Las cruciales elecciones catalanas Crónica

Mayoría independentista de Puigdemont y triunfo de Cs

Los socialistas de Iceta apenas logran mejorar sus resultados de 2015 mientras que el PP de Albiol se desploma hasta los tres escaños | El bloque independentista representa dos millones de los 5,5 que forman el censo catalán | La participación bate récord y llega al 82% | La lista del expresident se impone por sorpresa a ERC y, en unión de una CUP muy debilitada, suma 70 escaños, dos menos que en 2015 | Arrimadas gana en votos y en diputados pero se ve condenada a repetir como líder de la oposición al debilitar con su triunfo a sus posibles aliados

22.12.2017 | 03:25
Mayoría independentista de Puigdemont y triunfo de Cs

El bloque independentista retuvo la mayoría absoluta en las elecciones autonómicas disputadas ayer en Cataluña, pese a que Ciudadanos, encabezado por Inés Arrimadas, se impuso como primera fuerza política tanto en votos (25,35%) como en escaños (37) en una convocatoria que registró un récord absoluto de participación, en torno al 82%, siete puntos más que en la convocatoria de 2015.

La suma de Junts per Catalunya (la lista de Puigdemont, 34 escaños), ERC (32) y la CUP (4) se hizo con 70 escaños, dos por encima de la mayoría absoluta y dos menos de los 72 que había logrado en 2015. En votos, los secesionistas se mantienen en torno a los dos millones y, pese al alza de la participación, su porcentaje apenas baja. Con el 97% escrutado tenían el 47,54%, mientras que hace dos años valían el 47,8%.

La gran sorpresa dentro de las filas independentistas se produjo por la composición interna de su triple entente, que lejos de lo que pronosticaban las encuestas, no estará encabezada por una ERC que aspiraba a ser, por primera vez desde la II República, la ganadora de la contienda, por encima incluso de los naranjas de Arrimadas.

El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont logró, desde su exilio de Bruselas, que se impusiera su mensaje de reposición del Govern suspendido por la aplicación del 155. En cambio, ERC, con su líder, Oriol Junqueras, en la cárcel de Estremera y su número dos, Marta Rovira, incapaz de sustituirlo con plena potencia, desmintió todos los sondeos y, no sólo no logró imponerse a Arrimadas sino que quedó relegada a la condición de tercera fuerza política. Puigdemont queda de este modo en condiciones de proclamar que el 155 ha sido un paréntesis clausurado por las urnas. Además, con 66 diputados (cuatro más que los que tenía Junts pel Sí) se puede permitir el lujo de pensar en reeditar un Gobierno de coalición con ERC sin depender tanto de la, a veces demasiado presión de la CUP.

La cabeza de filas de Ciudadanos, hasta ahora líder de la oposición en el Parlament, se clasificó primera en apoyo y en diputados, pese a que la ley electoral prima a las circunscripciones con más peso rural frente a las urbanas, donde Arrimadas tiene sus mejores caladeros. En particular, en el antiguo cinturón rojo de Barcelona, ahora conocido como cinturón naranja.

Los 36 diputados de Arrimadas contrastan tanto con los 25 que tenía en la anterior legislatura como con los 30 que, por término medio, le venían asignando las encuestas. Esa cosecha se deriva de haber dado un enorme salto desde los 735.000 votos de hace dos años (17,9%) a los casi 1,1 millones logrados ayer. Sin embargo, Arrimadas parece condenada a repetir su condición de jefa de la oposición, porque su triunfo ha devorado a sus posibles parejas de baile.

Los grandes perdedores de las elecciones han sido, en efecto, en la orilla constitucionalista, el PP y el PSC, mientras en la independentista fue la CUP quien pagó los platos rotos por la meteórica remontada de Puigdemont.

Con todo a los de Carles Riera les queda el consuelo de ver triunfar sus tesis independentistas en la formulación del expresidente, más rotunda que la aireada por Esquerra lo largo de la campaña electoral.

No hay consuelo sin embargo en las filas unionistas. El popular Albiol vio como, por segunda vez, empeoraban sus resultados, quedando a años luz de los 19 escaños que obtuvo Alicia Sánchez-Camacho en 2012. Albiol, que partía con once diputados se ha hundido hasta tres, como resultado de haberse dejado en el empeño la mitad de los votos de 2015.

Lo mismo, pero en menores proporciones, ocurrió con los socialistas de Miquel Iceta, que vieron muy mermadas sus aspiraciones de rebasar los 20 diputados y se quedaron, con 17, muy cerca de los 16 con los que partían. En 2015, Iceta logró parar el desplome de los socialistas catalanes, bajando tan sólo de 20 a 16. Sin embargo, ahora sus esperanzas más modestas eran esa veintena y, creciendo tan sólo unos 70.000 apoyos, tuvo que resignarse a ver como se desvanecían a medida que progresaba el escrutinio.

Los comunes de Domènech, que soñaban con ser la llave de una situación ingobernable, se han encontrado, al final, con ocho diputados, en la parte baja de una horquilla que les permitía soñar hasta con una decena. Su mensaje, firme en lo social pero percibido como ambiguo en lo institucional, les ha valido una pérdida de casi 50.000 votos y bajar del 8,94% al 7,5%.

Es sin duda un aviso a escala nacional para la galaxia Podemos, de igual modo que el fracaso de Iceta es un revés para el socialismo de Pedro Sánchez o que la victoria de Arrimadas es un empuje importante para Albert Rivera en su empeño por arañar votos al PSOE y al Partido Popular. Respecto al líder de los populares, el presidente Rajoy, no será ahora mismo Rivera su primera preocupación. Desde hoy le queda lidiar con unos triunfadores del 21-D que se proclaman los legítimos representantes de la república catalana.

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