
Un año más, los cómicos volverán a campar a sus anchas por la ciudad. Por ahora, solo tomarán el teatro Rosalía, donde establecerán su cuartel general, pero titiriteros, malabaristas, mimos, clowns y demás fauna humorística tienen planeada una invasión a gran escala de las calles, aprovechando la abulia canicular del verano. No se tratará de un asalto violento, sino de la novena edición del festival Manicómicos, que, como es habitual, se dividirá en dos fases: la de actuaciones en recintos cerrados —que comienza hoy con el espectáculo de la _compañía El retrete de Dorian Gray—, y la de espectáculos al aire libre, que se desarrollará durante el mes de agosto.
Carlos Sante, director del evento, ve con optimismo la salud de Manicómicos en esta novena edición: "Es un festival hecho por nosotros, con cariño y dedicación. No es algo comercial, es una cuestión de espíritu y entrega —afirma Sante—. Nosotros nos peleamos por conseguir presupuestos y planificar el programa, y a nivel social, hemos logrado que esté ya estabilizado".
El cartel de esta edición sigue la estructura marcada en años anteriores: alternancia de grupos locales y nacionales, y la presencia destacada de artistas de nivel y fama internacional. En esta ocasión, el color local lo pondrán El retrete de Dorian Gray y Maquinaria Pesada, el factor nacional vendrá del grupo franco-catalán Los Excéntricos, y las grandes figuras mundiales serán la suiza Gardi Hutter_—una de las payasas más conocidas del mundo, según explica Sante—y el famoso clown estadounidense Jango Edwards, definido por el director del festival como "un monstruo". En pasadas ediciones, Manicómicos acogió espectáculos de humoristas tan reconocidos como el polémico Leo Bassi, aunque, para el director del festival, el personaje más relevante que ha pasado por el cartel del festival fue el mítico payaso italiano Carlo Colombaioni, fallecido en 2008: "Fue el más grande que hemos tenido. Quedan ya pocos pioneros, y él era uno de ellos. Fue de los primeros que sacó el circo de la carpa y lo llevó a la calle. Él fue el primero, un pionero del que bebió gente como Bassi. Su familia se dedicó a esto desde principios del siglo pasado, y su arte aún no ha sido superado", concluye el director.
El festival, según comenta Carlos Sante, ha echado raíces en la ciudad, y la asociación Manicómicos ha apreciado un sustancial aumento de interés por parte de la ciudadanía en el aprendizaje de disciplinas como el clown o los malabares. La prueba son los 80 alumnos a los que forman en sus clases de clown y teatro gestual. "Hay un interés muy grande. Esta es una labor persistente y de futuro", asegura Sante, quien ve un punto claro de inflexión respecto al interés por estas propuestas artísticas en territorio gallego: el Festiclown de Pontevedra. "Hubo un boom, ahí se empezó a dignificar el género. Fue un árbol que echó raíces", añade.
El apartado más complicado con el que deben bregar los organizadores de Manicómicos es, como el de todo evento cultural, el del presupuesto. Desde el año 2004, el festival cuenta con los mismos apoyos, el principal de los cuales es el del Ayuntamiento de A Coruña. Además, cuentan con el soporte de diferentes socios y una reivindicación clara en boca de su director: "con la Xunta estamos peleando muy duro, pero es muy complicado acceder".

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