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Científicos pioneros en el extremo norte |
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Texto: Santiago Romero
Amitad de la noche -o más exactamente de lo que
sería la noche en cualquier otro lugar del planeta- el científico
compostelano Cristóbal Galbán se disponía a cambiar captadores de aire
para detectar contaminantes orgánicos en el océano Polar Ártico. Cristóbal
es el primer científico español que realiza la tarea de procesar
testigos de hielo en el extremo norte que podrían alcanzar una antigüedad
de 30.000 años, pero le costó adaptarse a trabajar en un entorno en el
que la noche no existe. "Es psicológicamente duro y apenas consigues
dormir. El día allí dura 24 horas y eso te desconcentra por completo. Es
como la sensación que tienes al salir de un after a las 6 de la mañana",
comenta el científico gallego.
"Al entrar en el océano Polar Ártico perdimos la comunicación por
satélite, ya que los satélites de comunicación habituales tienen
órbitas ecuatoriales y su alcance máximo es de 80º de latitud",
relata el compostelano Cristóbal Galán. Estas dificultades se añadían
a los problemas de navegación derivados de los grandes errores de la
aguja magnética en señalar el norte geográfico. "Tuvimos dificultades
por la inexperiencia de la tripulación en la navegación entre hielos,
iban con mucho miedo. Se ponen nerviosos cuando se ven rodeados de hielo y
además la expedición coincidió con el cambio de comandante en el
Hespérides. Para él, lógicamente, lo más importante era la
seguridad", relata la viguesa Marta Álvarez, la más veterana de los
tres científicos gallegos presentes en la expedición polar.
Durante los veinte días que pasamos en el océano Polar Ártico, tomando
muestras de agua, hielo y plancton, fuimos testigos de la rápida fusión
de la periferia del casquete polar. El límite del casquete de hielo
retrocedió casi 350 kilómetros, cerca de 18 diarios, dando una nueva
dentellada a lo que hasta hace pocos años era hielo permanente y
centenario", revela Carlos Duarte. Alejandra Coello
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| La científica Alejandra Coello en el 'Hespérides'. |
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| Cristóbal Galbán recoge muestras en el Ártico. |
A Cristobal Galbán, aparte del hito histórico que supone formar parte de la expedición de los primeros cien españoles que "pisan el polo norte", lo que más huella le dejó de este viaje polar es la experiencia de trabajar en un entorno donde "nunca se hace de noche". Y hacerlo también en un laboratorio itinerante.
"Trabajar en un barco es totalmente distinto a trabajar en tierra, primero porque se mueve y segundo porque tienes que tener más cuidado con las cosas que manejas. Yo fui el encargado de cortar y procesar los testigos de hielo, soy la única persona que lo ha hecho, el primero de España, si nos ponemos en ese plan. Estábamos haciendo pruebas para buscar contaminantes orgánicos, porque en el polo norte, por la propia dinámica de la atmósfera, todo lo que producimos en latitudes medias se va hacia las latitudes polares. De esa manera, estos contaminantes se acumulan en lugares donde no tendría que haberlos y en cantidades muy pequeñas. Esa concentración que aparentemente es pequeña nos ayuda muchísimo sin embargo a estudiar cómo sería la dinámica en un sitio limpio. Estos sistemas polares son vírgenes y te ayudan a entender los procesos contaminantes, algo que es imposible reconocer en lugares ya muy contaminados. Tiene la pega por otra parte de que para encontrar una señal de contaminante en hielo necesito unos quinientos kilos. Mi trabajo se centra en ver si sale algo con lo poco que hemos obtenido en hielo, ya que España no tiene todavía infraestructura para obtener muestras tan enormes. Eso es lo más complicado", observa Cristóbal.
A bordo del Hespérides, el científico compostelano procesa y separa los cortes de hielo más superficiales de los más profundos.
"De los testigos de hielo que se cogían cada día, uno se manda a Grenoble para datarlos allí. Puedes comparar la diferencia temporal si tienes, digamos, desde los primeros cincuenta años hasta hace dos o tres mil. Hasta que estén datados los testigos es imposible saber qué antigüedad abarcan, pero podríamos decir que quince, veinte o treinta mil años", señala el científico compostelano.
"Yo hago un trabajo químico y mis muestras llegaron hace apenas unos días; hasta dentro de un año o año y medio no las voy a tener procesadas. Además, ahora me voy a la Antártida. Los biólogos sí tuvieron algunos resultados".
Cristóbal considera que, pese a dificultades derivadas de la falta de experiencia en la investigación ártica, la expedición "fue muy productiva". "Hemos metido la pata en algunas cosas por una comprensible inexperiencia. Así como en la Antártida tenemos ya el culo pelado, por así decirlo, es la primera vez que vamos al Polo Norte. El interés por el Ártico acaba de empezar". Cristóbal, de 25 años, trabaja ahora en el Instituto de Investigaciones Químicas y Ambientales de Barcelona. "He venido con la idea de aprender todo lo posible para volver después a Galicia". A pesar de que teme la endogamia que rige en nuestra comunidad el mundo de la investigación. "Allí no te sientes muy valorado. Yo trabajaba sin contrato por sólo 200 euros. Y claro, me largué. Mi novia, número cinco de su promoción, también se tuvo que ir. Ahora investiga el cáncer en Salamanca".
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| La investigadora viguesa Marta Álvarez, a la derecha, con gafas de sol. |
Marta Álvarez es la más experimentada de los tres científicos gallegos que participaron en la expedición española. Actualmente ostenta un Ramón y Cajal, "un contrato con solera para investigadores doctorales que ya pueden poseer una capacidad de independencia", pero sufrió bastante para alcanzar ese estatus privilegiado.
"Tuve una mala experiencia en el centro donde estaba en Vigo, el Instituto de Investigaciones Marinas; no me renovaron el contrato por causas injustas, creo yo. Me busqué la vida, estuve un año en paro y conseguí este contrato, que es como una bofetada a los que no me quisieron renovar. Yo estaría encantada de volver a Galicia, pero en este momento las posibilidades son más bien de una plaza en Mallorca que en Galicia".
El trabajo de Marta Álvarez a bordo del Hespérides recuerda el el tremendo argumento de la película de catástrofe ambiental El día de mañana, que recoge la teoría del advenimiento de una glaciación a causa de la baja salinidad provocada por el deshielo del Ártico, que interrumpe el calor transportado al hemisferio norte por la corriente del Golfo.
"Yo me encargué de los muestreos de las columnas de agua para comprobar el futuro impacto de la fusión del hielo por el cambio climático sobre las concentraciones de oxígeno, nutrientes y CO2. Nadie va a decir que va a ocurrir una glaciación. Eso es la tesis de una película. Sí hay un riesgo, aunque no tan exagerado como en la película. Según los últimos informes, sin embargo, no hay una conclusión tajante sobre la variación de la circulación. No se concluye que está disminuyendo porque es muy difícil de apreciar", explica la científica viguesa.
Marta Álvarez ha traído por el contrario una buena noticia de la expedición polar.
"Aún no he acabado de introducir los datos y se se tardará todavía bastante tiempo en evaluarlos. Pero lo que sí he observado allí es que la zona ártica tiene una gran capacidad de captación de CO2 de la atmósfera. Hemos medido niveles muy, muy bajos en el agua, con lo cual puede absorber bastante de la atmósfera. El CO2 es uno de los principales gases de efecto invernadero y los océanos tienen un papel importante en su captación. Si no estuviera el océano, habría el doble de CO2 en la atmósfera. Esa zona del Ártico está haciendo que se capte mucho. Esto contribuye a mitigar el efecto invernadero. Es una buena noticia", asegura Marta Álvarez.