La lesión de Filipe Luis enmudeció el estadio, sobrecogió a los jugadores e hizo llorar a Lotina. Sufre una fractura de peroné y luxación de tobillo, de las que ya fue operado
R. D. R. A CORUÑA
Casi nunca un gol carece de celebración. Pero el que marcó Filipe ante el Athletic, el 1-0, en la última jornada dejó mudo a Riazor después del arrebato de alegría lógico del público. El brasileño se lanzó a por un balón que caía muerto y lo empujó a la red, pero su ímpetu y el choque contra Iraizoz le destrozó un tobillo. De inmediato, los jugadores del Dépor se dieron cuenta de la gravedad del encontronazo. El doctor Ramón Barral confirmó el diagnóstico: sufre una fractura de peroné con luxación de tobillo y también tiene dañados los ligamentos del tobillo y una articulación que se forma entre la tibia y el peroné. Fue operado anoche en el hospital Santa Teresa y hoy se hará público el tiempo estimado de recuperación. La fractura afecta al peroné, no a la tibia. "Dentro de lo grave, es menos grave", apuntó el doctor Barral.
Fue la acción que marcó el encuentro. El equipo no estaba celebrando su primer gol. El gesto más repetido era la desolación de los futbolistas con la cabeza entre sus brazos. La grada calló. Lotina miró para otro lado con lágrimas en sus ojos. Lendoiro se levantó de su asiento para contemplar la retirada en camilla de su jugador más valioso. Los lesionados del equipo bajaron precipitadamente del palco al vestuario para interesarse por Filipe. Los médicos comenzaron a examinar al jugador. Se temió por una rotura de tibia y peroné. Horror. El siguiente diagnóstico fue más preciso: fractura de peroné y luxación del tobillo derecho.
La desgracia cayó una vez más sobre un futbolista del Deportivo. Hace años le ocurrió a Manuel Pablo. Después a Valerón. Ahora a Filipe. Este mismo curso Angulo se rompió una rodilla. El puesto de lateral zurdo se queda vacío, muerto. El equipo, hundido. En Facebook ya nacía ayer un grupo de apoyo a Filipe.