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Dependencia: zona cero |
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Texto: J.A. Otero Ricart
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Inés Vega, edil de Servicios Sociales de Castro Caldelas, con Luis Blanco, de 89 años, en su casa.
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Pura tiene 96 años y está impedida en su casa, sin poder moverse, al cuidado de su hija y de su yerno. “Non podemos deixala soa nin un momento. Dende que fai dous anos caeu e rompeu o fémur sempre temos que estar alguén de nós con ela”, nos dice su hija Remedios, a la que acompaña su marido Florentino. Purificación Rodríguez es una de las personas más longevas del municipio ourensano de A Teixeira, donde se da una de las mayores tasas de personas dependientes de toda Galicia.
Al igual que otras muchas personas de la comarca de Terra de Caldelas, Remedios está tramitando la ley de dependencia para recibir ayuda en el cuidado de su madre. “Din que poden darnos una axuda económica —añade Remedios—, pero eu prefería que viñera algunha persoa durante unhas horas e non que me paguen a mín, porque senón seguiría sen poder saír de casa”.
Mientras que la media nacional de personas dependientes es de 29 por cada mil habitantes, en Galicia se eleva a 36,64 y en la comarca de Terra de Caldelas se sitúa en el 75,15. Así se recoge en el estudio sobre la dependencia en España elaborado por investigadores del Grupo Séniors de la Universidad de Vigo que ha dirigido el profesor Manuel González Lorenzo. Por municipios, la tasa más alta en nuestra comunidad se da en San Xoán de Río (88,4) y A Teixeira (85,47).
El envejecimiento de la población, junto con la dispersión, es uno de los factores que explican esta alta tasa de dependencia. “La mayoría de los actuales dependientes de Galicia interior superan los 80 años”, nos comenta el profesor González Lorenzo. “Los hijos de estos dependientes —añade— están en gran medida dispersos por diferentes zonas urbanas de España, Europa o América. Asimismo, la mayoría de los dependientes residentes en áreas urbanas ha vivido una gran parte de su vida en contextos rurales”.
Y, junto al envejecimiento, la dispersión. Tan sólo un ejemplo: el municipio de Castro Caldelas, de 88 km2, tiene 1.860 habitantes repartidos en 14 parroquias y 86 núcleos de población. Así nos lo explica Inés Vega Núñez, concejala de Servicios Sociales del ayuntamiento. Es una de las personas que mejor conoce las condiciones de dependencia de muchos de sus vecinos. Es más, se ha encargado de agilizar la tramitación de la ley de dependencia, sobre todo en los casos más graves. “Uno de ellos —nos dice— es el de una persona que lleva 14 años en estado vegetativo y acaba de ser valorado gracias a la nueva ley”. Acompañamos a Inés y a la masajista terapéutica Nieves González a visitar a esa persona, que ronda los 80 años, en la parroquia de Santa Olaia. Hasta hace muy poco estaba al cuidado exclusivo de una mujer que convive con él y que ahora recibe una ayuda de 4 horas diarias de atención en domicilio.
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| Perfecto Vázquez en su vivienda de A Teixeira. |
En otra de las parroquias de Castro Caldelas, Sas de Penelas, visitamos a Luis Blanco González, de 89 años, que recibe con gran alegría la llegada de la concejala y de la cuidadora. Luis apenas puede moverse, pero tiene una lucidez mental envidiable: escribe a diario sus memorias y nos cuenta divertidas anécdotas en las que se ríe de su propia vejez. Lleva casado 70 años con su mujer Anuncia Gómez, la única mujer de su vida... “bueno, trabajé en Barcelona como encargado de una empresa de limpieza y tenía a mi cargo nada menos que a 600 mujeres”, bromea Luis, que tiene una dependencia de grado 1, nivel 2 y recibe ayuda a domicilio.
En el departamento de Servicios Sociales de Castro Caldelas, que coordina también la atención en los municipios de Montederramo, A Teixeira y Parada de Sil, trabajan 11 auxiliares de ayuda a domicilio. Mujeres como Benita, Mari Luz, Maruja, Mari o Laurita que se encargan de atender a cerca de 90 personas, que en su mayor parte tienen en torno a los 75 años, aunque hay alguna que supera los 90. Una de las cuidadoras se dedica a jornada completa en la atención a dos usuarios.
En A Teixeira nos encontramos con Perfecto Vázquez, que a sus 78 años vive solo en una de las viviendas del pueblo y se entretiene con el trabajo en una pequeña huerta. “Si, paso o día na casa ou na horta e de vez en cando vou ao bar a xogar unha partida ao dominó”. Al igual que muchos de sus vecinos, Perfecto tuvo que emigrar fuera de España para ganarse la vida: estuvo 30 años en Cuba. Ahora se recupera de una operación de cadera y recibe una pensión no contributiva. De momento se vale por sí mismo pero cada vez necesita más ayudas. “Para a comida non teño problemas e unha asistenta social ven dúas horas á semana para facer limpieza na casa”, nos dice Perfecto.
De camino entre Castro Caldelas y A Teixeira, en la parroquia de Santa Tecla, nos encontramos con Benigno Blanco, que pasea por la carretera con sus perros Perla y Yaki. También él fue emigrante; estuvo trabajando en Suiza, en Alemania y en Holanda. Ahora, a sus 77 años, se dedica sobre todo a dar largas caminatas con sus perros.
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| La masajista Nieves González. |
Antes de que sea tarde
En la emigración estuvo también el yerno de Purificación, Florentino González, al que algunas expresiones delatan su prolongada estancia en Estados Unidos: “Estuve trabajando en Nueva York y en Brooklyn durante 50 años”. Ahora prodiga su cariño con su suegra, a la que hace reír con sus bromas. Pero el drama de los cuidadores va por dentro. Remedios y Florentino son los cuidadores, pero ella tiene 74 años y el 75. ¿Quién cuida a los cuidadores? “Dende fai dous anos —apunta Remedios— temos que estar pendentes dela en todo momento, para levala ao baño, para darlle de comer… E agora, coa lei da dependencia, seguimos co papeleo pero teño medo que cando chegue sexa demasiado tarde”.
Y es que uno de los problemas con que se encuentran los familiares de los grandes dependientes es que muchas veces las ayudas no llegan nunca por el fallecimiento de los afectados. Es el caso de la ourensana María Teresa Gómez. Su madre falleció hace unos meses antes de que fueran aprobadas las ayudas previstas. “Era un caso muy claro —nos relata— pues con 84 años llevaba siete con alzheimer y estaba en una silla de ruedas con sonda nasogástrica y sonda en la vejiga. Cuando vinieron a hacer la valoración, después de tramitar todo, me dijeron que iban a poner que era un caso urgentísimo… No llegamos a tener nada porque mi madre falleció. Ahora me dicen que intente reclamar alguna ayuda económica, pero habría que meterse en juicios y eso es una locura”.
Pero volvamos a la zona cero de la dependencia en Galicia. En A Teixeira, un municipio de 529 habitantes repartidos en ocho parroquias, encontramos también a Cándido González, que vive en el pueblo con su esposa. A Cándido, de 75 años, le operaron de una cadera “e quedei de marabilla”, pero lo que lleva peor son las rodillas “con unha artrosis do demo”. Trabaja en su finca y cultiva unas viñas, y de momento ni él ni su mujer se ven como personas dependientes. Eso sí, reconoce que en el pueblo cada vez queda menos gente joven, hasta el punto de que ya no hay allí escuela: “Os catro ou cinco rapaces van á escola a Castro”.
En otro de los ayuntamientos de estas “tierras de dependencia”, San Xoán de Río, nos acercamos a uno de los bares, donde juegan una partida de tute cuatro de sus vecinos: Pedro Fernández, Abel Bugallo, Benigno Gómez y José Rodríguez. Los dos primeros superan los 80 años —Abel está más cerca de los 90— y los otros dos están también jubilados. Algunos de ellos trabajaron como emigrantes en Cataluña. “De este pueblo salieron muchos taxistas que trabajaron en Barcelona”, nos dice Benigno. Con una superficie de 61,7 kilómetros cuadrados, San Xoán de Río tiene 932 habitantes y está formado por 59 núcleos poblacionales, integrados en nueve parroquias. Algunos de los vecinos se quejan de la atención sanitaria, porque “agora, para pedir vez para o médico, temos que chamar por teléfono a Santiago e moitas veces nos retrasan as chamadas”.
El envejecimiento de la población es notorio en toda la comarca. En Castro Caldelas hablamos con Anxela Amorín Taboada, directora de la Residencia do Maior, en la que viven 32 personas. “Al encontrarse aquí bien atendidos —nos dice Anxela— no entran en la ley de dependencia, pero sí que informamos a todos los residentes para que estén al tanto de las posibles ayudas”. Veintidós personas —cocineros, limpiadoras, auxiliares de enfermería...— se encargan de atender a los residentes, uno de ellos —José Fernández— de 92 años. En la residencia hablamos también con Teodoro Rodríguez, que suele salir durante el día a pasear por el pueblo o “a jugar una partida al tute en algún bar”.
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| Nieves González durante una visita a domicilio en Castro Caldelas. |
Cuidar a los cuidadores
De acuerdo con los datos de distintos estudios, recogidos en el trabajo dirigido por el profesor Manuel González Lorenzo, el perfil del cuidador es el de una mujer (84% de los casos), hija de la persona dependiente a su cuidado (57%) con una edad media de 58 años y que dedica más de 12 horas diarias a esta actividad. Los varones, en la medida en que participan, comparativamente tienen más edad y son en mayor proporción cónyuges jubilados.
Los problemas físicos de los cuidadores son frecuentes: el 84% tienen algún problema de salud, el 70% dolores de cabeza y cansancio, más de la mitad trastornos de sueño y problemas osteomusculares. Comparados con los no cuidadores tienen peor salud percibida, mayor dolor y malestar, mayor riesgo de hipertensión, mayor cantidad de trastornos psicosomáticos y peor respuesta inmunológica; incluso, en cuidadores mayores, se ha detectado un mayor riesgo de mortalidad. Con todo, las repercusiones emocionales son más patentes que las físicas. La presencia de algunas reacciones emocionales negativas son prácticamente inevitables.
En el análisis de factores adicionales adquiere una importancia fundamental la penosidad del cuidado asociada a la presencia de conductas agresivas y depresivas e indirectamente a los problemas demenciales y mentales en los pacientes cuidados.
Sin embargo, el estudio dirigido por el profesor González Lorenzo constata también que, entre los cuidadores, pueden darse también consecuencias positivas: para muchos de ellos, la atención es un reto que les permite descubrir y desarrollar nuevas capacidades personales y nuevas dimensiones ético-religiosas.
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| Teodoro Rodríguez, de 81 años, vive en la Residencia do Maior de Castro Caldelas. |
“Muchas veces —apunta la masajista Nieves González— tenemos que aconsejar a los cuidadores, porque se centran tanto en su tarea que con frecuencia acaban con el síndrome del cuidador y llegan a enfermar ellos”.
Nieves está acostumbrada a visitar a enfermos en aldeas perdidas. “¿Que si encuentro alguna diferencia con respecto a las zonas urbanas? Los ambientes son distintos, pero si cabe en la zona rural la familia está mucho más pendiente de los enfermos que en las ciudades”.
Para el profesor González Lorenzo es fundamental “dar un respiro al cuidador. Se echa en falta un mayor número de residencias, una mayor participación del varón y de los demás miembros de la familia y, sobre todo, una asistencia domiciliaria real. La asistencia médica normal no es suficiente para estos enfermos, que tienen muchas difIcultades para desplazarse y múltiples problemas sanitarios”.
Hay que tener en cuenta que son muy frecuentes los problemas demenciales “con toda la problemática comportamental y psiquiátrica asociada (agresividades, depresiones, delirios, etcétera ) que son los que más desquician al cuidador. Es necesario un diagnóstico y seguimiento adecuado por personal especializado con servicios a domicilio”, concluye el autor del estudio, consciente de que la ley de dependencia tiene importantes lagunas por “su extrema lentitud. Están tardando año y medio en hacer efectivas las ayudas económicas de los primeros casos claros de dependencia solicitados”.
Y es que el futuro de Galicia, más allá de las frías cifras del análisis estadístico, depende de la atención que les prestemos a personas concretas como Luis, Pura, Cándido o Perfecto.