
Alfambra en sus orígenes era Alhambra, denominación que viene del árabe y significa la roja. El pueblo perteneció a los musulmanes hasta el año 1169, momento en que Alfonso II lo conquistó y pasó después a pertenecer a la Orden de San Juan de Jerusalén.
Tiene larga historia esta villa de castillo en lo alto, coloreada de rojo por sus tierras arcillosas y de verde por las arboledas que crecen a las orillas del río que da nombre a la población. Al llegar, diversas casonas nobles salpican el pueblo alrededor de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Y entre todas ellas destaca el antiguo palacio de Ricarda Gonzalo de Liria y Blesa, reconvertido actualmente en residencia.
También resultan de interés las distintas construcciones modernistas existentes en este bello municipio, como la que acoge al Museo de la Remolacha Azucar —Murea—, el único centromonográfico del mundo dedicado a este cultivo. La fuente también modernista sirve para dotar a esta villa de la comarca de Teruel de un aire distinguido, incrementado por la ingeniería ferroviaria localizada en la estación y en el puente de la Venta. Aquí se puede ver El Sueño, el nombre con el que el ingenio popular ha denominado a la hermosa silueta de un tren con pasajeros, forjada en hierro, que se construyó sobre el viaducto con motivo de la apertura de la línea de ferrocarril entre Teruel y Alcañiz —que pasaría por Alfambra—, en 1928, y que nunca llegó a entrar en funcionamiento. Desde la altura del cerro que domina al pueblo se puede contemplar brazos sobre la vega y sus gentes.La obra escultórica se talló con piedra traída expresamente de las canteras de Novelda (Alicante), y fue realizada por Antonio Rodríguez, alfambrino de nacimiento, en su taller de Calatayud (Zaragoza).
Ya otra vez en el centro, cerca del Museo de la Remolacha, un cartel indica el camino a seguir hacia la capilla de Santa Ana, otra de las visitas obligadas en este pueblo turolense. En este templo que los alfambrinos visitan en romería cada 14 de junio, se descubrieron hace dos años unas interesantes pinturas góticas del siglo XIV cuyas escenas se reparten entre la Última Cena, San Jorge y un San Juan Bautista. Después de algunas obras la capilla de Santa Ana es hoy una ermitamuseo de la que destacan también un mural con la cruz de la Orden de Malta y un reloj de sol de tipo analemático, uno de los mayores construidos en España.
El entorno del pueblo es igual de atractivo. Un paseo por cualquier camino de la vega del río Alfambra es una experiencia recomendable y, para los que gustan del senderismo, existen rutas como la de la ermita de San Juan, con un kilómetro de recorrido por la orilla del cauce. Además se mantienen tres rutas de senderismo oficiales, una por el camino de la antigua vía del tren, que pasa por barrancos y pozas, y otra que atraviesa las localidades de Cuevas Labradas y Peralejos.

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