La Opinión a Coruña

Volver a la Página Principal

Un coruñés coordina la mayor colección de cultura hispánica

Texto: Santiago Romero
El historiador coruñés Juan Manuel Pérez, en la Biblioteca del Congreso, en Washington.

120 millones de volúmenes en mil kilómetros de estanterías que atesoran las principales joyas bibliográficas. Este es el reino del saber en el que trabaja en Washington el historiador Juan Manuel Pérez

La Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, con unos fondos que superan ya los 120 millones en diversos formatos, distribuidos en más de mil kilómetros de estanterías, en más de 450 idiomas y dialectos, es la más grande del mundo y también la que posee la más variada gama de materias del conocimiento humano. Además de atesorar una inigualable colección de joyas bibliográficas. 
“Esta institución es única, viene a representar para el mundo contemporáneo lo que la vieja biblioteca de Alejandría representó para el clásico, además de ser una de las instituciones culturales más importantes del mundo donde trabajan más de cuatro mil personas en el servicio y conservación de estos fondos. Fue fundada en 1800 por el Congreso para servir de depósito de documentos relacionados con la legislatura, pero a medida que corría el siglo XIX se convirtió en una verdadera biblioteca nacional aunque no llevase tal nombre. Su misión principal es servir a las necesidades del Congreso y como tal actúa como su brazo de investigación e información, aunque también la usan las ramas ejecutiva y judicial del Gobierno de la nación. Es la mayor proveedora de información bibliográfica del mundo, el depósito más grande del mundo de mapas, atlas, música, tanto escrita como grabada, películas de cine y programas televisivos y más de 5.600 incunables. Al año la visitan más de dos millones de investigadores y turistas de todo el mundo”.
Juan Manuel Pérez debe hacer un descanso para recuperar el resuello en su ininterrumpida y entusiasmada enumeración de las colosales magnitudes de este templo del saber mundial en el que este  historiador nacido en Riveira y  doctorado en la Universidad de Georgetown ejerce como segundo coordinador en la División Hispánica desde 1988, bajo la supervisión del prestigioso hispanista Everette Larson, una de las autoridades mundiales además en cultura árabe.
“La Biblioteca del Congreso es uno de los grandes símbolos  de los Estados Unidos, que viene a representar las ideas de libertad y democracia del presidente Thomas Jefferson, quien vendió al Congreso su biblioteca personal en 1815 _—después de que los ingleses hubieran quemado el Capitolio en 1814— que consistía en 6.487 volúmenes. Ésta reflejaba los intereses intelectuales de Jefferson, que lo abarcaban todo: filosofía, historia, política, literatura, religión, ciencias, arquitectura, agricultura, además de libros en español, francés, latín y griego. Jefferson estaba convencido de que la supervivencia de la joven república dependería de una ciudadanía culta y preparada y con libre acceso a cualquier tipo de información. Por lo tanto, el Congreso, como máximo representante del pueblo, necesitaba acceso a cualquier clase de información que fuera necesaria para poder legislar y promulgar leyes justas y así contribuir al progreso de la nación. Él creía que no habría materia que un legislador no pudiese necesitar alguna vez. Para Jefferson existía una relación directa entre el conocimiento humano y la democracia. Esta filosofía de universalidad del conocimiento sigue rigiendo los destinos de la Biblioteca y su política de adquisiciones”.
Hablamos de la perdida tradición erudita de los pioneros presidentes estadounidenses —“aquí tenemos en custodia los documentos personales del presidente de referencia de Obama, Abraham Lincoln, incluso los objetos que llevaba en el bolsillo cuando lo asesinaron”— el mismísimo día en el que el primer presidente negro tomaba posesión en Washington en una jornada de enorme esperanza mundial que los hechos deberán ahora refrendar.  “Obama ha conseguido algo que la sociedad americana no conocía desde Kennedy: convertirse en el presidente de todos. Ha trascendido barreras generacionales, ideológicas y raciales. Es un hombre muy culto, ha leído mucha historia y se nota”.  Es más que posible  que  Obama  acabe por requerir en algún momento el asesoramiento de Juan Manuel Pérez, especialmente en los asuntos relacionados con España, puesto que el historiador coruñés ya sabe lo que es trabajar para la Casa Blanca.

La inmensa Sala de Lectura de la institución bibliográfica de Washington

“No sería de extrañar, ya que solemos tener pedidos de la Casa Blanca. En una ocasión me llamaron con urgencia y tuve que ir el sábado por la mañana porque era para el presidente —se trataba de Bush padre—, que  tenía que pronunciar  un discurso y la secretaria se lo quería tener preparado para cuando regresara el lunes. Durante la presidencia de Bush sénior, alguien  se quedó con mi nombre y me llamaban muy a menudo. Cuando se celebró la primera conferencia árabe israelí en Madrid, la Casa Blanca nos llamó para que le consiguiéramos información para el discurso que iba a dar el presidente Bush. Nos pidieron específicamente ejemplos en la historia de España en los que las tres religiones, judía, cristiana y musulmana, hubiesen convivido pacíficamente”, recuerda Juan Manuel Pérez.
El hilo erudito con la Casa Blanca no fue tan intenso  durante el mandato de Bush hijo. ¿Quizás porque no respondía al ideal ilustrado de Jefferson  y era menos amante de los libros que su padre?  El historiador coruñés sonríe antes de responder con diplomacia: “Quizás se haya asesorado con otros en la Biblioteca. Conmigo, desde luego, no.  Aunque los departamentos del Gobierno sí que llaman a cada rato”.
Quien sí le pidió consejo fue un buen amigo de Bush hijo, el ex presidente español José María Aznar.  “Había venido invitado por Bush y por la Asociación de Congresistas Hispanos y lo trajeron a la biblioteca.  Le  preparamos una exhibición de libros sobre política española”. En esa época visitaron también Estados Unidos los Reyes y fuentes del Gobierno español, y la embajada en Washington le pidió un favor. “El Rey tenía que leer un discurso en una sinagoga ante la comunidad judía de Nueva York y nos enviaron previamente el texto para que lo evaluáramos: por si caía dentro del contexto histórico o podía ser malinterpretado. Querían saber nuestra opinión.  Esas peticiones de las embajadas son habituales”.
También lo son algunas excentricidades de los miembros del Congreso estadounidense.  “Una vez acudió a nosotros un congresista  que se iba a  entrevistar con un presidente latinoamericano y recordaba que cuando era  estudiante había leído un poema sobre ese país del que sólo recordaba que citaba un río que cruzaba una ciudad.  Tuvimos que examinar a fondo la literatura de ese país hasta que dimos con el poema en cuestión.  En general, suelen pedirnos informes detallados cuando las comisiones del congreso viajan a algún país, como cuando se desplazaron a evaluar los daños del huracán Mitch en América Central.  Les entregamos informes muy completos que les permiten, por ejemplo, saber hasta qué tendencia política tienen determinadas personas que pueden encontrarse en su misión”.
Los fondos hispánicos de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos comenzaron ya con la biblioteca personal del presidente Jefferson, la cual contenía alrededor de cien volúmenes relacionados con el tema, especialmente crónicas y relatos sobre el descubrimiento, conquista y asentamiento portugués e hispano en el Nuevo Mundo.
“Se calcula que los fondos hispánicos de la Biblioteca del Congreso suman unos doce millones de piezas, de las cuales más de dos millones son libros y publicaciones periódicas, que hacen de estos fondos los más extensos en el mundo”, observa Juan Manuel Pérez.
A grandes rasgos, algunos de los tesoros hispánicos de la Biblioteca del Congreso incluyen los primeros libros impresos en América, los publicados en México en 1544, Doctrina breve muy provechosa, de Juan de Zumárraga, Tripartito del Christianissimo y consolatorio doctor Juan Gerson de doctrina christiana, de Juan de Gerson y Este es un copedio [sic] breve que tracta…, de Denis la Chartreux; y los primeros de América del Sur, Tercero Cathecismo y exposición de la doctrina Christiana (1585), de Luis López, y Vocabulario en la lengua general del Peru llamada Quichua (1586), de Antonio Ricardo. También cabe mencionar el primer libro impreso en las Filipinas, Doctrina Christiana, en lengua española y tagala (1593). Dentro de esta misma colección, conocida por el nombre de la persona que la donó, Lessing J. Rosenwald, se halla una edición de 1524 de la carta de Hernán Cortés a Carlos V de 1520, sobre la conquista de México, Praeclara Ferdinadi Cortesii de Nova mari Oceani Hyspania narratio.
Entre los incunables españoles cabe mencionar una edición de 1491 de Las Siete Partidas, el libro de Fernán de Mexía Nobiliario perfetamente copylado [y] ordenado por el onrrado cauallero Ferantd Mexia (1492). La obra de Juan de Torquemada, Meditationes seu Contemplationes devotissimae (1484), así como también otras obras de carácter legal, como Leyes del quaderno nuevo de las rentas delas alcavalas (Burgos, 1491), Leyes del Estilo (Burgos, 1498) y el Repertorium de pravitate haereticorum (Valencia, 1494). La Biblioteca también posee el primer libro publicado en Portugal Perush ha-Torah (Lisboa, 1489), de Moisés ben Nahman. Otro de los grandes tesoros es el Códice Trevisano, que forma parte de la colección donada por John Boyd Thacher, que incluye un informe de 1502 de un agente veneciano en España sobre los descubrimientos y exploraciones de los españoles y portugueses. Una pieza de incalculable valor  es el Libro de privilegios de Cristóbal Colón, del cual se dice que fue la propia copia personal del marino, aunque no lo sabemos a ciencia cierta”.

Algunas joyas de la Biblioteca del Congreso de los EEUU: códice azteca ‘Vindobonensis’, edición especial del ‘Contrato Social’ de Jean-jacques Rousseau (1762)

La biblioteca posee una de las mejores colecciones de las obras de Cervantes en el mundo, que incluye un ejemplar de la edición príncipe de El Quijote de 1605 y traducciones a treinta y tres idiomas, entre ellos el gallego.
Pero, sobre todo, una colección única en el mundo es el Archive of Hispanic Literature on Tape, también conocida como el Archivo de la Palabra. Este archivo oral comenzó en 1942 y en la actualidad hay más de 670 autores españoles, portugueses e hispanoamericanos que han dejado sus voces grabadas en el archivo, entre los que se encuentran, hasta el momento, ocho premios Nobel, entre ellos el coruñés Camilo José Cela. “Además, estas grabaciones contienen entrevistas y comentarios con los autores e incluso criticismo social por parte de los mismos. Por ejemplo, el conocido escritor español Juan Goytisolo escribió un obituario sobre Franco el mismo día en que murió el dictador. Al día siguiente, durante su visita a la Biblioteca, lo grabó para el Archivo antes de que nadie hubiera tenido la oportunidad de leerlo”
Sobre mapas y cartografía cabe mencionar el mapa de Martin Waldseemüller de 1507, el primer mapa donde aparece por primera vez el nombre América, que “fue adquirido por la Biblioteca por diez millones de dólares”.
 La Vellum Chart Collection contiene veintisiete cartas marinas  en papel pergamino de varias de las primeras escuelas naúticas, desde una carta marina anónima del siglo XIV del Mediterráneo oriental y del Mar Negro a las cartas hidrográficas del siglo XVIII y principios del XIX, creadas en la Escuela Real de la Marina en Cádiz.  Otra gran joya es el mapa T-O que se encuentra como una ilustración en la obra de San Isidoro de Sevilla, Etymologiarum sive originum libri XX. “El ejemplar de la Biblioteca es de 1472, pero originalmente fue dibujado en esa obra en 622-633. Este es uno de los primeros ejemplos de mappae mundi de la Edad Media”.
Uno de los proyectos más ambiciosos de la División Hispánica hasta el momento es el Parallel Histories: Spain, the United States, and the American Frontier/Historias Paralelas, un sitio web  bilingüe en varios formatos que explora la historia, geografía y la cultura españolas y la interacción entre España y Estados Unidos desde el siglo XV hasta el presente.
“El proyecto comenzó como resultado de un acuerdo sin precedentes en 1999 entre la Biblioteca Colombina y Capitular y la Biblioteca del Congreso. Este acuerdo estableció una colaboración digital cuyo principal objetivo era poner al alcance de estudiantes e investigadores documentos relativos a la cultura de España y Estados Unidos. Este primer paso dio lugar a un acuerdo con la Biblioteca Nacional de España, firmado el 24 de febrero de 2000 con motivo de la visita de los Reyes a Washington. Hasta el momento se han incorporado al proyecto más de 70.000 imágenes de documentos”.

 

El primer especialista en cultura hispánica _fue un fraile coruñés

Los eruditos coruñeses son ya una tradición en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos en Washington. “El franciscano coruñés David Rubio fue el primer especialista que tuvo la biblioteca en cultura hispánica, incluso antes de fundarse la División Hispánica por el hispanista Archer Milton Huntigton en 1939. Rubio era profesor en la Universidad Católica de Washington y trabajó en la biblioteca, donde aún se exhibe un retrato suyo y donde estuvo a cargo de los fondos hispánicos hasta 1943. Durante su mandato, estos fondos aumentaron de 15.000 volúmenes a más de  100.000”, aclara Juan Manuel Pérez.
El neoyorquino Huntigton, heredero de una de las mayores fortunas de Estados Unidos, dedicó su vida a la cultura hispánica. Fundó la Hispanic Society de Nueva York en 1904 y la Spanish Division de la Biblioteca del Congreso en 1939, a la que hizo importantes donaciones financieras.

“Curiosamente, hubo también otro franciscano coruñés, Lino Gómez Canedo,  que estuvo muchos años en Washington y , aunque no formó parte del personal de la biblioteca, fue uno de sus habituales investigadores.  Gómez Canedo era historiador, uno de los grandes latinoamericanistas, murió hace algunos años y dejó una extensa bibliografía sobre el periodo colonial de América Latina,  y también escribió un pequeño libro sobre el protagonismo de los gallegos en el descubrimiento y la conquista de América. Ahora se está  haciendo una compilación de sus obras”, señala el historiador coruñés

 

Un Quijote ilustrado en gallego por cinco mil dólares

El editor coruñés Raúl Seoane, con el único ejemplar que queda de la edición especial de ‘El Quijote’ en gallego. Uno de estos ejemplares fue adquirido por cinco mil dólares por la Biblioteca del Congreso de EEUU, aunque los últimos fueron vendidos a ocho mil. / Juan Varela.

Una de las joyas que atesora la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos es una edición de lujo de El  Quijote en gallego, ilustrado por buenas parte de los artistas gallegos contemporáneos, que fue adquirido por la institución de Washington por “unos cinco mil dólares” a la editorial coruñesa Xuntanza.  “Me di cuenta de que se trataba de una edición muy especial, creo que se hicieron menos de cien ejemplares, nos pusimos en contacto con el editor y lo compramos. Lo tenemos en la sección de libros raros, porque aparte de que viene ilustrado por una selección de artistas gallegos contemporáneos, acompañan al libro esas mismas ilustraciones a tamaño natural, las páginas son de un pergamino especial y la piel de Italia”, explica el historiador coruñés.

Aunque la más sobresaliente, no es la única adquisición gallega. “Tenemos mucha obra de Rosalía de Castro, la primera edición de la Historia de Galicia de Manuel Murguía. Tenemos mucho. Reciente compramos a la editora gallega Hércules el Proyecto Galicia y Galicia para soñar. Una de las últimas ediciones  es un estudio antropológico sobre la Semana Santa en Galicia”. Juan Manuel Pérez es quien toma las decisiones sobre compras en Galicia y, en buena parte, en España. “Las decisiones referentes a Galicia las tomo yo. Me dieron carta blanca. Aunque en aquellas compras superiores a mil dólares tengo que hacer un memorándum en el que se explique por qué esa compra es importante para los fondos.  También tomo decisiones referentes a España, aunque el principal responsable es Everette Larson, yo soy el segundo. Entre ambos hacemos las recomendaciones de compras”.