Texto: Santiago Romero
1908 fue un año clave en el que irrumpió la modernidad en una
ciudad coruñesa diezmada por el tifus. En ese año se mejora el tendido eléctrico, se comienzan las obras del
Palacio Municipal de María Pita y, sobre todo, se afronta el desafío de
traer el agua a la ciudad
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Abastecimiento de agua a principios del siglo XX en la fuente de La Marina, frente a la Puerta Real.
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La ciudad coruñesa se despertó en 1908 -hace ahora justamente un siglo- con un crimen que daría que hablar durante años: el practicante municipal había sido asesinado en el campo de la Leña por un sanitario rival que ambicionaba el puesto. El suceso fue la comidilla en el afanoso ir y venir alrededor de las innumerables fuentes que entonces surtían todavía de agua a la ciudad, verdaderas arterias de comunicación y organización de la vida en una urbe que latía aún con el pulso doméstico de un pueblo ajeno a los hitos de modernidad que galvanizaron las ciudades europeas en el arranque del futurista siglo XX.
La gran ola de cambios que no había llegado con el emblemático 1900, irrumpió misteriosamente de bruces en un 1908 que marcó un antes y un después en la historia de la ciudad coruñesa.
En este asombroso año en el que la escritora Emilia Pardo Bazán recibe del rey Alfonso XIII el título de condesa y el bardo Curros Enríquez es enterrado fastuosamente en A Coruña al calor de una bandera gallega -quizás la primera vez que la enseña aparece públicamente en la ciudad- y en el que el Deportivo comienza a disputar competiciones regulares en el corralón de A Gaiteira -el primer estadio coruñés-, la ciudad cobra repentinamente consciencia de que el auge comercial experimentado en el siglo anterior debe ser una plataforma de despegue que requiere de grandes iniciativas para subirse al tren del progreso: costosas, arriesgadas y polémicas.
La ciudad acomete ese año empresas de gran calado como el inicio de la construcción del Palacio Municipal de María Pita -el Gobierno local tenía entonces su sede en el edificio colateral a la Iglesia de San Jorge-, o el tendido de la primera línea eléctrica de 33.000 voltios desde la central de A Capela en el Eume (el alumbrado eléctrico se había inaugurado en 1890), pero el gran desafío será la distribución de agua corriente a la ciudad.
La configuración topográfica e hidrológica del territorio sobre el que se asienta la ciudad de
A Coruña ha condicionado históricamente las soluciones al problema del abastecimiento de agua. Si el poblamiento primitivo se concentró en el istmo y en la ciudad alta por motivos estratégicos o defensivos, los manantiales se encontraban sin embargo en las zonas de San Pedro de Visma y Vioño, tierra adentro.
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| Plano realizado en 1905 para el servicio de agua en 1908. |
Las reservas propias de la península coruñesa se limitaban a pequeños aljibes de agua salobre. En estas condiciones, la única forma de soportar una población importante pasaba por la conducción del agua de los manantiales a la ciudad, atravesando el desaparecido arenal del istmo.
En el siglo XVI, las demandas del concejo coruñés se trasladaron a Felipe II, quien accedió en 1564 a costear la construcción del llamado Viaje de Agua de Vioño.
A Coruña se sumaba así a ciudades con corte como Madrid o Valladolid, con poblaciones entre 20.000 y 60.000 habitantes, y a aquellas otras favorecidas por las relaciones comerciales como Barcelona, Sevilla, o Burgos. El presupuesto del servicio coruñés, fijado en 7.300 ducados, da idea de su carácter modesto frente a los 50.000 librados para Valladolid. La conducción permitió llevar el agua de los manantiales de Vioño a la también desaparecida Fuente del Mercado, localizada junto a la Puerta Real de la muralla, en lo que hoy es la plaza de María Pita.
El cometido del viaje de agua era dar servicio a esta zona de la ciudad alta, que en el censo de 1587 contaba con 350 vecinos, suma de las parroquias de Santiago y Santa María, sobre un total de 890 censados. La segunda parroquia en número de vecinos era la de San Jorge, en la Pescadería, con 3.000 censados, y para ellos se preveía un segundo ramal que terminase en una segunda fuente. La pionera Fuente del Mercado, de la que no se guarda vestigio alguno, debió estar decorada con motivos clásicos, con caños que brotaban de cabezas de bestias fabulosas.
Del millar de vecinos del siglo XVI, el auge mercantil proyectará demográficamente a la ciudad coruñesa hasta los 12.000 en el XVIII. El mayor crecimiento urbano lo registrará el barrio de Pescadería, donde se concentrarán las mayores demandas de agua. La respuesta vendrá de la mano del ingeniero militar de origen francés Francisco Montaigú y permitirá aprovechar los manantiales de San Pedro de Visma, llevando el agua en acueducto -parte de él aún se conserva en el Paseo de los Puentes- hasta la ciudad. La principal fuente era entonces la de San Andrés, debido al desplazamiento del centro de gravedad económico desde la ciudad alta al barrio de la Pescadería.
El equipo de la Escuela de Ingenieros de Caminos coruñesa dirigido por Carlos Nárdiz y Carlos Valeiro, autores del más exhaustivo trabajo de investigación histórico sobre el abastecimiento de agua a la ciudad coruñesa, publicado por Emalcsa, tropezaron con considerables dificultades para obtener datos sobre la situación en el siglo XIX -que seguía apoyada en los viajes de agua anteriores de Vioño y San Pedro de Visma-. Las prioridades municipales para el abastecimiento se basaban entonces en el acercamiento del agua a la población levantando nuevas fuentes y por la conducción a las zonas altas de la ciudad que exigía disponer de tuberías a presión.
"El sistema fracasó en su conjunto al apoyarse en acuíferos que prácticamente se secaban durante el estiaje en periodos de sequía prolongados. A ello habría que añadir la contaminación de las aguas procedentes de los manantiales y las fuentes, que provocaba la cíclica aparición de brotes de tifus entre la población", señala el estudio de los ingenieros coruñeses. Era ésta la situación cuando en 1881 se encargó al ingeniero Juan Manuel Fernández Yáñez la redacción de un proyecto de abastecimiento a la ciudad que incluirá por primera vez la distribución de agua a presión a las viviendas. Hubo que esperar sin embargo hasta 1908 para que se iniciase el servicio, que conectaba a la ciudad coruñesa con la modernidad de las urbes europeas. En el camino quedaron una sucesión de dificultades legales, técnicas y económicas, que dieron lugar a cinco proyectos diferentes previos a la construcción. Resultado de este complejo proceso fue también el nacimiento de la empresa Sociedad de Aguas de La Coruña, surgida del compromiso adoptado por empresarios y comerciantes para desbloquear la situación.
"A la cabeza de esta iniciativa, y como su primer presidente, se encontraba José Marchesi Buhigas -rememora el estudio de la escuela de ingenieros- un hombre alineado con las corrientes de pensamiento más avanzadas de su época y desconocido hoy en la ciudad, cuya trayectoria empresarial desembocó en su salida de la sociedad poco después de inaugurarse en 1908 el servicio, al frente del cual siguieron hasta su municipalizacion, los herederos de las otras dos sociedades que junto con los Hijos de Marchesi Dalmau fundaron la Sociedad de Aguas de La Coruña: Sobrinos de José Pastor y Rubine e Hijos.
Los primeros pasos de la sociedad no fueron fáciles. Durante más de dos décadas fue el blanco de severas campañas de descrédito por parte de ciertos sectores de la ciudad. Las razones a estas críticas hay que buscarlas en el retraso de la generalización del servicio respecto a la fecha de su inauguración. A las acusaciones contra la sociedad por el enriquecimiento ilícito mediante tarifas abusivas, se respondía desde su entorno con agrios reproches hacia la desidia e incomprensión de las autoridades municipales y de una buena parte de la ciudadanía, que seguía abasteciéndose en los antiguos viajes de agua a las fuentes.
Esta complicada situación se prolongó, jalonada de denuncias, enfrentamientos en la prensa local y rebrotes de las epidemias de tifus, hasta los años 30, en que fueron clausuradas las últimas fuentes que aún prestaban el servicio público de agua a la ciudad".
Los usos del agua en la Coruña de comienzos del siglo XX estaban sujetos a una estricta reglamentación que evidenciaba su escasez endémica. Los aguadores debían inscribirse en un registro municipal y estaban obligados a colaborar, so pena de multa o cárcel, en la extinción de los incendios.
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| Dos emblemáticas fuentes que cambiaron de emplazamiento
Dos de las principales fuentes que todavía se conservan en la ciudad -la de la Fama y la de Santa Margarita- figuran en emplazamientos distintos a su ubicación original en la ciudad. La de la Fama fue trasladada de la calle de la Fama, en el entorno de Riego de Agua, a la plaza de San Andrés y la de Santa Margarita fue cambiada de su emplazamiento primitivo para ser instalada en el interior del actual parque de Santa Margarita. |
El oficio era desempeñado mayoritariamente por mujeres que recibían un pago mensual por el transporte diario a las casas de una sella -recipiente con capacidad para catorce litros-. Los cabezaleros y los celadores -figuras públicas nombradas por el alcalde- se encargaban del mantenimiento de la fuentes y los lavaderos.
El siglo XX conocerá una proliferación de los lavaderos en las zonas periféricas de la ciudad a causa del retraso en la conexión con la red de abastecimiento y a la pervivencia de los hábitos tradicionales. Algunos, como los de San Roque, San Pedro de Visma y Os Castros, todavía se conservan.
Desde la perspectiva de la ciudad actual resulta difícil comprender la importancia que tuvieron las fuentes en el pasado. Se levantaron en plazas y mercados o en los cruces de calles, atendiendo a las necesidades públicas o a la influencia ejercida por parte de los sectores más poderosos de la ciudad, que las atraían hacia sus casas o iglesias.
La ciudad coruñesa irrumpirá en el siglo XX con un buen número de fuentes. Dos de las más emblemáticas, las de Neptuno -que permanece en su emplazamiento original en la plaza de Santa Catalina, en San Andrés- y La Fama, son herederas del esplendor napoleónico del XVIII.
Los planos, fechados el 19 de septiembre de 1791 por Fernando Rodríguez Romay, son diez años posteriores a la fuente de la Cibeles que proyectó Ventura Rodríguez para Madrid y, al igual que la madrileña, reproducen divinidades clásicas. La Fama, divinidad alegórica greco-romana encargada de divulgar verdades y mentiras, está representada alada y con trompeta, lo que llevó a confusión a muchos coruñeses que siempre la conocieron por la Fuente del Ángel. Esta fuente tuvo que ser trasladada en 1882 desde su primitivo emplazamiento en la calle de la Fama, en el entorno de Riego de Agua, hasta la plaza de San Andrés, sustituyendo a la antigua que allí había.
El proceso que desembocó en la inauguración del abastecimiento de agua en 1908 fue un verdadero galimatías burocrático. El Ayuntamiento coruñés había aceptado en 1890 una propuesta de un británico llamado Bayliss para hacer las obras, mediante una cesión de la explotación del servicio por 75 años. Éste la traspasó a la compañía inglesa The British and foreign Trading, con domicilio social en Londres, que a su vez vendió los derechos a The Corunna water company, de la que era consejero Maximiliano Linares Rivas, hermano del que sería ministro de Fomento. Las obras empezaron en 1893 y estuvieron condicionadas por una serie interminable de conflictos -de los que se hace eco un legajo existente en el Archivo Municipal con el indicativo título de Pleitos contra la Compañía- e importantes errores técnicos. Al filo del siglo XX, las obras estaban prácticamente abandonadas y la situación sanitaria de la ciudad gravemente afectada por focos de tifus que se extendían a causa de la mala calidad de las aguas que consumía la población. (En 1897, causó conmoción en España un estudio del ingeniero Fernando García Arenal en la Revista de Obras Públicas en el que desvelaba las condiciones de insalubridad en la que vivían las urbes abastecidas por fuentes públicas, diezmadas sobre todo por las fiebres tifoideas).
En el verano de 1900, comerciantes y empresarios de la ciudad retoman la iniciativa y fundan la sociedad anónima Aguas de La Coruña. Los nombres que figuran en los cargos de la empresa constituirán a lo largo del siglo XX la nomenclatura coruñesa que dominará la ingeniería, los negocios y la política en la ciudad.
Su primer presidente fue José Marchesi Buhigas, hijo de José Marchesi Dalmau, que fue alcalde coruñés en dos ocasiones: 1891 y 1893. A Marchesi le sucedió en 1908 -el año en el que el deseado proyecto se convierte en realidad- Pedro Barrié Pastor, tío de Barrié de la Maza, que entra como vocal en 1919 y sustituirá en 1939 como presidente en la sociedad a su tío Ricardo Rodríguez Pastor. Barrié Pastor representaba en la sociedad a la Casa de los Señores Sobrinos de José Pastor, que en 1925 se transformará en sociedad anónima, con la denominación de Banco Pastor.
Otros nombres relevantes que figuran en la génesis de la sociedad son el marqués de Ferrandel; Julio Waiss, ministro de Justicia en 1921; José Pan de Soraluce, subsecretario del Ministerio de Economía en 1930 y 1942; Demetrio Salorio Rubine, padre del que sería alcalde coruñés entre 1966 y 1969 o José López Sors, entre otros.
Con el paso de los años, la incapacidad de la Sociedad de Aguas de La Coruña para afrontar las necesarias inversiones en los retos que precisaba el suministro a una ciudad en fuerte expansión urbanística, especialmente en los años sesenta, obligará a sus gestores a ceder la concesión al Ayuntamiento coruñés en 1967, aunque el cambio en la titularidad pública no se produce hasta la constitución de la Empresa Municipal de Aguas de La Coruña (Emalcsa) en julio de 1978.
Dudas sobre la capacidad de Cecebre para el suministro en un futuro próximo
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| El embalse de Cecebre en 1976. |
Las navidades pasadas llegaron con una noticia insólita: la ciudad coruñesa padecía en pleno diciembre de una impensable sequía. La alarma cundió cuando la Xunta alertó de que sólo quedaban en el embalse de Cecebre reservas de abastecimiento de agua a la ciudad para dos meses -una situación al límite que revirtieron las recientes e inesperadas lluvias, puesto que Meteogalicia había realizado en diciembre un pronóstico de sequía hasta mayo-.
Este fue el segundo invierno en décadas -si no en el siglo- en el que las autoridades municipales coruñesas se vieron obligadas a tomar medidas de restricción del uso del agua -se llegaron a parar fuentes y riegos- que vinieron acompañadas de anuncios por parte del Gobierno gallego de futuras ampliaciones en la capacidad de almacenamiento con la construcción en A Coruña de un nuevo depósito con una inversión de 8,3 millones de euros.
El embalse de Cecebre registraba entonces un depauperado 29% de su capacidad, ligeramente por encima del 22% que llegó a alcanzar en diciembre de 2006. Está claro que el agua ya no es un bien garantizado en la hasta ahora lluviosa Galicia.
La preocupación no sólo se refería a la posibilidad de que el abastecimiento a la población se viera afectado, sino a que por debajo de un 15% de ocupación comienzan a existir riesgos sanitarios relacionados con la calidad de las aguas almacenadas en el embalse.
La alarma no es sin embargo nueva.
LA OPINIÓN alertó ya a mediados de 2006 de que el Plan Hidrológico preveía que A Coruña necesitaría construir un nuevo embalse antes de quince años, ya que la capacidad de Cecebre no resultaría suficiente para entonces.
Las consecuencias del cambio climático parecen haber adelantado estas previsiones de posible escasez de agua.
El actual embalse de Cecebre fue construido a mediados de los 70 precisamente por las advertencias que el ingeniero Ricardo Fernández Cuevas incluyó en un informe de 1963 en el que ponía en duda el futuro suministro de agua a la ciudad.
En el estudio histórico coordinado para Emalcsa por los ingenieros Carlos Nárdiz y Carlos Valeiro, se incide en que el cambio de escala que se viene produciendo en la ciudad coruñesa y en el área metropolitana desde los años ochenta aconseja nuevos escenarios futuros que incluyen la construcción de una nueva presa aguas arriba de la actual, que evite las limitaciones que para el desagüe tiene el actual embalse, o la puesta en marcha de una nueva estación de tratamiento de agua abastecida desde la nueva presa en un lugar distinto del que ocupa ahora la estación de tratamiento de la
Telva.
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| José Marchesi Buhigas. |
"La banda de caciques y oligarcas sin otro ideal que la caja de caudales..."
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| Libros que recogen la agria polémica. |
José Marchesi Buhigas es un desconocido en la historia de la ciudad coruñesa. La investigación dirigida por los ingenieros Nárdiz y Valeiro desvela que "él mismo denunció la 'campaña de silencio' impuesta por consigna, que le condenaría a no ser mentado ni para bien ni para mal. Marchesi Buhigas da su versión de su cese en la presidencia de la compañía en 1908 en un libro ilocalizable titulado 'En defensa de un
nombre, en ars de La Coruña y de Galicia, Una explicación y cuatro verdades. De como el Banco de España llevó a cabo la destrucción de la sociedad mercantil Hijos de Marchesi Dalmau...'.
Escrito en 1911, abunda en el "sufrimiento moral y el tormento" a que fue sometido y que determinó la ruina de su negocio familiar. Marchesi culpa de su desgracia y de los atrancos al progreso de Galicia, además de la Banca, a "una banda organizada de caciques y oligarcas que obraban sin otro ideal que el de la caja de caudales..."
La primera casa con cuarto de baño
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| Edificio en el 7 de la calle Panaderas. |
Hoy resulta impensable una vivienda sin cuarto de baño, pero lo cierto es que los aseos con agua corriente son un lujo relativamente reciente. La guía de la arquitectura coruñesa publicada en 1998 recoge la peculiaridad de la primera casa que contó con este servicio sibarita en la ciudad de A Coruña. Y no fue hasta 1916, doce años después de la inauguración del abastecimiento de agua en 1908. El edificio más higiénico de la ciudad se encuentra en el número 7 de la calle Panaderas. Es una excelente muestra de la tradicional arquitectura de galerías de Juan de Ciórraga, aunque en la actualidad está visiblemente deteriorado por el abandono. La emblemática casa está ubicada casi enfrente de la Casa Museo de Casares Quiroga, restaurada el año pasado, y apenas a tres números de otro edificio notable: otra casa de galerías con una brillante fachada obra del arquitecto Julio Galán Carbajal, que aún puede contemplarse en el número 13 de Panaderas.
MÁS IMÁGENES
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Agua por menos de una
peseta
Arriba, fuente del Deseo en la plaza de Azcárraga. A la izquierda,
instalación de la fuente de Neptuno y obras de la primera traída
de aguas a la ciudad. Abajo, cuadro de las primeras tarifas de agua
en 1908, en las que se aprecia que un inquilino podía disponer de
agua corriente para inodoros por menos de una peseta al mes. |
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