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Un viaje al país de la imaginación |
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Texto: Tere Grandín
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| Escolares gallegos lanzan los trompos durante unas jornadas de Brinquedia, la red gallega de juego tradicional. / Archivo Brinquedia |
Melchor, Gaspar y Baltasar acaban de llegar, y a pesar de la dura competencia que mantienen los monarcas de Oriente con Papá Noel, miles de niños y no tan niños esperan con ansia los regalos pedidos, que en el caso de los más jóvenes serán juguetes en su mayoría. Hoy son figuras de acción, muñecas, pistas para coches, videoconsolas, miniordenadores y todo el merchandising basado en los últimos estrenos cinematográficos y televisivos, además de todo un universo de objetos relacionados con la evolución tecnológica. Pero hubo una época en que la televisión no se había inventado y los aparatos de radio eran escasos. El tiempo libre se dedicaba a jugar, aunque la naturaleza de aquellos entretenimientos era muy distinta de los actuales. Los había de adultos —bolos, cartas...—, de niños —canicas, trompos...—, de niñas —las tabas, el corro— y mixtos como el juego del escondite o el del pañuelo. Todos están de acuerdo, los juegos populares son educativos, facilitan la comunicación y estimulan la imaginación. Y en los últimos tiempos la preocupación por preservar los divertimentos de antaño ha cobrado impulso, como también la apuesta por mantener vivos los juguetes artesanales. En Galicia se fabrican a través de varios talleres que ofrecen mediante estos productos unos regalos diferentes a la vez
que entretenidos, didácticos y originales.
En aquel mundo sin televisión muchos niños tenían que hacer sus propios juguetes. Eran artilugios artesanales en los que primaba la creatividad, hechos con latón, con madera o con cualquier otro material que fuese susceptible de moldear por las manos infantiles. No existían los productos de bazar y los infantes gallegos eran quienes hacían los carros de bolas, las matracas o los aros de hierro. Y todos soñaban con que Melchor, Gaspar y Baltasar les dejarían una mágica sorpresa, como solía ocurrir. Los años fueron pasando y las costumbres cambiando, pero unos cuantos obradoiros artesanos mantienen la diferencia que sólo puede tener el producto que se trabaja con las manos. Apuestan por la calidad más que por la cantidad, y por que no se pierda un patrimonio lúdico de inigualable riqueza.
Madera, tejidos o arcilla son algunos de los materiales empleados en la elaboración manual de estas piezas únicas. En Acebo Juegos, de O Rosal, elaboran juguetes didácticos en madera de boj, pino, naranjo y especies exóticas. Aptos para todas las edades y con propuestas inéditas procedentes de juegos y pasatiempos de diferentes culturas. En este taller rosaleiro también se han decantado
—igual que otros— por la bioconstrucción a través del uso de materiales ecológicos y respetuosos con el medio. Su filosofía se fundamenta “en el respeto al medio ambiente —dicen—, tanto en el método de trabajo como en los materiales utilizados. Los productos van destinados tanto a la didáctica como al entretenimiento lúdico”. Las opciones van de juguetes de un participante a los de dos o varios jugadores, como rompecocos, solitarios o volteos, además de ajedrez y entretenimentos de todos los rincones del mundo, desde juegos vikingos como el tablut al africano llamado wari o el tres en raya de toda la vida.
DE LANA
La madera puede ser la materia prima a través de la cual se despierta la creatividad, aunque hay otros materiales, como la lana, que también contribuyen a que los niños y los mayores experimenten y entiendan mejor el mundo mediante el juego y los juguetes. Casperle es una tienda artesanal situada en el concello coruñés de Irixoa que fabrica muñecos con materiales tan naturales como son la lana y el algodón. El proyecto nació hace cinco años de la mano de María Luisa Mosquera, diseñadora con experiencia también en el mundo del teatro y de la danza que decidió unir arte y pedagogía. “Me pareció interesante hacer una serie de muñecos sencillos y naturales, alejados de los arquetipos de los madelman o de las barbies”. Casperle tiene como clientes a comercios especializados en regalo artesanal, decoración, mobiliario infantil, jugueterías, editoriales infantiles y otras instituciones que desean realzar los valores humanos a través del muñeco.
Junto a sus productos de lana y algodón, en Casperle han creado una colección de libros teatrillo —como El gato tripi-trapo— en los que se materializa la historia a través del libro ilustrado y el aliciente añadido de poder representar sobre un escenario plano el cuento, empleando para ello los personajes de tela que intervienen en el mismo. En palabras de María Luisa Mosquera, autora también de los libros, estas narraciones “estimulan el amor del niño por la naturaleza y las cosas sencillas y tienen el valor de los cuentos orales de siempre, que ayudan a desarrollar la imaginación y la creatividad”.
Otros artesanos optan por materiales como la arcilla y los tejidos. Es el caso de Viki Rivadulla, artesana muñequera y licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación que desde Muxía elabora piezas modeladas en arcilla de forma individual y luego pintadas a mano alzada, lo que hace cada uno de los muñecos irrepetibles, ya que nunca salen dos objetos iguales de un modelado a mano. Las creaciones llevan cabeza, manos, pies y accesorios de arcilla, en tanto las ropas y elementos decorativos están cuidados al detalle con encajes, tiras bordadas, pasamanerías y otros complementos. La hechura de las ropas, calcetado de las prendas de lana y otros procesos de las vestiduras están también hechos a mano. Las muñecas suelen llevar una tarjeta firmada en la que se cuenta quién es el personaje representado. Algunas de las figuras de Viki reproducen oficios y actividades de A Costa da Morte, como el de marinero, el secadero del congrio, la vendedora de pescado o la abuela que hace el pan de huevo, “que quieren de algún modo ser un homenaje a la cultura del mar”, dice. Su catálogo se completa con marionetas, figuras pequeñas como las dedicadas a los peregrinos, broches, marcapáginas y otros elementos decorativos.
diversiones de antaño
Además de la apuesta por los juguetes y muñecos artesanos, en los últimos años ha crecido el interés por recuperar los viejos juegos del país, aquellos con los que se divertían padres y abuelos. La iniciativa responde al fin de preservar y revitalizar la enorme riqueza del catálogo lúdico gallego, y tal es el objetivo de Brinquedia, la Rede Galega do Xogo Tradicional. Constituida hace apenas tres años, su propósito no es otro que la recuperación de los entretenimientos de antaño. La entidad consta de asociaciones, centros de enseñanza y concellos gallegos interesados en la revitalización de este patrimonio.
En sus apenas tres años de andadura, Brinquedia ha conseguido impulsar y organizar actividades que ya han arraigado con fuerza, como el Encontro Escolar de Xogos Tradicionais, que en mayo de 2008 cumplirá su cuarta edición, o la iniciativa, también escolar, llamada Peóns ao camiño, cuyo fin es potenciar el juego del trompo en la fecha en que tradicionalmente se bailaban las peonzas, coincidiendo con la época en torno a San Martiño. En la jornada del 9 de noviembre desde Brinquedia consiguieron que cientos de escolares se sumasen al juego de las buxainas, uno de los muchos nombres que recibe el trompo dentro del patrimonio oral gallego.
Por su parte, los Encontros Galegos do Xogo Tradicional ya se han convertido en clásicos. El primero tuvo lugar en el parque compostelano de Bonaval, el segundo en el parque de Acea da Ma, en Culleredo, y el Complejo Deportivo Monterrei, en la localidad ourensana de Pereiro de Aguiar, acogió la tercera edición de la convocatoria. Los escolares conocen y practican algunos de los juegos gallegos más clásicos como el gato y el ratón, la pita cega, el aro o la llave, aparte de muchos otros como el pase-mi-sí o las carreras de sacos. Además de tomar parte en más de una veintena de juegos tradicionales, los estudiantes tienen la oportunidad de ver cómo los mayores aún practican en su día a día entretenimientos ya casi extintos en las ciudades.
Desde Brinquedia no cejan en su empeño de que pequeños y mayores no olviden unos juegos que transmiten conocimientos de la cultura gallega y desarrollan la habilidad, la creatividad y la imaginación. Uno de los objetivos de la entidad para el año que comienza es realizar un diagnóstico de cómo está el entretenimiento de antaño, dónde perviven juegos tradicionales, cómo se practican y qué variantes existen respecto a otros lugares. Será en colaboración con asociaciones y concellos de toda Galicia.
Los juguetes antiguos en su dimensión material tienen otra faceta más desconocida pero también valorada, y es que constituyen auténticos productos de inversión que igualmente han cobrado auge en los últimos años. Empresas, hombres de negocios y ciudadanos optan por adquirir piezas antiguas sin más objetivo que el de obtener un beneficio. Un cochecito de chapa de la marca Payá, por ejemplo, fabricado en 1953, puede comprarse por unos 1.300 euros. Al cabo de dos años puede venderse por unos 1.500 o 1600 euros. Según los expertos, los juguetes antiguos de precio medio, de los que aún existe un número amplio en el mercado, se revalorizan entre un 15 y un 20% cada año. No obstante, a la hora de adquirir una de estas piezas con fines de rentabilidad, aconsejan elegir bien la marca, el año y el precio. Los artículos con un valor inferior a los 300 euros no suelen entrar en las subastas, con lo que sus posibilidades de revalorización son escasas.
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| Juegos tradicionales como el tres en uno, la gallina ciega, la llave, los aros o juguetes de arcilla o algodón, están aún presentes entre los niños gallegos. | |
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| Los juguetes antiguos son también auténticos productos de inversión que han cobrado auge en los últimos años. | |