
En 1949 el Manchester City tomó una decisión delicada. Necesitaba un portero para cubrir la retirada de Frank Swift y sus dirigentes eran conscientes de que la decisión traería consecuencias serias. El elegido era Bert Trautmann, un guardameta que había brillado en el fútbol regional y que iba a convertirse en el primer alemán en llegar a la elite del fútbol inglés después de la II Guerra Mundial. Las heridas estaban demasiado recientes, sólo cuatro años antes había finalizado el conflicto, y el City era consciente de la que se venía encima. 50.000 personas se manifestaron por las calles de Manchester amenazando con boicotear al conjunto de Maine Road si hacía realidad esa contratación.
Trautmann soportó como pudo aquella tormenta y salió de ella convertido en un héroe. Tampoco le costó demasiado. La vida le había regalado experiencias suficientes como para superar la presión. Con 17 años se alistó como paracaidista en el ejército alemán el mismo año en que comenzó la II Guerra Mundial. Estuvo en la Polonia ocupada y combatió en Crimea y en las afueras de Moscú antes de ser hecho prisionero por los rusos. Se escapó de su primer cautiverio aprovechando un bombardeo alemán mientras reparaba carreteras y pudo regresar a su país. Fue enviado al frente del oeste donde volvió a ser hecho prisionero por los soldados franceses.
Huyó por segunda vez y cinco semanas antes de que concluyese la guerra unos ingleses lo sorprendieron mientras saltaba una verja: "Hola Fritz (así llamaban los ingleses a todos los alemanes), ¿quieres una taza de té?", fue la curiosa forma de recibirlo que tuvieron. Años después confesaría que "fue una liberación. Estaba muy cansado de escapar, de combatir. Todo cambiaba demasiado rápido".
Los aliados lo enviaron primero a Bélgica y poco después a un campo de prisioneros en Inglaterra ubicado entre las ciudades de Liverpool y Manchester. Trautmann era consciente de que en el fondo era un hombre afortunado. De la división a la que pertenecía sólo 90 soldados acabarían la guerra con vida. Él era uno de ellos.
En Inglaterra el fútbol era un perfecto pasatiempo para los prisioneros que organizaban partidos entre ellos o contra los vecinos. Cuando un par de años después se le ofreció la posibilidad de ser repatriado, Trautmann la rechazó "porque en Alemania no tenía casa, ni familia, ni trabajo". Se ofreció al gobierno inglés para desactivar bombas y se quedó en Inglaterra donde de repente se había convertido en portero gracias a que durante un partidillo una lesión le obligó a refugiarse bajo los palos. Ya no saldría de allí.
Tras la polémica de su fichaje por el City, el meta acabó convertido en héroe.
Y entonces un equipo de Regional le hizo un hueco y su fama comenzó a crecer. Le llegaron ofertas de importantes conjuntos y él aceptó la del Manchester City con un argumento sorprendente:"Me dijeron que la gente de Inglaterra es mejor cuanto más al norte. Por eso preferí al City".
Trautmann soportó de forma decorosa sus comienzos en el conjunto de Manchester y la polvareda que se organizó alrededor de su fichaje. A su primer encuentro con el equipo de reservas acudieron 27.000 personas. Eso da una idea del interés que despertaba su presencia. Pero también del odio que surgía a su alrededor.
Durante el primer año le llamaron nazi continuamente desde el graderío, aunque la resistencia en su estadio fue aplacándose gracias, sobre todo, a sus compañeros. Eric Westwood, veterano de Normandía y uno de los jugadores con más peso del vestuario, fue concluyente sobre aquella situación:"No existen guerras en nuestro vestuario". Y se acabó el debate.
Su cima futbolística llegó en la final de Copa de 1956 ante el Birmingham en Wembley. Con ventaja para el City a falta de poco menos de veinte minutos Trautmann sufrió un terrible encontronazo contra un rival que lo tuvo en el suelo atendido varios minutos. En aquellos tiempos todavía no existían los cambios y el meta alemán permaneció sobre el terreno de juego con un enorme dolor en el cuello. El acoso del Birmingham le obligó a realizar varias intervenciones en los últimos instantes para asegurar el campeonato. Dos días después los exámenes médicos revelaron el enorme riesgo al que se había enfrentado. Había jugado con una vértebra del cuello rota y tardó siete meses en recuperarse de la lesión para volver a disputar un partido. En homenaje a semejante acción, la Federación Inglesa lo premió como futbolista del año. Era el primer extranjero en ser reconocido con ese galardón.
Aquello provocó en Trautmann un sentimiento de gratitud hacia Inglaterra infinito. "Me considero más inglés que alemán. Mi educación comenzó después de la guerra. Hasta ese momento yo no había tenido capacidad para decidir. Ellos me aceptaron". Los reconocimientos para Trautmann continuaron sin parar. En 1964 su partido homenaje enfrentó a una selección de los dos equipos de Manchester contra Inglaterra y en 2004 la reina Isabel II le distinguió como oficial del Imperio Británico.

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