La Opinión a Coruña

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En el centro de la noticia

Texto: Elías Durán

Este mes se cumplen 200 años de la batalla de Elviña. Elías Durán, historiador de la Guerra de la Independencia, reconstruye en este reportaje un episodio que atrajo a numerosos periodistas y agentes ingleses a la ciudad herculina
Recreación de la batalla de Elviña.

Esta pequeña ciudad, aislada en una de las esquinas de España, fue en aquel momento de importancia, porque siendo la más cercana a Inglaterra, se convirtió en el punto de comunicación entre el Gobierno español e inglés”. Esta anotación en el diario del corresponsal de The Times en A Coruña, Henry Crabb Robinson, ilustra a la perfección el fenómeno de coruñofilia que vivieron los ingleses desde agosto de 1808 a enero de 1809.
Desde que los gallegos se levantaron en defensa de su país y marcharon a Inglaterra a pedir ayuda al rey Jorge III, las páginas de las más importantes cabeceras londinenses se llenaron de noticias procedentes de los diarios coruñeses. Algo comprensible si entendemos que era el único canal efectivo de comunicación y porque ya había existido un servicio de paquebotes entre Falmouth y A Coruña que los coruñeses llamaban tradicionalmente “os paquetes”.
La llegada de los diarios gallegos provocó una verdadera conmoción en Londres. Los editores, no ajenos a la utilidad y al gran servicio que prestaban, batallaron por lograrlas en exclusividad o al menos antes que sus competidores. Para ello se hizo imprescindible enviar a sus mejores hombres al terreno, como así ocurriría. La labor de estos corresponsales permitió a los ingleses conocer no sólo cómo marchaba la campaña, sino también cómo cuajaron las relaciones entre los dos países y cómo reaccionaron los gallegos ante tanto descendiente de Drake suelto por sus calles.
El primero y el más grande de cuantos llegaron a A Coruña fue Henry Crabb Robinson, corresponsal de The Times. El encargo no le hizo gracia. Acababa de regresar de una complicada misión en Alemania que casi le cuesta la vida y desconocía por completo tanto la lengua como las costumbres gallegas y españolas. A pesar de ello sus más de 50 crónicas, agrupadas en 35 artículos, fueron lo mejor que pudieron leer sus compatriotas por aquel entonces.

Plano de A Coruña procedente del Madoz.

Old Crabb, como sería más tarde denominado este insigne diarista inglés, llegó a la ciudad herculina el 31 de julio de 1808 acompañado de algunas cartas de presentación, que le sirvieron para tomar contacto con militares ingleses y autoridades españolas. Una de ellas fue Manuel Pardo de Andrade, director del Diario de La Coruña, con quien no mantuvo muy buenas relaciones pero le introdujo en las rutinas periodísticas españolas.
Robinson, que dejaría unas hermosas memorias sobre su estancia en A Coruña, pronto adivinó el verdadero carácter de los gallegos a los que fue quitando tópicos de encima propios de otras tierras españolas. Amó Galicia, y a pesar de la innata flema y sentido de superioridad inglés, supo comprender en sus crónicas el difícil momento que atravesaba su pueblo y se jugó la vida cuando se mantuvo hasta la retirada de Moore por servir a sus amigos de la Junta.
Sus dos últimas crónicas, escritas cuando sus compatriotas se batían con Soult en Elviña, han pasado a la historia como unas de las primeras crónicas de guerra contemporáneas, gracias a las cuales los horrores de la guerra llegaron a los lectores de una manera muy distinta de los clásicos relatos patrióticos a los que estaban acostumbrados.
El erudito John Allen
En noviembre de 1808 desembarcarían en A Coruña los Holland, familia aristócrata inglesa muy bien relacionada, tanto con el Gobierno inglés, como con los principales políticos españoles de la época como Jovellanos. Su misión oficial era la de asistir al Foreing Office; la extraoficial, generar un clima proespañol entre los ingleses para seguir forzando la ayuda inglesa a los españoles y conspirar para que el país se abriese a las nuevas corrientes liberales europeas.

John Allen, secretario de Lord Holland. Henry Richard Vasall Fox, Lord Holland.

Junto a Lord y Lady Holland viajó su médico, bibliotecario y secretario particular, el Dr. John Allen, que por aquel entonces era un auténtico erudito sobre la realidad de nuestro país. Este escocés, que escribiría un manifiesto en Sevilla a favor de la formación de Cortes, aprovechó la oportunidad para enviar una serie de crónicas desde A Coruña al Morning Chronicle, órgano político de los whigs, partido en el que militaba Lord Holland.
A pesar de no ser periodista de profesión, Allen conocía bien la prensa. Estaba muy unido al director del Chronicle, James Perry, y había coordinado con Lord Holland la última campaña electoral en la prensa. Su trabajo en España fue menor y aunque también dejó unas memorias sobre su estancia, en ellas analiza más la situación de las noticias que la realidad gallega, al contrario que Robinson.
En A Coruña residieron en 1808 otros dos enviados especiales. Su trabajo consistió en compilar publicaciones, cartas y panfletos y enviarlos a la metrópoli, acompañados de breves resúmenes de noticias y rumores que corrían por la urbe gallega.
El primero en llegar fue Mr. Pyecroft para asistir a Robinson en su trabajo en The Times. Por aquel entonces Old Crabb pensaba irse a Madrid para cubrir la formación de la Junta Central y porque en Londres se habían empezado a publicar unas crónicas en el Morning Herald de un corresponsal español. De él Robinson confiesa en sus memorias: “Estoy seguro de que su amistad me hubiese avergonzado, por suerte era necesario que nos mostrásemos como extraños el uno con el otro: más de una vez me preguntaron quién podría ser esa persona tan indigna y quién le habría introducido en tan nobles casas, a decir verdad en aquella época cualquier inglés podía acceder a cualquier lado”.

El corresponsal de ‘The Times’ Henry Crabb Robinson.

Más interesante fue el papel del agente inglés del Morning Herald, del que desconocemos su nombre. Escribió algunas noticias que se le escaparon al corresponsal de The Times, como el asesinato de un oficial inglés en una reyerta, o la detención de unos espías franceses. Su contacto debió de ser más con la tropa, pues destacó en sus breves noticias las discrepancias con el pueblo gallego.
Vaughan, el sorprendido
Otro de los grandes personajes ingleses que pasaron por A Coruña fue Charles Richard Vaughan, que con el tiempo llegaría a ser embajador de Inglaterra en EEUU. Llegó como asistente del superintendente de correos, Charles Stuart. Una fórmula elegida por el ministro de exteriores inglés, George Canning, para enmascarar su verdadera misión de inteligencia.
La labor de Vaughan fue muy importante, pues al conocer la complicada situación inglesa, no dudó en informar también de su trabajo a Lord Holland (en la oposición), y contribuir a la campaña proespañola que encabezaba en la prensa. Vaughan, que pediría a Lord Holland más de una vez algo de discreción quedó sorprendido de cómo había cambiado el carácter de los españoles cuatro años después de su primera visita. Dejó escrita en unas de sus cartas a Lord Holland: “Los Gallicians (sic), normalmente llamados gallegos, son de aspecto rudo y rústico, pero me chocó muchísimo la animación general que entonces parecía invadir a todas las clases y tipos sociales y que contrastaba tanto con aquella indiferencia hacia los acontecimientos públicos, aquella frialdad y apatía que yo había advertido en todas las reuniones de la gente cuando en ocasión anterior viajé por gran parte de España. En casi todas las calles de A Coruña se podían ver grupos de vecinos, adornándose con los colores nacionales y mostrando su lema favorito de vencer ou mourir pour el Rey Fernando VII (sic), escuchando con visible atención la lectura de periódicos o conversando con gran interés sobre los rumores del día”.
A Coruña había despertado con la guerra de su letargo. Los ingleses se dieron cuenta y los corresponsales lo escribieron en las páginas de los más importantes diarios de Londres. Galicia fue noticia y los gallegos estimularon, junto al resto de los españoles, la imaginación de un pueblo inglés desmoralizado por las continuas victorias de Napoleón. Poco duraría el sueño de hispanofilia. Igual que comenzó en A Coruña, terminó en sus costas con la retirada del ejército de Moore.

ELIAS DURÁN DE PORRAS es autor del libro Guerra de la Independencia. Henry Crabb Robinson y la corresponsalía de The Times en A Coruña (1808-1809), editado por la Fundación Barrié.

Recreación histórica de la batalla de Elviña. Postal inglesa que recuerda la batalla de Elviña.