
Galicia y, en concreto, A Coruña son fecundas en historias de marineros que recorrieron el mundo de caladero en caladero, dejando en el camino vivencias, desventuras y, en muchos casos, la vida. Esos hombres anónimos son protagonistas en la exposición As visións do bacallao, que se podrá visitar en el Aquarium Finisterrae hasta el 15 de marzo. La instalación recoge una serie de fotografías, captadas por Lucien Girandin y protagonizadas por los marineros gallegos que llegaban a la isla de Saint Pierre, en el Atlántico Norte, a bordo de los arrastreros de las flotas gallega y vasca en los años 60 y 70 del siglo pasado.
A la inauguración de la exposición acudieron la concejal de cultura, María Xosé Bravo, y el director de los museos científicos coruñeses, Xosé Antón Fraga, quienes cedieron pronto la palabra a los sujetos de la exhibición: los marineros. Estos hombres, curtidos en mil batallas, apenas lograban disimular la emoción e incluso la nostalgia al recordar las dificultades sufridas en Terranova: "La primera vez que fui, iba en un barco de 27 metros —recordó Xosé Rego—. Era una vida durísima, pero recuerdo esos tiempos con alegría. Se ganaba dinero, pero aguantar aquello...".
Todos los marinos presentes en la Casa de los Peces sonreían al recordar anécdotas de las difíciles condiciones que tuvieron que soportar para llevar a cabo su labor: desde orinarse en las manos para cauterizar las heridas causadas por la sal y el frío, a soportar tempestades que no terminaron en tragedia por puro azar, como un temporal de siete días de duración a finales de los años 80.
Raimundo Pérez, que surcó esos mares en la década de los 70, explicó cómo los gallegos trataron de convertir la remota isla de Saint Pierre, al sur de Terranova, en una extensión de su tierra: "Llegamos a un acuerdo con los rectores de la radio francesa, y teníamos cuatro horas de programación en castellano. Dábamos los resultados del fútbol y poníamos discos dedicados de los marineros para las chicas del pueblo —comentó entre risas—. Más adelante, organizamos un centro de acogida". Trabajo duro, pero que dio de comer a mucha gente. Según Raimundo Pérez, de los 5.000 españoles que trabajaron allí, el 90% eran gallegos.
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