La amistad del imán de Ripoll y un mediador de la dinamita del 11-M

Es Satty coincidió en prisión con Rachid Aglif, 'El Conejo', y se encargaba del rezo de los viernes de los presos musulmanes

21.08.2017 | 01:19
Rachid Aglif.

Rachid Aglif, al que José Emilio Suárez Trashorras -el minero que facilitó la dinamita de los atentados del 11-M- llamaba El Conejo por su dentadura, no saldrá de prisión hasta el año 2022, una vez que cumpla los 18 años que se le impusieron en el juicio de los atentados por los delitos de colaboración con organización terrorista y tráfico de explosivos. El nombre de este mediador de la dinamita del 11-M ha vuelto a salir a relucir otra vez en relación al yihadismo. Y es que el presunto cerebro de los atentados de Barcelona, Abdelbaky Es Satty, conocido como el imán de Ripoll, el supuesto artífice de la radicalización de los jóvenes que perpetraron la matanza, se hizo al parecer muy amigo de Aglif en la cárcel de Castellón, donde el clérigo musulmán estuvo encerrado por el tráfico de hachís, aunque otras fuentes indican que su estadía de dos años en prisión, hasta enero de 2012, estuvo relacionada con infracciones a la Ley de Extranjería.

Es Satty trasladaba al parecer hachís entre Ceuta y Algeciras. En la cárcel de Castellón llegó a encargarse del rezo del viernes de los presos musulmanes, y con Aglif hizo buenas migas. Quizá las relaciones que hizo en la prisión castellonense expliquen que eligiese Ripoll y Alcanar, cerca de la frontera entre Cataluña y la provincia más norteña de la comunidad valenciana, para establecerse y realizar su labor de adoctrinamiento.

El Conejo recibió la cuarta condena más alta en el juicio del 11-M. Amigo de la infancia de Jamal Zougam y de Jamal Ahmidan, El Chino, estaba también relacionado con Rafá Zouhier, hoy excarcelado y expulsado a Marruecos. No se distinguía precisamente por sus intereses religiosos, sino que formaba parte de la pequeña cohorte de la que se servía Jamal Ahmidan para sus negocios de tráfico de drogas. En octubre de 2003, El Conejo participó en una reunión celebrada en una hamburguesería de Madrid, a la que asistieron José Emilio Suárez Trashorras, El Chino y Zouhier en la que se apalabró la entrega de cierta cantidad de hachís a cambio de dinamita, que se entregaría en pequeñas cantidades. En ese momento se planteó que el transporte se haría desde Asturias en autobuses, unos viajes que recoge la sentencia del 11-M.

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