La Opinión a Coruña

Volver a la Página Principal

Vivir contra el miedo

Texto: Salvador Rodríguez

Carmen Esperante: “Las drogas y el alcohol no deberían ser eximentes ante la ley en este tipo de delitos”
Rosa Creo García: “Tenía celos hasta de su propio hijo, así que nos pegaba a él y a mí. No se cuándo, pero estoy segura de que tarde o temprano vendrá a mi casa a buscarme”
Carmen y Rosa, en la sede de la asociación Liberanza, en Santiago.

Texto: Salvador Rodríguez
Rosa Creo García asegura conocer lo que significa estar muerta. Lo experimentó varias veces a lo largo de los quince años que convivió en matrimonio con su ya ex marido, “de los cuales catorce —apunta— fui víctima de malos tratos”.
–¿Cómo y por qué empezó todo?
–Pues empezó por celos.
–¿Celos de que usted se fuese con otro hombre?
–No, qué va. Celos de nuestro propio hijo.
Un año después de casarse la pareja se trasladó a vivir a Suiza, donde ambos encontraron puestos de trabajo. “Al principio —cuenta— optamos por dejar a nuestro hijo en Galicia, con los abuelos, pero cuando cumplió ocho años, decidí llevármelo a Suiza. A aquellas alturas yo ya había sufrido malos tratos pero, cuando llegó el niño, la cosa fue a peor. La tomó con él, le pegaba porque, dentro de su mente, mi marido consideraba que el chaval ocupaba un sitio que le correspondía a él, que él creía suyo, de su exclusiva propiedad. A partir de ahí, todo fue un infierno”.
–Y aún así tuvieron más hijos...
–Sí, una niña, más porque lo quise yo que porque lo quisiese él.
–¿Y qué pasó?
–Que se volvió todavía más agresivo. Empezó a beber, a tomar pastillas y a presumir de que me engañaba saliendo con otras mujeres que, por supuesto, eran más guapas que yo y, en la cama, decía que le satisfacían más sexualmente. Me reprochaba que, encuestiones de sexo, yo, además de fea, era una inútil que no valía para nada, sólo para trabajar.
–¿Y por qué le confesaba a usted que se acostaba con otras mujeres?
–Porque le divertía hacerlo, para que yo rabiase. Encima, era un cínico, porque cuando le decía ‘Mira, si te vas con otras, mejor no me digas nada a mí’, él me contestaba: ‘Yo te lo cuento porque así no es pecado’.
–¿Qué tipo de malos tratos sufría usted?
–De todos los tipos. Empezó por los psicológicos, pero luego siguió por los físicos y de ahí se pasó a los sexuales. Y esos eran los que más me dolían; los malos tratos sexuales, me dolían, sí, pero me dolían en el alma. Fue lo que más me costó asimilar y después superar psicológicamente.
–¿En qué estado se encontraba él cuando la maltrataba?
–Bueno, a veces olía a alcohol, pero yo no podría asegurar que estuviese lo que se dice borracho, borracho. Lo que pasa es que él es un hombre tímido, pusilánime, que al beber unas pocas copas se vuelve agresivo, valiente a su manera. Varias veces, cuando nos despertábamos al día siguiente, al recordarle yo lo que me había hecho una de esas noches, él me contestaba: ‘Mira, si todo lo que dices es verdad, si te hice todo eso, lo mejor que puedes hacer es dejarme....o igual me marcho yo’. Pero ni yo me atreví a dejarle ni, claro, él se marchó, a pesar de que cada dos por tres me amenazaba con irse, con cambiarme por otra.
El marco de esta charla es el pequeño local de la asociación Liberanza de Santiago, un colectivo que lucha contra la violencia doméstica y de la cual es presidenta Carmen Esperante, mujer que convivió en matrimonio con un hombre que la molió a palizas durante casi veinte años. “Aún tengo cicatrices en las piernas de aquellas tundas”, asegura. “Yo pienso —opina Carmen— que lo del alcohol y las drogas como eximente de los delitos de violencia de género es un cuento con el que hay que acabar de una vez por todas. Conozco cientos de casos, empezando por el mío propio, en los que los maltratadores ni eran alcohólicos ni drogadictos, simplemente tenían mala hostia, eran malas personas, como mi marido, agresivos y a la vez cobardes que no se atreven a hacer sobrios lo que hacen cuando se toman unas copas”.
“Mi marido —retomamos el testimonio de Rosa— siempre delegaba en mí las decisiones. En el entorno social en el que nos movíamos él hacía creer a los demás que quien mandaba en casa era yo, pero luego cuando volvíamos me echaba broncas tremendas, me machacaba por todo lo que había dicho, hecho u opinado”.
Herminia Buceta se salvó de morir porque no estaba en casa.

–Y en su caso, Carmen, ¿cuándo empezaron lo malos tratos?
–Al poco de nacer mi hijo, lo recuerdo perfectamente. El niño padecía de ictericia y además tenía el estómago muy delicado, de manera que había que llevarlo constantemente al médico. Un día, mi marido me sorprendió maquillándome un poco antes de llevar al niño a la consulta y me preguntó muy enfadado que por qué me maquillaba tanto, que si era por seducir al médico, fíjate qué cosas se le ocurrían...
–¿Y?
–Y me propinó la primera mano de hostias de nuestro matrimonio. Desde ese día ya no paró.
En 2004, Rosa Creo, su marido y sus hijos regresaron a Galicia. “Pensé que aquí se calmaría más pero ¡qué va! más bien todo lo contrario, la cosa fue a peor. Optó por aislarme, porque yo no tuviese casi ningún tipo de contacto con la gente. De hecho, hubo un momento, en un encuentro casual con unas amigas, que me vieron tan mal que pensaron que tenía cáncer. Estaba en los huesos y con una cara que parecía un cadáver”.
–¿Y, por dentro, cómo se sentía usted?
–Me miraba al espejo y me decía a mí misma. ‘Dios mío, yo ya no soy una mujer’. Estaba completamente anulada, era como si no existiese, como si no fuese nada, una mierda...y encima tonta, porque cuando veía en televisión o en la prensa alguna noticia sobre malos tratos me preguntaba para mí: ‘¿Y esta mujer cómo es que no lo dejó antes? ¿Por qué le aguantó tanto tiempo?’. Me hacía esas preguntas sin darme cuenta de que mi caso era exactamente el mismo, o peor, y sin embargo yo no lo sabía ver.
–¿Le contaba a alguien qué es lo que pasaba dentro de su matimonio?
–Se lo conté a mi madre y, bueno...l o único que me aconsejó fue que aguantase, que aguantase... por el bien del matrimonio y por los niños.
“En casi todos los casos se repite el mismo esquema —interviene Carmen—. Los malos tratos suelen comenzar por pequeñas cosas, por nimiedades, pero todo eso va en aumento hasta que llega un momento en que ya no decides por ti misma, en que estás total y absolutamente anulada. Te van minando y minando hasta que llega un punto en que, paradójicamente, incluso sientes que eres tú la culpable de todo porque, hagas lo que hagas, a él siempre le parece mal ”.
–Y seguro que con el paso del tiempo hasta usted se daría cuenta de cuándo se le venía una paliza encima...
–Naturalmente. Cuando empezaba a correr las cortinas y a cerrar las ventanas de casa yo ya sabía lo que se avecinaba.
¿Que cuándo una mujer se despierta de ese estado de aletargamiento, de depresión, de baja autoestima a que conducen los malos tratos? Pues en cada caso siempre hay una espoleta, una alarma que de repente suena, se dispara. El día de la rebelión de Carmen Esperante fue aquel en que su hijo mayor, al sorprender a su padre pegándole a ella, se abalanzó sobre su progenitor “y si no le contengo lo mata, porque mi hijo le amenazó con que si me volvía a tocar iría a por él y no respondería de su actos. Ante esa situación, a la mañana siguiente, me fui de casa y me alojé en un hostal en el que me acompañaron mis hijos. Ese fue el final de mi matrimonio, aunque luego vendrían muchas vicisitudes, entre ellas varios meses en los que tuve que alojarme en la Casa de Acollida de Mulleres de Santiago”.
–Y los juicios, el papeleo....
–Bueno, yo le dejé todo a él, la casa, el negocio que teníamos juntos... y hasta corrí a cargo de las deudas.
–Pero antes usted ya había atravesado por peleas que a punto estuvieron de costarle la vida...
–Varias veces. En una ocasión me cogió del cuello y casi me mata por estrangulamiento. En otra me estampó contra la pared.... y en una ocasión cogió unas tijeras e hizo ademán de clavármelas. Entonces yo, que ya estaba rebelada, que ya había comenzado a reaccionar, cuando dejó las tijeras en el sitio, las cogí y se las puse en las manos diciéndole: ‘Venga, sé valiente de una puñetera vez y clávamelas de verdad’. Se quedó alelado. Le cogí por el cuello de la camisa, se lo arranqué y se acojonó. Entonces fui yo quien le di unas hostias. ‘Te vas a joder —le dije— porque así como yo llevo escondiéndome veinte años de tus palizas, por lo menos durante unos días quien se va a esconder eres tú’.
“Le denuncié en enero de 2007 —recuerda Carmen Creo–—.Ya no podía más. Había soportado de todo. Desde que me arrastrase por los pelos por toda la casa para que me acostase con él hasta tener que aguantar las humillaciones más inconfesables, incluidas las amenazas de muerte.Vivía con la sensación de que cualquier día me encontrarían muerta en la cama. Y yo que también me quería morir.... y entonces me marché, con mi hija”.
La historia de Rosa Creo García, que denuncia que continúa recibiendo amenazas de su marido, sorprende todavía más cuando nos descubre que sobre su ex esposo no pesa ninguna orden de alejamiento: “Esto se debe a varias razones. En primer lugar, porque nuestro divorcio se hizo por las buenas y, en segundo, porque en cuanto a la denuncia, ocurrió que el juez que llevó el proceso estaba en trámites de separación de su mujer, algo que no hubiera debido consentirse de ningún modo por la ley. Ahora esto está recurrido y estamos a la espera de celebración de un nuevo juicio”.
–¿Es por eso por lo que su hija pequeña vive ahora con su ex marido?
–En parte sí, y en parte porque la ha comprado. Le permite todos sus caprichos, le da todo el dinero que quiere, deja que su novio se acueste con ella en su propia casa.... y eso que mi hija sólo tiene 15 años, y su novio 19... Y, además...
–¿Además?

–Las útimas amenazas de muerte de mi marido las he recibido a través de mi hija.
Hace quince días, mientras se encontraba en una cafetería, Carmen Esperante recibió una llamada de su nuera, advirtiéndole de que su ex estaba en Santiago y se disponía a matarla: “Me aconsejó que pillase un taxi para marcharme inmediatamente de allí”.
–¿Cómo reaccionó?
–En un primer momento quedándome donde estaba pero, claro, como mi nuera insistía.... me fui.
–¿No tuvo miedo?
–No sabría contestarte. Cuando vives una situación como esta siempre te quedan trabas psicológicas pero ¿miedo? No, yo creo que no. Lo que me fastidia es que me consta que él, ahora mismo, vive en pareja y, sin embargo, aún anda empeñado en seguir jodiéndome la vida a mí. Y eso que ya han pasado diez años desde que nos separamos.
–¿Ha pensado en volver a compartir su vida con otro hombre, Carmen?
–Eso es algo que he dado por desechado completamente. Jamás. Y no es que odie a los hombres, es que no los quiero en mi vida.
–¿Qué les aconseja usted a las mujeres que ahora mismo están sufriendo esta desagradable situación?
–Por encima de todo, que se vayan de casa. Si quieren denunciar, que denuncien, que se divorcien pero, ya digo, antes que nada, que pongan distancia con su agresor.
–¿Cómo se siente ahora mismo, Rosa?
–Pues como una persona que intenta rehacer su vida, como una persona que ya no tiene miedo de vivir porque por fin di el paso que tenía que haber dado hace muchos años.
–¿Y dónde ha quedado el miedo?
–Sigue ahí, lo confieso. Yo no quiero ser una víctima más, no quiero que me asesinen, pero tengo la intuición de que un día, no sé cuando, si más pronto o más tarde, él se presentará en la casa donde vivo porque sabe de sobra cómo localizarme. Se presentará allí, seguro, y, bueno, yo no sé lo que hará, no se qué pasará....

El cuarto crimen estaba anunciado

El asesinato de María del Rosario Peso, novia del recluso de A Lama Maximino Couto y cuarta víctima mortal por violencia de género registrada en Galicia (68 en toda España) a lo largo de este año 2008, también fue, de alguna manera, un crimen anunciado, aunque la víctima en esta ocasión no resultase la que se esperaba.
El pasado 3 de marzo, el agresor, que cumplía una condena de 31 meses por amenazar de muerte a su mujer, Herminia Buceta, fue detenido cerca de la casa gracias a la pulsera GPS. Pero lo único que se consiguió fue retrasar su objetivo.
Herminia, no obstante, ya lo veía venir “porque este hombre no es normal. Había violado la orden de alejamiento varias veces y hasta los vecinos nos habían dicho que lo habían visto merodeando la casa —contaba—. Incluso ya había agredido a mi hija mayor: le dio un puñetazo y la arrastró por el pelo; y, a mí, me escupió en la cara”.
El sábado 29 de noviembre, fecha del crimen, también volvió a la vivienda de su ex mujer forzando la entrada y llevándose por delante a varios vecinos que intentaron detenerle. Menos mal que Herminia vive para contarlo: no se hallaba en casa en ese momento.

El baile de los números del miedo

Galicia ocupa un puesto relativamente bajo dentro de las denuncias por violencia de género registradas en toda España: apenas el 5%. Las cifras que constan en el Instituto de la Mujer informan de que, en 2007, en la comunidad autónoma se llevaron a cabo 2.912 denuncias (de las 24.694 en todo el Estado). Sin embargo, otras fuentes estiman en 5.181 (53. 389 en todo el país) el número real de denuncias, al sumar no sólo las que llegaron a las comisarías de la Policía Nacional y la Guardia Civil, sino también las que se realizaron directamente en los juzgados locales u otras instancias.
Por lo que respecta a Pontevedra, fuentes de la Subdelegación del Gobierno concretan en 256 las denuncias efectuadas durante los tres primeros meses de 2008, en tanto que las denuncias por violencia machista el año pasado ascendieron a 1.319, decretándose un total de 1.134 órdenes de alejamiento. A Coruña figuraba en 2007, por delante de Vigo, en primer lugar de los casos de violencia de género en Galicia y, según el fiscal jefe, Carlos Varela, durante ese año se cursaron 1.063 procedimientos, de los que 916 fueron denuncias por lesiones, emitiéndose un total de 395 órdenes de protección.
Por su parte, la secretaria xeral de Igualdade, Carme Adán, en informe elaborado por Vicepresidencia de la Xunta, alertaba hace sólo unas semanas de que los médicos de atención primaria han constatado que una de cada tres mujeres que acuden a sus consultas sufre una situación de violencia. ¿Más cifras? En España se produce una media de alrededor de 176 denuncias diarias relacionadas con la violencia de género.