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Rescate de los órganos gallegos |
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Texto: J. A. Otero Ricart
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Andrés Díaz y Belén Bermejo, dos de los impulsores del proyecto. |
Un equipo formado por diez especialistas inicia los trabajos de catalogación de los casi cien órganos históricos que hay en Galicia
Es uno de los patrimonios culturales menos conocido de nuestra comunidad, hasta el punto de que se ignora incluso su número exacto. En las catedrales, iglesias y monasterios de Galicia existen entre 80 y 90 órganos históricos, cuya catalogación acaba de iniciar un equipo formado por diez especialistas. Los trabajos de documentación gráfica y sonora han comenzado a realizarse en parroquias de la diócesis de Lugo y posteriormente seguirán en el resto de las demarcaciones eclesiásticas gallegas. El proyecto, auspiciado por la Consellería de Cultura, se desarrollará durante los próximos dos años y tiene como objetivo la difusión y puesta en valor de estos peculiares instrumentos musicales, como paso previo a la posterior restauración y recuperación de unas piezas que en muchos casos tienen un valor artístico excepcional.
El coordinador del proyecto es el profesor de música Andrés Díaz Pazos, que lamenta “la situación de abandono en que se encuentran la mayoría de los órganos en Galicia”. De hecho, la idea del proyecto surgió ante la falta de datos sobre el estado en que se encuentran “estos instrumentos tan peculiares. A veces hay una caja espectacular —añade—, pero dentro hay un instrumento que no sirve para nada. La gente suele quedarse con la espectacularidad del exterior”.
Andrés Díaz, junto con Marisol Mendive, profesora de órgano del Conservatorio de Ourense, y Belén Bermejo, especialista en proyectos de gestión cultural, fueron los impulsores del proyecto. Lo presentaron el pasado verano ante la Consellería de Cultura y, tras discutirlo con responsables de Patrimonio y recibir el visto bueno, ahora han iniciado los trabajos en la diócesis de Lugo. El equipo está formado por diez personas, entre ellas dos organeros de Medina de Río Seco.
“De momento es difícil hablar de cuáles son los mejor conservados —apunta el responsable del proyecto—. Sí que hay instrumentos que sabemos ya que son interesantes, como el de Xunqueira de Ambía, pero me cuesta pronunciarme porque hasta que acabemos el trabajo no tendremos todos correctamente valorados... Ese es uno de los motivos del proyecto. Porque nos estamos llevando sorpresas, no siempre positivas, respecto a instrumentos que aparentaban de gran valor”.
Por lo que respecta a las cajas, en su mayoría son de madera de castaño y en general de buena calidad, por lo que se conservan bastante bien. La tubería suele ser de una aleación de estaño y plomo. La proporción de la aleación puede variar y dar calidades desiguales, en opinión de los técnicos.
“En general observamos que los más antiguos son de mayor calidad —tanto la caja como el instrumento— y que hacia fines del siglo XIX se produce un deterioro y una pérdida de conocimiento en el arte de la organería, con consecuencias muchas veces desastrosas sobre magníficos instrumentos, algo que, desgraciadamente, tiende a repetirse incluso hoy en día”, se lamenta Andrés Díaz.
Para Marisol Mendive, el proyecto era una labor “necesaria y urgente” para tener un primer inventario del patrimonio organístico de Galicia, por lo que agradece el apoyo que han encontrado en Patrimonio de la Xunta. En cuanto a las primeras impresiones de sus trabajos en Lugo, Mendive señala que en general los órganos se encuentran en un estado de abandono, con algunas excepciones.
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Una curiosa policromía del órgano de la catedral de Tui. |
El trabajo de catalogación que están llevando a cabo es único en España, pues lo realizan tres equipos de expertos en distintas materias. Así, un primer equipo lo forman tres artesanos expertos en retablos gallegos, que se encargan del estudio de las cajas. Un segundo equipo integrado por organeros estudia el funcionamiento interno de los órganos: mecánica, época de construcción... Por último, el equipo de coordinación y documentación realiza las grabaciones sonoras, así como fotografías y vídeos para tener un registro sonoro y gráfico de los instrumentos.
En Galicia no existen talleres específicos para la restauración de órganos, aunque sí algunas personas que hacen ese trabajo individualmente. Marisol Mendive insiste en la necesidad de asesorarse con expertos antes de abordar trabajos de ese tipo. Hay órganos que están cambiados; es decir, instrumentos de tradición barroca a los que se añadió un pedal para tocar obras del siglo XIX, o incluso alguno en que se han tapado los registros barrocos originales y el organero ha puesto sus propios registros... En fin, intervenciones que nunca se dejarían hacer, por ejemplo, en un retablo o en un cruceiro”.
Incide en la misma idea el coordinador del proyecto, Andrés Díaz, que ha podido constatar casos lamentables, hasta el punto de que “hace poco más de cinco años se encontraron instrumentos enteros tirados en la basura. Uno de nuestros esfuerzos es informar a los párrocos de la necesidad de poner los instrumentos en manos de profesionales respetuosos y competentes”.
Por su parte, el canónigo archivero de la catedral de Tui, Avelino Bouzón, destaca la caja del órgano de esa catedral como “una de las obras maestras del barroco”. En cuanto a los instrumentos en sí, señala que “tuvieron su época de gloria desde el siglo XVIII hasta 1921, año en el que dejó de existir la orquesta de la catedral”. En la actualidad el canónigo organista es Joaquín Estévez, quien apunta que la última restauración ha procurado no sólo “reponer” el órgano barroco sino ampliar sus posibilidades interpretativas.
Joaquín Barreira, organista de la catedral de Santiago junto con Manuel Cela, realiza también tareas de organero: “Se trata de un órgano de dos cuerpos, de tracción eléctrica y bastante grande. Nosotros realizamos el mantenimiento ordinario, pero hay otros aspectos que son pura electricidad y ahí ya no entramos”. En Galicia apenas quedan organeros. ¿Y organistas? Barreira destaca que hay gente joven que estudia órgano y que “se está produciendo un relevo generacional. Antes los organistas eran sobre todo eclesiásticos; ahora empieza a haber músicos de conservatorio”.
En cuanto a las peculiaridades del instrumento, Joaquín Barreira señala que “el órgano es algo muy complejo; es un mundo entero, porque a lo largo de los siglos se ha ido adaptando a la cultura de la época; hay también diferencias por países, hasta el punto de que se puede hablar de un órgano alemán con unas características distintas a los órganos españoles. Además, no hay dos instrumentos iguales, pues su sonido será diferente dependiendo del espacio en el que se encuentre instalado”.
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