La Opinión a Coruña

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Un país de fortalezas

Texto: Tere Gradín
Fotos: La Opinión

El aura del pasado se conserva en la galaxia de castillos que albergan las tierras gallegas. Estos recintos, en los que habita el eco de antiguas rivalidades y señoríos, se han transformado hoy en centros de cultura y mecas del turismo más ilustrado.

El castillo de Santa Cruz, en Oleiros. 

En la comunidad gallega perviven los testimonios pétreos de 164 fortificaciones, entre castillos, fortalezas y torres. La propia toponimia gallega refleja la extensión que llegó a tener este tipo de construcción. Castelo, castedo, castrelo, castreliño, castreláns o castelete así lo confirman, además de otros nombres como torre o rocha, que han tenido sus correspondientes representaciones físicas en algún lugar y momento del tiempo. De todos, son los castillos los que encierran más historia, avatares y leyendas y algunos, aún intactos y con noble porte, han cambiado su función defensiva por otros usos adecuados al siglo XXI, especialmente como centros de dinamización turística y como espacios culturales. 
Según datos de la Consellería de Cultura, por provincias A Coruña alberga 19 castillos, otros tantos Lugo, cinco perviven en Ourense y diez en Pontevedra. Respecto a las torres, el número se distribuye con 29 en A Coruña; 42 en Lugo, 7 en Ourense y 10 en Pontevedra. Quedan tres fortalezas en A Coruña, diez en Lugo, siete en Ourense y tres en Pontevedra. Probablemente existieron más y en la época de la Galicia fortificada la proliferación de este tipo de edificaciones debió ser algo habitual. Y la originalidad gallega llega a tal punto en que no faltan las catedrales fortaleza, como las de Santiago o Tui, ni los conventos convertidos en bastiones contra los corsarios como fue el monasterio de Oia. Los castillos levantados en las riberas del mar fueron defensas contra los acosos de nórdicos y vikingos, como las Torres del Oeste; los de la raia seca ourensana se erigieron contra las incursiones lusas; y muchos otros, contra la piratería de todos los tiempos, además de mantener su carácter defensivo durante la época del feudalismo medieval, tiempo en que eran normales las rivalidades y luchas contra señoríos.

Fachada del castillo de San Antón. 

En A Coruña la visita al Mu-seo Arqueológico e Histórico, en el Castillo de San Antón, interesa por varios motivos. Y es que, a las piezas que en él se exhiben, suma su condición de edificio histórico como parte significativa de la fortificación de la ciudad. A finales de la Edad Media se construyó sobre un pequeño islote de la ría de A Coruña una capilla dedicada a San Antón, en la que se recogía a los navegantes enfermos del mal gangrenoso Fuego de San Antón. Este islote fue más tarde utilizado como lazareto, lugar de confinamiento de los viajeros sospechosos de padecer lepra. Con la concesión, por parte de Carlos I, de la Casa de Contratación de Especias, el puerto de A Coruña se convirtió en un goloso objetivo para los enemigos de la corona, por lo que el monarca ordenó una serie de medidas para reforzar las defensas de la ciudad. Entre las actuaciones estaba la construcción de un fortín en la isla de San Antón, hasta el momento lazareto y hospital de leprosos. La construcción comenzó en el año 1587 bajo la dirección del alférez Pedro Rodríguez Muñiz, como indica una inscripción situada junto al escudo del marqués de Cerralbo en la portada de la fortaleza. En el año 1590, durante el ataque de Francis Drake, las nuevas baterías del castillo se mostraron muy efectivas en la defensa de la ciudad por lo que Felipe II ordenó a su arquitecto, Tiburcio Spinochio que continuara y finalizara las obras del castillo. La fortaleza fue dada por terminada en el año 1590, con la construcción de los alojamientos para la tropa, el aljibe y la torre sobre la puerta.

Castillo de Soutomaior.
Castillo de Sobroso, en monte Landín.

 

Tras el ataque de 1639, en que la escuadra francesa asedió la ciudad, la bahía coruñesa quedó protegida por los fuegos cruzados de los castillos de San Antón y San Diego (hoy desaparecido). Tras este ataque el marqués de Valparaíso propuso a Felipe IV la reforma de la fortificación, que concluiría en el siglo XVIII, cuando el ingeniero Antonio López Sopeña construyó la casa del gobernador con su pequeña capilla neoclásica en el eje de la composición del edificio.
Desde comienzos del siglo XVIII y hasta el año 1960, en que el Ministerio del Ejército lo cedió al Ayuntamiento, perdió su carácter militar y se convirtió en prisión. Entre sus reclusos cabe destacar a Malaspina, Melchor Macanaz, el general Villarroel y el mariscal de campo Díaz Porlier. En la década de los 40 del siglo XX se unió a tierra por una prolongación del muelle de las Ánimas, dejando de ser una isla.
Después de su cesión al Ayuntamiento, en el año 1964 se inician las obras, dirigidas por Pons Sorolla, para convertirlo en museo, que se terminaron en el año 1968. Hoy en día mantiene su estatus como Museo Arqueológico Municipal.
El castillo de Santa Cruz fue mandado construir por el capitán general Diego das Mariñas en el año 1594. El puerto coruñés estaba bien defendido por los de San Antón y San Diego, pero en el año 1589 la Armada inglesa, mandada por Francis Drake, pudo llegar tranquilamente hasta el fondo de la bahía y desembarcar en Oza para iniciar el asalto de A Coruña. Esto puso en claro la necesidad de completar la defensa de la bahía y de construir una nueva fortaleza en la isla de Santa Cruz.
En 1640 se terminaron las defensas del castillo, que fue dotado con buenas piezas de artillería. Una de ellas, llamada O Cañón Barranco, alcanzaba los 10 kilómetros (la distancia en línea recta del castillo de Santa Cruz al de San Antón es de cuatro kilómetros). En el siglo XIX, perdido su valor estratégico, fue adquirido por el general Cavalcanti, que estaba casado con una hija de Emilia Pardo Bazán. Levantó en el cuerpo central un pazo para vivienda, pero, al no tener descendencia, legó la fortaleza en 1938 al Arma de Caballería, que lo utilizó como residencia veraniega de huérfanos de militares.
Hay otros ejemplos de castillos revalorizados como espacios culturales en la provincia coruñesa, como el de Vimianzo, que aloja una exposición en vivo de encajes, aparte de un centro de interpretación, o el Museo de la Pesca, ubicado en el castillo de San Carlos de Fisterra.

Pontevedra
En Pontevedra, el de Soutomaior es uno de los castillos más conocidos, más visitados y uno de los más hermosos. Construido en el siglo XII se caracteriza por hacer gala de la gran variedad de técnicas constructivas empleadas. Elevado sobre un cerro, su mi-sión principal era vigilar las tierras de cultivo colindantes, así como defender la entrada de posibles enemigos que vinieran de la ría de Vigo, a la vez que mantenía el símbolo de señorío. 

Interior del castillo de Vimianzo.

El castillo está indefectiblemente unido en el siglo XV a la famosa figura de Pedro Álvarez de Soutomaior, de apodo Pedro Madruga, conde de Caminha, aventurero y de talante pendenciero, bravo y socarrón que dejó su huella por diferentes fortificaciones de la tierra. La edificación pasó por otras tres estirpes: de pazo señorial en el siglo XVIII a residencia de verano del marqués de Vega de Armijo en el periodo decimonónico; fue centro político y cultural y, más tarde, sanatorio y base de la actividad de la marquesa de Ayerbe, conocida como la Marquesa Roja, una de las precursoras del movimiento feminista en España y autora de una de las mejores publicaciones sobre el pasado del castillo. Su segundo esposo, el doctor Lluria, construyó un sanatorio en sus alrededores. Sin embargo, debido a sus actividades políticas, Soutomaior se vio convertido en un centro sospechoso de conspiraciones políticas y perdieron la propiedad en el año 1917. Después vendría el olvido y el abandono. En 1981 fue adquirido por la Diputación Provincial de Pontevedra, que llevó a cabo la última restauración en 1987. 
Asediando la fortaleza de Sobroso anduvo también el infatigable Pedro Madruga, que sitió el castillo con cinco mil soldados de infantería y mil a caballo. Tuvo que retirarse sin allanar el que hoy es uno de los referentes turísticos del sur de Galicia. Está ubicado en la ladera del monte Landín, desde donde se divisan los hermosos paisajes del Val do Tea, Mondariz e incluso la raya con Portugal. En 1981 el castillo de Sobroso fue comprado por el Ayuntamiento de Ponteareas. Restaurado por el consistorio, desde hace varios años la Torre del Homenaje acoge la colección permanente del Centro de Recuperación de Cultura Popular de Ponteareas. Un recorrido por el castillo de Vilasobroso descubre su intrincado laberinto de fosos, pasadizos y estancias, pero permite también a los visitantes adentrarse en un museo de cultura popular, de presenciar los trabajos de su obradoiro textil o llevarse algún recuerdo de la tienda de artesanía local. 
En la actualidad el CRCP recibe más de 4.500 escolares al año en visitas didácticas guiadas por Rafa e Ilda, aparte de las 12.000 entradas de adultos anuales que se registran. El centro cuenta con varias salas de exposición permanente en las que se muestra parte del modo de vida en la casa popular típica de la comarca, los oficios tradicionales del sur de Galicia o el proceso de elaboración del lino, desde el cultivo hasta el tejido. En este momento está instalada una exposición sobre los afiladores en la que se muestran ruedas de afilar y utensilios de este trabajo que evocan el barallete, el argot de los afiladores. Otra de las salas exhibe una muestra sobre apicultura, incluso con una colmena en vivo en la que se puede observar in situ la tarea de las obreras. El castillo de Vilasobroso es, al igual que otros espacios históricos, un lugar habitual en el que se celebran bodas, reuniones, congresos y diferentes actividades a lo largo del año.

Fortaleza de San Paio de Narla, en Lugo.

Otro de los castillos de más rica y curiosa historia rodeado de un enorme recinto de defensas, murallas y torres es el de Monterreal, en Baiona, restaurado y reconvertido en 1967 en Parador de Turismo. Situado en un promontorio boscoso, tuvo doble importancia estratégica, ya que protegía la ría de Vigo por su lado sur y la comunicación con Tui por el valle del Miño.
Existen aún numerosos ejemplos de construcciones defensivas y señoriales en la provincia de Pontevedra, como en Salvaterra, que contó con castillo. Quedan restos de fortalezas en muchos otros lugares, algunas famosas allende fronteras, como es el caso de las Torres del Oeste de Catoira. De vieja historia perdida en el tiempo, Alfonso V mandó reforzar la edificación en el siglo XI para defenderse de los ataques de vikingos. La primitiva construcción tenía siete torres, que fueron cantadas por Rosalía. Actualmente continúa celebrándose la romería vikinga con la representación del desembarco de los normandos durante una fiesta declarada de Interés Turístico Nacional de afluencia multitudinaria todos los meses de agosto.

Ourense
Por tierras ourensanas también perviven ejemplos de la Galicia inexpugnable. El castillo de Monterrei es uno de ellos, importante fortificación en la lucha contra las incursiones del vecino Portugal. 
En Monterrei se instaló en 1494, sólo 43 años después de Guttermberg, la primera imprenta que hubo en Galicia, de donde salió el primer incunable galaico. Monterrei es un monumental conjunto fortificado que fue adaptando estilos y usos con el paso de los siglos. Esta impresionante ciudadela, además de ser todo un compendio de historia, aloja en su interior un Parador de Turismo. 
Situado también cerca de la raia se encuentra el castillo de Ribadavia, parcialmente rehabilitado. La localidad fue una población totalmente amurallada, cuyos lienzos parten directamente del castillo, formando tanto las murallas de la villa como la fortaleza una sola unidad.
A 17 kilómetros de Ourense capital se encuentra Vilamarín, concello cuyo emblema es el antiguo castillo reconvertido a pazo, declarado Monumento Histórico-Artístico en 1977. 

Una recreación de la Revolta dos Irmandiños.

Fue construido como fortaleza en el siglo XV y transformado en pazo de estilo barroco en el siglo XVIII. Considerado el pazo más importante de la provincia, conserva las torres defensivas y está restaurado para actividades culturales. La planta del edificio se aproxima a un hexágono y en cinco de sus ángulos sobresalen las torres de defensa. En la actualidad el complejo es propiedad de la Diputación y puede visitarse. Otro magnífico ejemplo de fortaleza rehabilitada y con un uso cultural es la de Vila Nova dos Infantes, en Celanova, que conserva de su pasado esplendor la torre del antiguo castillo, sede de un museo etnográfico y espacio utilizado para numerosas actividades didácticas y turísticas.

Lugo
Por tierras lucenses quedan también testimonios pétreos de la Galicia con fortalezas. Uno de los más dinámicos es la Torre de Xia, donde se ubica el Museo Etnográfico y de Historia de San Paio de Narla, en Friol. El edificio es un antiguo castillo que, tras su destrucción durante la Revolución Irmandiña, a finales del siglo XV, se reconstruyó en la centuria siguiente. Tuvo varias familias propietarias hasta que pasó a ser de titularidad institucional en 1939, lo que evitó su demolición. Hoy constituye la sección etnográfica del Museo Provincial de Lugo, con una interesante afluencia de visitantes cifrada en torno a las 17.000 personas. "Teníamos falta de espacio y se decidió traer la colección de etnografía a San Paio de Narla", explica Encarna Lago, gerente de la red museística provincial. "Hemos querido hacer un museo muy vivo, que se entienda y en el que la gente se implique". Por eso algunas de las piezas se pueden tocar y son habituales las representaciones de época. "Algunas de las actividades están relacionadas con las leyendas de la torre", señala Encarna, que las tiene, como todo castillo que se precie.
En el patio de San Paio de Narla se disponen diferentes colecciones relacionadas con oficios tradicionales como los cesteros o los zoqueiros, algunas instaladas en pequeñas recreaciones de su medio. Los objetos de equitación, entre los que se encuentra una litera del siglo XIX, se exhiben en las caballerizas, mientras que en la bodega se muestran los objetos propios de esta dependencia. 
En la planta alta se pueden ver otras estancias ambientadas al detalle, como la cocina, el salón, la sala del telar, el escritorio o el dormitorio. La Torre del homenaje del castillo tiene tres plantas, en la primera de las cuales se encuentra la armería; la fuerza de una armadura sorprende en el segundo piso, donde se puede ver también una colección de armas de fuego, mientras que la última planta destaca con su chimenea renacentista y una cama de exquisita factura decorada con motivos militares. En Lugo se encuentra el que está considerado el castillo más antiguo de Galicia y uno de los de más hermosa factura, el de Pambre, en Palas de Rei. Su traza está constituida por una torre central y cuatro más en los ángulos de la muralla y destaca por la primorosa labor de los perpiaños.

MÁS IMÁGENES

Dos imágenes del interior del castillo de Vilasobroso. 

 

Monterrei es un monumental conjunto fortificado en Ourense. El viejo castillo de Vilamarín reconvertido a pazo barroco en el siglo XVIII.

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