Texto: Salvador Rodríguez
Un documental cinematográfico rescata del olvido una de las mayores gestas marítimas gallegas: un modesto pesquero de O Grove surcó tres continentes para escapar de Franco, Hitler y Fidel Castro.
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| Algunos de los tripulantes del ‘Nuevo Emden’ en una de las múltiples escalas de su odisea internacional. |
Cuando, tras la lectura de un libro publicado hace ya unos cuantos años por Edicións do Castro, el director y productor de cine Marcos Gallego quiso abordar la historia del Nuevo Emden para realizar un documental lo más exhaustivo y contrastado posible, se encontró con excesivas lagunas, con demasiadas interrogantes que quiso despejar trasladándose a la villa bretona de Concarneau, preguntando en Galicia a algunos de los descendientes de los protagonistas de aquella odisea, hurgando en los archivos de las causas militares abiertas por los franquistas que aún se conservan en Ferrol y, por fin, localizando al actualmente único superviviente de aquella tripulación, Arturo Meis, que tiene 84 años y reside en Miami. Meis, un niño el día en que se embarcó en aquella peripecia, sufre graves lagunas en su memoria, aunque su testimonio es uno de los más valiosos de entre los recogidos en la película O Novo Emden.
El libro que sirvió de punto de partida a Marcos Gallego, titulado De O Grove a Cuba (1937-1964), es en realidad el resultado del trabajo que, sobre unos apuntes manuscritos y “desordenados” de Juan Aguiño Vidal, O Picán, —copropietario, junto a Antonio Vila, del Nuevo Emden— efectuaron dos historiadores de la Universidad de
Salamanca.
Picán decidió, en sus postreros años, dejar testimonio escrito de aquella homérica navegación, pero no llegó a a ver publicada su voluntariosa crónica.
¿Cuáles fueron las causas exactas que impulsaron a aquellos hombres a huir de España aquel 16 de agosto de 1937, y a hacerlo de aquella manera? Indudablemente, no es difícil de sospechar que éstas tenían que ver con la Guerra Civil, pero Marcos Gallego y su equipo querían saber más. Por eso fueron a O Grove y a Concarneau para escarbar en la memoria. Y fue paradójica y sorpresivamente en la localidad francesa en donde avanzaron más en su investigación, porque allí, además de toparse con numerosos vecinos que recordaban aunque fuese vagamente oír hablar de aquella tripulación gallega, hallaron también un material fotográfico de incalculable valor, de hecho el único que se conserva de la odisea, parte del cual incluimos en estas páginas.
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| El ‘Nuevo Emden’ en Concarneau. En la cubierta del barco están Juan Aguiño, Arturo Meis y Antonio Vila. |
En Francia fue, también, donde dieron con un manuscrito de un gallego, Ramón Garrido Vidal, vecino y coetáneo de aquellos marineros y fallecido en Le Lille en 1995, que contestaba sin tapujos a la pregunta del porqué de la huida: simplemente, el terror. Y es que O Grove, en aquella altura histórica, era, como tantos lugares de una Galicia en la que había triunfado desde el primer momento el golpe militar, una villa envuelta en el terror fascista donde tan sólo el rumor de simpatizar con la causa republicana podía costarle la vida a cualquiera.
Pero la intención de aquellos “diecisiete hombres y un niño” no era sólo escapar, sino continuar trabajando en el mar, seguir viviendo de la pesca, en un sitio lo más parecido a O Grove, y por eso eligieron Concarneau, uno de los puertos más emblemáticos de la flota atunera. Sin embargo, eso no iba a ser posible. Escribe el cronista José Miguel Besada Fernández en la revista Aunios que, una vez llegados a Concarneau, “As autoridades francesas non lles permitiron a pesca comercial, polo que tiveron que buscarse a vida por onde puideron, traballando en distintos oficios que non eran propios deles. Como consecuencia desta difícil situación, foise xestando a idea de irse para América”.
No semeja muy claro que el Nuevo Emden hubiese permanecido en stand by durante dos años. Es más, todo parece indicar que faenó y, además, consta que su tripulación, cuyo patrón se llamaba Manuel Otero, permaneció en un buen porcentaje unida, como así se muestra y demuestra en las fotos encontradas en Concarneau. Y, además, finalizada la Guerra Civil, aquel barco ya debía ser “famoso”, puesto que las autoridades del régimen franquista les remitieron orden inmediata de regreso a España a la que los propietarios del buque respondieron poniendo al pesquero bajo pabellón francés.
Poco duró esa tesitura, porque tan sólo unos meses después estallaba un nuevo conflicto bélico: “A II Guerra Mundial —sostiene José Miguel Besada— trastornou tódolos plans que tiñan, pois, para empezar, as autoridades francesas inmobilizan o barco incluso sacándolles pezas do motor, polo que os tripulantes volveron a pasar serias dificultades ó non poder volver a recupera-lo traballo da pesca”.
En 1942, toda la Bretaña era región ocupada por los nazis y gestionada por el gobierno títere de Vichy liderado por el mariscal Petain. Bien puede decirse así pues que los marineros gallegos partieron de “Guatemala” (paradójicamente, y ya sin comillas, ese sería uno de sus destinos) y fueron a parar a “Guatepeor”. En Concarneau volvieron a respirar aquel ambiente de terror que ya habían padecido en O Grove. Es más, durante uno de los bombardeos de la aviación aliada —según unas fuentes, o debido a que los alemanes habían sembrado de minas el puerto, según otras—, el Nuevo Emden resultó hundido si bien, felizmente, lograron reflotarlo. En 1944, restablecida la soberanía francesa, el buque volvió a las manos de sus propietarios gallegos, quienes, para poder faenar, optaron por cambiarle de nombre, pasando a denominarse el Zorija. No obstante, los galos continuaban poniendo obstáculos a su trabajo (les exigían que contratasen a personal técnico con nacionalidad francesa), de manera que, hartos de tanta traba burocrática, emprendieron una curiosa travesía camino de Marsella, creyendo que allí el control sobre ellos sería menor: “Esta viaxe do barco —seguimos a Besada Fernández— foi moi pintoresca, a través do interior de Francia, entrando por Burdeos ó longo do Canal do Mediodía, con 150 esclusas, ata Sète.Tamén esta resultou ser unha viaxe inútil, pois tampouco os deixaban pescar, regresando outra vez a Concarneau onde se integraron, coa complicidade das autoridades francesas, nunha cooperativa de pesca ó mesmo tempo que esperaban una indemnización pola incautación do barco que nunca chegaron a percibir”.
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| Fotos de los tripulantes realizadas Argeles. |
AMÉRICA, AMÉRICA
Harto de los franceses, y todo parece indicar que debido a una llamada recibida para faenar en aguas de Guatemala, el en esa época ya único propietario del Nuevo Emden, Juan Aguiño, toma la decisión más audaz de su vida: aceptar la oferta de Guatemala. No se sabe cómo se las arregló pero el 8 de septiembre de 1948, después de que hubiese sido descartada la posibilidad de trasladar al pesquero en las bodegas de algún mercante, zarpaba del puerto de Concarneau, con permiso camuflado, un remozado Nuevo Emden con Juan Aguiño, tres tripulantes y, dice Besada, “un invitado” a bordo. El resto de los marineros se quedan en Bretaña, aunque varios retornarían no mucho más tarde a España (según ciertas versiones, algunos habían regresado antes, incluso en plena Guerra Civil, pero esa es una de las lagunas que todavía contiene esta historia).
El Nuevo Emden —trece metros de eslora y dotado de un motor que sólo alcanzaba las siete millas por hora— se enfrentaba a todo un reto y, por si pareciese dificultoso, y aún diríamos que utópico, encima iba a hacerlo efectuando dos escalas escalas en África: Casablanca y Dakar. De ahí, “pasan pola costa da Guyana francesa e á altura de Trinidad Tobago abríuse unha vía de auga no barco, polo que tiveron que atracar no porto de A Guaira, onde non foron ben recibidos, xa que non querían inmigrantes”. Después de reparar el barco, Aguiño y sus hombres reemprendieron la travesía y, tras escala en Puerto Cortés (Honduras), arriban por fin a Puerto Barrios, ya territorio de la República guatemalteca, “onde —relata el cronista— foron recibidos cunha grande apoteose, con banda de música e discurso, e ata os levaron en avión á capital, alcanzando grande popularidade”. A todo esto, estamos ya en diciembre/2 de enero (según las distintas fuentes) de 1948/1949: en cualquier caso, habían transcurrido cuatro meses desde su partida de Bretaña.
En Guatemala el Nuevo Emden no duraría ni un año. Al contrario de lo que pensaba Juan Aguiño, aquello no era ni mucho menos ElDorado de la pesca. Besada Fernández explica que en aquel país “as axudas oficiais eran escasas, a pesca era dificultosa e o consumo de peixe non habitual entre aquelas xentes; tanto foi así que callou a desilusión...” La desilusión y la penuria fueron las principales razones por las que al ya veterano Nuevo Emden, botado en 1936, le tocó emprender un viaje más, en esta ocasión cercano, cuyo puerto de destino era La Habana. Lo que nos sospechaban los del barquiño era que, a pesar de la proximidad, en esa travesía aún habría de sufrir las iras de una de aquellas tormentas tropicales que azotaron el Caribe aquel verano de 1950.
La Cuba a la que llegaron los marineros de Aguiño, entre los que aún figuraba Arturo Meis, era la Cuba de Fulgencio Batista o, lo que es lo mismo, un país con una burocracia corrupta que les obligó a permanecer más de un año en el dique seco, situación que daría paso, eso sí, a los mejores años de aquella embarcación que volvió a cambiar su nombre original por el de Juanito y se especializó en la pesca de camarón entre la costa cubana y la península de Florida.
Establecidos definitivamente en la localidad de Batabanó, la bonanza económica de la que por fin disfrutaba hizo que Juan Aguiño llamase a la familia que aún estaba en España para llevar las riendas de un proyecto empresarial que, fatalidad para él, iba a truncarse por “culpa” del triunfo de la Revolución de Fidel Castro en 1959 y la consiguiente “nacionalización” de todas las empresas de la isla. Y la de Aguiño, obviamente, no iba a ser una excepción: rápidamente, el barco quedó integrado en la Cooperativa de Pescadores de Playa Florida, bajo gestión, por supuesto, de las autoridades revolucionarias.
El 16 de junio de 1962, el armador grovense regresa, esta vez sin su barco, a España, pero al cabo de ocho meses, invierte la ruta y vuelve a Cuba con otro de sus audaces planes bajo la manga y, en el objetivo, el caladero de
Nicaragua.
Aguiño encontró al ex Nuevo Emden en lamentables condiciones, pero aún así afrontó su reparación y puso proa primero al puerto de Key West (Miami, Estados Unidos) y, posteriormente, a la ansiada Nicaragua, donde tropezó con un panorama calcado del que había experimentado en Guatemala unos años antes: escasez de pesca y flaco mercado. Cansado ya y desanimado, el armador vende por fin el Nuevo Emden a una compañía norteamericana al precio de diez mil dólares y retorna definitivamente a España. Transcurría ya 1965 y habían pasado, por lo tanto, 28 años desde la partida de Porto Meloxo, el de os mecos, el de
O Grove.
P.D. Juan Aguiño falleció en 1968 en su villa natal. De los restos del Nuevo Emden se especula con que aún pueden yacer en “en algún lugar” de Miami.
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| Una imagen del rodaje del documental. |
Cine de investigación
Marcos Gallego enfatiza el trabajo de investigación realizado durante dos años, tanto en Galicia como en Francia y Estados Unidos, antes de que comenzase el rodaje, porque en ese sentido el documental Novo Emden es algo más que una película. Es, básicamente, el resultado de un esfuerzo por la recuperación de la memoria histórica de la Guerra Civil en Galicia. “Aínda que os textos de Juan Aguiño foron o noso referente principal —explica Gallego— tamén contamos cuns arquivos documentais que se revelaron para nós de extraordinario valor e que cotexamos coas testemuñas persoais. En primeiro lugar, toda a documentación xerada a raíz da causa que as autoridades militares franquistas abriron contra os homes do Nuevo Emden por rebelión, a Causa Militar Nº 728/37, na que atopamos as transcripcións dos interrogatorios realizados a familiares e a algúns dos propios fuxidos. Os informes sobre o curso da pesquisa e outros documentos que foron alimentando a causa militar achegáronnos datos fundamentais á hora de reconstruír algúns dos capítulos oscuros desta historia”.
Mención especial le merece a Marcos Gallego la visita a Concarneau porque “alí atopamos a carpeta cos textos documentais que o Concello bretón atesoura sobre o barco e a tripulación en particular e sobre os refuxiados españois en xeral, e coa que xenerosamente permitíronos traballar as autoridades de Concarneau. Gracias a ela, obtivemos por primeira vez o listado completo dos dezasete homes e o rapaz, e aínda fomos quen de conmovernos coa humanidade dun alcalde, Pierre Gaugen, que en todo momento tentou acubillar o mellor posible a aqueles pescadores que fuxían da barbarie”. Pocos años después, ese alcalde sería fusilado por los nazis, por eso, en opinión de Gallego, “debería haber un monumento na súa homenaxe en O Grove”. En el documental del Nuevo Emden, producido por SagaTV, destaca la presencia de tres actores aficionados grovenses, Atenea Fernández, Jacobo Otero y David Otero, que, dice Marcos Gallego, “personifican a busca da memoria, intentando achegar ó presente esa epopea. Deste xeito, actualidade e historia vense mesturadas nun todo case psicanalítico, que leva implícita unha reflexión sobre o esquecemento do pasado, e, en definitiva, da memoria”.
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