Tácticas nuevas para viejas redes

La masacre de las Ramblas, primer atentado por atropello en España, se sustenta en el denso y veterano entramado islamista radical de Cataluña

19.08.2017 | 03:12

Los atentados por atropello o apuñalamiento no se inventaron en Niza ni en Londres. Su origen está en Jerusalén y la Cisjordania ocupada, donde el Muro y la intensa presión israelí avivaron la imaginación de los palestinos hace ya varios años. Desde entonces, la embestida motorizada y el navajazo se han convertido en una nota cotidiana de las peores pesadillas israelíes.

Sin embargo, el éxito mundial de estas nuevas tácticas ha llegado de la mano del Estado Islámico, el grupo yihadista reforzado por la guerra civil siria que saltó a la fama con su ofensiva relámpago de la primavera-verano de 2014 en Irak. El también llamado ISIS (por sus siglas en inglés) ya se había apuntado un salto adelante respecto a la Al Qaeda del 11-S cuando, a finales de junio de 2014, proclamó un "califato" en los territorios que dominaba en Siria e Irak. Del terrorismo de Bin Laden, concebido como táctica de hostigamiento a Occidente y al establishment islámico, se pasó a la constitución de un rudimento de Estado que fascinó a jóvenes islamistas en las cuatro esquinas del planeta.

Después de más de tres años de reveses militares, la potencia del ISIS en Siria e Irak se ha debilitado de modo considerable. Pero, en paralelo, su exportación de nuevas formas de terrorismo a Occidente, y en particular a Europa, se ha vuelto un éxito sin precedentes en la historia de las agresiones del islamismo radical. Hasta el punto de que la xenofobia y la islamofobia, y con ellas la revitalización de la extrema derecha, ocupan un puesto relevante en el debate político occidental y están en buena parte detrás de decisiones democráticas como el Brexit o la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos.

La ola de sangre que el ISIS ha hecho romper sobre Occidente presenta al menos tres modalidades básicas de actuación. En primer lugar, los atentados clásicos, que requieren una fuerte preparación logística. El mejor ejemplo son los de París de noviembre de 2015. En segundo lugar, los atropellos y apuñalamientos, que pueden ser perpetrados sin grandes dificultades por "lobos solitarios" con resultados, a veces, espectaculares. Piénsese que en París, con un despliegue enorme de medios, cayeron 130 personas y fueron heridas 350, mientras que en Niza, con el simple alquiler de un camión de 19 toneladas, se segó la vida de 85 y se hirió a 300.

El estreno de esta segunda modalidad se viene situando en esa fatídica noche del 14 de julio de 2016 en Niza, aunque se pueden rastrear antecedentes en Dijon (Borgoña), donde el 21 de diciembre de 2014, mes y medio después de la masacre del Bataclan parisino, un magrebí atropelló al grito de "Alá es grande" a una multitud e hirió a trece personas.

En tercer lugar, y este es sin duda, junto a la alteración de la agenda política occidental, el éxito de mayor calado del ISIS, se pueden distinguir los atentados "bola de nieve", modalidad a la que responden no pocos de los perpetrados en este último año. Recuérdese el del club de homosexuales de Orlando (junio de 2016, 50 muertos), acometido por un cliente despechado que se declaró yihadista en el último momento. O, por acudir al ejemplo más reciente, el del suicida frustrado que el pasado lunes mató en la periferia de París a una niña e hirió a otras trece personas.

Atropellos y apuñalamientos yihadistas han señalado a toda una legión de desesperados la vía para dar cauce a su hastío o desesperación con publicidad garantizada. Curiosamente, el hecho de que las autoridades los descarten como terroristas y los despachen de inmediato como "desequilibrados" otorga una dudosa carga de cordura a los yihadistas. Esta modalidad "bola de nieve" tiene su primer acto registrado en el atropello que, al día siguiente del atentado de Dijon, perpetró en un mercadillo navideño de la francesa Nantes un alcohólico que mató a una persona e hirió a doce.

El atropello de las Ramblas, con prólogo en la explosión de Alcanar y epílogo en las muertes de Cambrils, es, tras el 11-M, el segundo peor zarpazo asestado a España por el yihadismo. Sus diferencias aparentes con los atentados de Atocha reflejan bien la evolución de los modos de operar del yihadismo entre 2004 y 2017, pero, a pesar de sus disimilitudes, ambos comparten relevantes características en cuanto a modo operativo y autoría.

En primer lugar, hasta donde dejan entrever las investigaciones policiales, la masacre de Barcelona estaba planificada como un atentado convencional, destinado a ser perpetrado con bombas, como el 11-M. Sin embargo, la explosión de la casa de Alcanar habría obligado a los terroristas a cambiar sus planes sobre la marcha y, acogiéndose al segundo tipo, optar por el atropello.

Así pues, nos encontramos ante un plan clásico, que, tras una grave contrariedad, en lugar de ser aplazado como se habría hecho hace años, se sustituye sobre la marcha por el nuevo método, sencillo, moderno y de eficacia probada. La intención original explicaría la presencia en Vic y Cambrils de otras dos furgonetas, vehículos con un papel mucho más claro en un atentado con coche-bomba que en uno por atropello, en el que el conductor suele ser abatido o apresado de inmediato, por lo que no necesita coches de huida y, mucho menos, una aparatosa furgoneta.

En segundo lugar, el tenor del comunicado en el que el ISIS reivindica la matanza presenta algunas características que dejan entrever que el atentado no responde a una orden directa del grupo yihadista. Así, se califica a sus autores de "soldados del ISIS" que responden "a la llamada contra los Estados de la coalición". Esta llamada, lanzada tiempo atrás por el líder del Estado Islámico y renovada de tanto en tanto por sus acólitos, es la misma invocada en el atentado de mayo en Manchester. Se trata de una apelación general, destinada a redes yihadistas y a lobos solitarios, que Al Baghdadi emitió cuando las derrotas militares del ISIS empezaron a ser alarmantes. Además, y como en Manchester, la reivindicación contiene algunas imprecisiones -no es la menor celebrar la autoría de Driss Oukabir, que estaba en Ripoll- y, lo más importante, la hace la agencia Amaq, el cauce que emplea el ISIS para atribuirse lo que más arriba hemos calificado de atentados del segundo tipo. Los del primer tipo son directamente reclamados por la cúpula del grupo.

Ahora bien, la matanza de las Ramblas no ha sido ejecutada por un lobo solitario, sino, al parecer por una o dos células islamistas compuestas por hasta doce personas. Todo deja pensar que no se trata de una célula del propio ISIS, al igual que el 11-M no fue ejecutado por una célula de Al Qaeda. Tal vez, entre otras cosas, porque no haya tales agrupaciones en España.

En efecto, lo más probable es que la responsabilidad del atentado haya que atribuirla al voluntarismo del denso tejido islamista radical presente en Cataluña desde hace casi tres décadas, nutrido por la fuerte inmigración magrebí recibida por esa comunidad a partir de los años 90. Sirva como ejemplo de su pujanza que desde 2012 ha habido en Cataluña 30 operaciones policiales contra ese entramado, con 62 detenciones. Siete de las redadas, con once detenciones, se han hecho este año. De modo, que, atando cabos y mirando los hechos de cerca, todo indica en fin de cuentas que la masacre barcelonesa no sería sino el primer ataque moderno de una red que es ya más que veterana.

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