La Opinión a Coruña

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Científicos pioneros en el extremo norte

Texto: Santiago Romero
 
Fragmentos de hielo flotante en la antesala de la Plataforma de Hielo.

Amitad de la noche -o más exactamente de lo que sería la noche en cualquier otro lugar del planeta- el científico compostelano Cristóbal Galbán se disponía a cambiar captadores de aire para detectar contaminantes orgánicos en el océano Polar Ártico. Cristóbal es el primer científico español que realiza la tarea de procesar testigos de hielo en el extremo norte que podrían alcanzar una antigüedad de 30.000 años, pero le costó adaptarse a trabajar en un entorno en el que la noche no existe. "Es psicológicamente duro y apenas consigues dormir. El día allí dura 24 horas y eso te desconcentra por completo. Es como la sensación que tienes al salir de un after a las 6 de la mañana", comenta el científico gallego.
Cristóbal Galbán, junto con la viguesa Marta Álvarez y la ourensana Alejandra Coello son los tres únicos gallegos que figuraban entre el centenar de científicos que componían la primera expedición española al Ártico
-una zona en plena disputa geopolítica en estos momentos por sus  enormes recursos energéticos- desarrollada a lo largo del mes de julio en el buque Hespérides.
La campaña ATOS-Ártico, financiada por el Plan Nacional de I+D, abre la contribución española al Año Polar Internacional,  que tiene por objeto evaluar el impacto del cambio climático sobre los sistemas polares y formar una nueva generación de investigadores en ciencia polar.
El cambio climático y sus consecuencias son tema de preocupación en España por sus posibles impactos sobre las condiciones de vida y la economía, provocando olas de calor y la erosión de nuestras costas a través del aumento del nivel del mar. Este aumento se debe, en parte, a la fusión de los casquetes de hielo Ártico que puede, además, modificar la circulación del Atlántico Norte y, con ésta, la redistribución de calor por las corrientes oceánicas, llevando a un fuerte incremento de la temperatura en nuestras latitudes. De hecho, el Ártico es el frente en el que el calentamiento climático se vive con más intensidad, con una tasa de calentamiento en las últimas décadas de 0,4 ºC por década y una previsión de un calentamiento de 9 ºC durante el siglo XXI, frente a los 2 a 4 ºC que se predicen para el conjunto del planeta.
"De hecho, en 2006 se fundió un 15% del hielo hasta entonces considerado permanente. La fusión del hielo altera las corrientes marinas y el nivel del mar, pero el hielo del Ártico no es solamente agua sino que ha acumulado todas las sustancias que la actividad humana ha estado emitiendo a la atmósfera desde la revolución industrial y que se han ido depositando gradualmente en las áreas polares que, al fundirse ahora, vierten toda su carga de contaminantes en el océano Polar Ártico", aclara el director de la primera expedición española al Ártico, Carlos Duarte, que la semana pasada visitó Pontevedra para hablar del cambio climático.
La pionera misión española zarpó el 1 de julio de Reykiavic rumbo al Círculo Polar Ártico y pocos días después cruzaba el paralelo 80º N la altura del estrecho de Fram. Era la primera vez que un buque español entraba en el océano Polar Ártico -un mar rodeado de continentes: Norteamérica, Asia y Europa-, hasta hace poco sólo accesible a submarinos nucleares y buques rompehielos, de los que España carece. El Hespérides es un buque de investigación polar, pero no es un rompehielos, aunque tiene su proa reforzada para poder romper hielos de hasta cincuenta centímetros de grosor.  

 

Varios momentos de la primera expedición científica y militar española al océano Polar Ártico, desarrollada en julio a bordo del buque 'Hespérides'. 

"Al entrar en el océano Polar Ártico perdimos la comunicación por satélite, ya que los satélites de comunicación habituales tienen órbitas ecuatoriales y su alcance máximo es de 80º de latitud", relata el compostelano Cristóbal Galán. Estas dificultades se añadían a los problemas de navegación derivados de los grandes errores de la aguja magnética en señalar el norte geográfico. "Tuvimos dificultades por la inexperiencia de la tripulación en la navegación entre hielos, iban con mucho miedo. Se ponen nerviosos cuando se ven rodeados de hielo y además la expedición coincidió con el cambio de comandante en el Hespérides. Para él, lógicamente, lo más importante era la seguridad", relata la viguesa Marta Álvarez, la más veterana de los tres científicos gallegos presentes en la expedición polar.
Al entrar en el océano Polar Ártico, la expedición se topó varias hectáreas desprendidas del casquete de hielo polar, situado unas 60 millas más al norte. "La niebla desapareció para dejar paso a un sol intenso que lucía las 24 horas del día girando a nuestro alrededor sin ponerse, obligando al uso de gafas de sol en plena medianoche. La ausencia de noche durante los 30 días de duración de la expedición  nos provocó un insomnio persistente", recuerda Cristóbal.

Ruta del 'Hespérides' y focas en el Círculo Polar Ártico. 

Durante los veinte días que pasamos en el océano Polar Ártico, tomando muestras de agua, hielo y plancton, fuimos testigos de la rápida fusión de la periferia del casquete polar. El límite del casquete de hielo retrocedió casi 350 kilómetros, cerca de 18 diarios, dando una nueva dentellada a lo que hasta hace pocos años era hielo permanente y centenario", revela Carlos Duarte.
No eran los únicos que se movían hacia el norte buscando el hielo compacto. Con ellos viajaban focas, que necesitan el hielo para descansar, y osos polares, que cazan estas focas en los agujeros que mantienen en el hielo para respirar. Toda esta fauna se encuentra amenazada por la regresión del hielo. El avistamiento de un gran oso polar cuando tomaban muestras en la plataforma de hielo les obligó a abandonarla para cedérsela al majestuoso animal.
Por fin, el Hespérides llegó a ocho millas del paralelo 81º N, al borde de la plataforma de hielo, un paisaje inmenso que se extiende hasta el horizonte, salpicado de grandes charcas creadas por la fusión de hielos en superficie. Los científicos tomaron muestras de un metro de longitud que representa más de 300 años de deposición de hielo. A partir de ahí, el buque retomó el lento descenso hacia el Sur, para desembarcar en las Islas Svalbard (Noruega, 78º N), el último lugar habitable al norte.
A bordo se transportan 110 testigos de hielo, se han realizado un centenar de experimentos  y se han tomado 2 millones de medidas instrumentales y 4.000 medidas analíticas. Los científicos desembarcan con sólo un 2% de esas muestras analizadas. Quedan años para analizar completamente la información recogida, trabajo que implicará también a investigadores de Noruega, Estados Unidos y Francia.
"Tumbados al sol, algunos leerán esta crónica como algo ajeno y distante, sin darse cuenta de que el mar, alimentado por el agua derivada del deshielo del Ártico del que hemos sido testigos, avanza milímetro a milímetro sobre nuestras costas. El Ártico está mucho más vinculado a nosotros de lo que parece en un caluroso día de verano", observa Carlos Duarte.

 

 

Alejandra Coello
Ourensana, analizadora de microorganismos 

Texto: S.R.

Alejandra acababa de terminar la carrera de Biología en Santiago cuando se encontró de sopetón con una oportunidad de oro. "Tuve mucha suerte de que me cogieran como becaria. No me dio tiempo ni a pisar el centro. Justo empecé con esta campaña fantástica del Hespérides al Ártico, la primera expedición española. Puede decirse que fue un principio por todo lo alto. Yo partía de cero y tuve que aprender de todo. Fue abrumador, pero, por encima de todo, fue la ocasión maravillosa con la que sueña todo científico".
 
La científica Alejandra Coello en el 'Hespérides'. 

La joven y modesta científica ourensana -24 años- obtuvo sin embargo las mejores notas de su promoción en Biología Ambiental. Su tarea en la expedición polar fue la de recoger muestras de agua en distintos puntos para analizar la composición de las poblaciones de citoplancton y de microalgas. 
"Abordamos un experimento para comprobar cómo los cambios de temperatura y radiación ultravioleta como consecuencia del cambio climático afectaban a estas poblaciones. Algo que nos llamó la atención fue un tipo de microalga que tuvo un crecimiento espectacular, como consecuencia del cambio climático y acabó con la diversidad de especies. Las consecuencias ya se están padeciendo en los países nórdicos, donde estas algas se acumulan en las costas, provocan malos olores muy desagradables y dificultan la navegación y la pesca. Además de estas consecuencias visibles, afectan a la cadena de nutrientes, ya que al no tener depredadores se acumulan y van a provocar problemas en otros organismos del océano"advierte Alejandra Coello.
La investigadora gallega fue testigo también de las consecuencias que está acusando el cambio climático en el deshielo de la capa de hielo permanente en el Ártico. "Según se decía, había bastante retroceso, el hielo permanente está disminuyendo claramente a un ritmo bastante importante".
Alejandra Coello es ahora becaria en en el Imedea balear y tienen un arduo y largo trabajo por delante para analizar el alud de muestras recogidas durante la expedición. "Y para obtener resultados", precisa la científica ourensana. El horizonte de investigación de Alejandra se encuentra en Baleares, aunque no descarta un regreso a Galicia. "Me gustaría volver si tuviera las oportunidades que tengo hora fuera. Allí, en Galicia, son muy pocas. Si quieres llegar a algo, tienes que salir. Pero en el futuro, me gustaría volver".
Alejandra Coello no ignora que el entorno polar que tanto le impactó es ahora objeto del deseo de muchas potencias por su potencial energético. "Pensar en estaciones petrolíferas después de haber visto aquel espacio tan virgen y puro es muy triste. Todos somos un poco responsables de eso".


Cristóbal Galbán recoge muestras en el Ártico. 

Cristóbal Galbán
Compostelano, detector de contaminantes  

Texto: S.R.

A Cristobal Galbán, aparte del hito histórico que supone formar parte de la expedición de los primeros cien españoles que "pisan el polo norte", lo que más huella le dejó de este viaje polar es la experiencia de trabajar en un entorno donde "nunca se hace de noche". Y hacerlo también en un laboratorio itinerante.
"Trabajar en un barco es totalmente distinto a trabajar en tierra, primero porque se mueve y segundo porque tienes que tener más cuidado con las cosas que manejas. Yo fui el encargado de cortar y procesar los testigos de hielo, soy la única persona que lo ha hecho, el primero de España, si nos ponemos en ese plan. Estábamos haciendo pruebas para buscar contaminantes orgánicos, porque en el polo norte, por la propia dinámica de la atmósfera, todo lo que producimos en latitudes medias se va hacia las latitudes polares. De esa manera, estos contaminantes se acumulan en lugares donde no tendría que haberlos y en cantidades muy pequeñas. Esa concentración que aparentemente es pequeña nos ayuda muchísimo sin embargo a estudiar cómo sería la dinámica en un sitio limpio. Estos sistemas polares son vírgenes y te ayudan a entender los procesos contaminantes, algo que es imposible reconocer en lugares ya muy contaminados. Tiene la pega por otra parte de que para encontrar una señal de contaminante en hielo necesito unos quinientos kilos. Mi trabajo se centra en ver si sale algo con lo poco que hemos obtenido en hielo, ya que España no tiene todavía infraestructura para obtener muestras tan enormes. Eso es lo más complicado", observa Cristóbal.
A bordo del Hespérides, el científico compostelano procesa y separa los cortes de hielo más superficiales de los más profundos.
"De los testigos de hielo que se cogían cada día, uno se manda a Grenoble para datarlos allí. Puedes comparar la diferencia temporal si tienes, digamos, desde los primeros cincuenta años hasta hace dos o tres mil. Hasta que estén datados los testigos es imposible saber qué antigüedad abarcan, pero podríamos decir que quince, veinte o treinta mil años", señala el científico compostelano.
"Yo hago un trabajo químico y mis muestras llegaron hace apenas unos días; hasta dentro de un año o año y medio no las voy a tener procesadas. Además, ahora me voy a la Antártida. Los biólogos sí tuvieron algunos resultados". 
Cristóbal considera que, pese a dificultades derivadas de la falta de experiencia en la investigación ártica, la expedición "fue muy productiva". "Hemos metido la pata en algunas cosas por una comprensible inexperiencia. Así como en la Antártida tenemos ya el culo pelado, por así decirlo, es la primera vez que vamos al Polo Norte. El interés por el Ártico acaba de empezar". Cristóbal, de 25 años, trabaja ahora en el Instituto de Investigaciones Químicas y Ambientales de Barcelona. "He venido con la idea de aprender todo lo posible para volver después a Galicia". A pesar de que teme la endogamia que rige en nuestra comunidad el mundo de la investigación. "Allí no te sientes muy valorado. Yo trabajaba sin contrato por sólo 200 euros. Y claro, me largué. Mi novia, número cinco de su promoción, también se tuvo que ir. Ahora investiga el cáncer en Salamanca".

La investigadora viguesa Marta Álvarez, a la derecha, con gafas de sol. 

Marta Álvarez
Viguesa, analista del deshielo   

Texto: S.R.

Marta Álvarez es la más experimentada de los tres científicos gallegos que participaron en la expedición española. Actualmente ostenta un Ramón y Cajal, "un contrato con solera para investigadores doctorales que ya pueden poseer una capacidad de independencia", pero sufrió bastante para alcanzar ese estatus privilegiado.
"Tuve una mala experiencia en el centro donde estaba en Vigo, el Instituto de Investigaciones Marinas; no me renovaron el contrato por causas injustas, creo yo. Me busqué la vida, estuve un año en paro y conseguí este contrato, que es como una bofetada a los que no me quisieron renovar. Yo estaría encantada de volver a Galicia, pero en este momento las posibilidades son más bien de una plaza en Mallorca que en Galicia".
El trabajo de Marta Álvarez a bordo del Hespérides recuerda el el tremendo argumento de la película de catástrofe ambiental El día de mañana, que recoge la teoría del advenimiento de una glaciación a causa de la baja salinidad provocada por el deshielo del Ártico, que interrumpe el calor transportado al hemisferio norte por la corriente del Golfo. 
"Yo me encargué de los muestreos de las columnas de agua para comprobar el futuro impacto de la fusión del hielo por el cambio climático sobre las concentraciones de oxígeno, nutrientes y CO2. Nadie va a decir que va a ocurrir una glaciación. Eso es la tesis de una película. Sí hay un riesgo, aunque no tan exagerado como en la película. Según los últimos informes, sin embargo, no hay una conclusión tajante sobre la variación de la circulación. No se concluye que está disminuyendo porque es muy difícil de apreciar", explica la científica viguesa. 
Marta Álvarez ha traído por el contrario una buena noticia de la expedición polar. 
"Aún no he acabado de introducir los datos y se se tardará todavía bastante tiempo en evaluarlos. Pero lo que sí he observado allí es que la zona ártica tiene una gran capacidad de captación de CO2 de la atmósfera. Hemos medido niveles muy, muy bajos en el agua, con lo cual puede absorber bastante de la atmósfera. El CO2 es uno de los principales gases de efecto invernadero y los océanos tienen un papel importante en su captación. Si no estuviera el océano, habría el doble de CO2 en la atmósfera. Esa zona del Ártico está haciendo que se capte mucho. Esto contribuye a mitigar el efecto invernadero. Es una buena noticia", asegura Marta Álvarez.

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