un "sucedáneo".

Después la tomó con la política de "gestos" que a su juicio caracteriza a Iglesias: "Necesita ese estilo desabrochado, esa palabrería inflamada, esa sobreactuación indignada que gasta habitualmente". Una cultura política del "exceso", "la España negra" y el "cuanto peor, mejor" que ya le había afeado antes a Montero.

Por eso, argumentó Rajoy, cuanto mejor está España, más necesita Podemos ignorar "la verdad" y emplear un tono más descalificatorio. "Su estrategia y su proyecto se resumen en una máxima: cuanto peor para todos, mejor para mi beneficio político". "Su experimento de populismo de izquierdas a la española se disuelve a marchas forzadas". "Usted no es de fiar".

Iglesias no perdió esta oportunidad, y después de centrar su ataque en la corrupción, se preguntó si Rajoy, que "tiene tantos amigos en la cárcel", es el político más indicado para decirle a otro que "no es de fiar".

Era su día. A pesar de que la moción de censura no tiene viso alguno de salir adelante, el líder de Podemos se sintió cómodo en el cuerpo a cuerpo con el presidente del PP, e incluso pudo vérsele menos agresivo que en otras ocasiones; como si en el reparto de roles ayer le hubiera tocado el papel de "poli bueno" y a Montero, el de "poli mala".

La de ayer era ocasión de "juzgar una época", una en la que el PP representa "lo malo conocido y el miedo", y su partido intenta demostrar, como ya han hecho "los ayuntamientos del cambio" -varios de cuyos alcaldes se sentaron ayer en la tribuna de invitados-, que "se puede gobernar de forma más eficiente y más moderna". "Seguro que haremos cosas mal, pero nosotros no robamos": una "desvergüenza" que los españoles "no se merecen".

"La gente se avergüenza de ustedes. Va a ir a declarar a la Audiencia Nacional" como testigo en el caso Gürtel, le recordó a Rajoy. Y como el jefe del Ejecutivo había citado a Quevedo en su réplica a Montero ("el exceso es el veneno de la razón"), Iglesias le contestó con otra cita del poeta del Siglo de Oro: "La soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió". "Escúcheme porque su soberbia les va a hacer caer", le avisó.

El candidato dedicó tiempo a la cuestión catalana. Y llamó a "repensar el Estado español", lo que significa "asumir el derecho del pueblo catalán a decidir su futuro en referéndum", a exportar también esa fórmula al País Vasco y a "abandonar el viejo navarrismo de UPN". La respuesta, dijo, es el Estado plurinacional, "con nuevas fórmulas federales o confederales". Sin embargo, evitó decir si cree en la soberanía nacional, como le pidió Rajoy hasta en tres ocasiones.

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