C. VILLAR | SANTIAGO
Aunque algún antropólogo ya ha estudiado la idiosincrasia de los gallegos y ha intentado explicar las contradicciones de un pueblo que es capaz de ponerle a la vez una vela a Dios y otra al diablo, sigue llamando la atención palpar la paradoja identitaria sobre el terreno. La última pista la aporta una encuesta encargada por la Consellería de Medio Rural y presentada ayer por el titular de este departamento en Santiago que versa sobre si los gallegos prefieren el campo o la ciudad.
Así, mientras las estadísticas del INE aseguraban a principios del año pasado que Galicia contaba ya con 1.200 aldeas abandonadas y otras 700 en las que resistía una sola alma, en la encuesta elaborada por la Xunta entre mayo y junio se constata que prácticamente siete de cada diez gallegos consideran que, "comparado con la ciudad", vivir en los pueblos y en las zonas rurales es "mejor o mucho mejor". En concreto, un 43,5% de los que respondió se inclinó por la primera opción, "mejor", mientras que casi una cuarta parte (23,5%) indicó una predilección evidente y respondió "mucho mejor".
Más prudente se mostró un 2,5% de la población, que declaró que los dos entornos "no se pueden comparar". En clara desventaja quedaron los que alegaron que en el campo se vive "mucho peor" (un 2%) y "peor" (un 16,5%). Un 12% prefirió no decantarse y optó por equipararlas con un "se vive igual".
En la encuesta también se le pregunta a los gallegos cuáles son las ventajas y las desventajas de optar por una vida lejos del mundanal ruido. "La vida es más tranquila" fue el argumento más utilizado, en más del 70% de los casos, seguido de la cualidad por antonomasia que los extranjeros atribuyen a este territorio: "hay más contacto con la naturaleza", que fue alegada como ventaja por más del 40%. En un mundo en el que cada vez las personas tienden a encerrarse en sí misma, la tercera razón más acuñada fue "toda la gente se conoce", una ventaja que superó por poco a sus seguidoras: "es más fácil conseguir ayuda" y "la vida es más segura". Menos importancia tienen otros argumentos, también mencionados, como "hay más respeto", "los pueblos son más agradables" o "la vida social es más fácil".
Pero el campo también tiene su lado oscuro y en el capítulo de desventajas el primer motivo argumentado, en casi la mitad de los casos, fue que "no hay buenos servicios". A la hora de juzgar el mundo rural, los encuestados también miraron sus ingresos: más de la tercera parte opina que "hay menos trabajo" y casi una cuarta parte alega que "hay menos oportunidades para todo". Otro problema que destacan los entrevistados es que "hay pocos jóvenes". También se lamentaron de que "hay menos libertad", de que "la vida es más aburrida", de que "hay mucho caciquismo" o de que "hay mucha envidia".
El conselleiro definió el informe de "favorable" y reconoció que él mismo se asombró cuando lo calificó de "sorprendente". A su juicio, los datos indican "un cambio" en la percepción de "hace unos años" de la sociedad, donde imperaba la idea preconcebida de que vivir en el ámbito rural "era sinónimo muchas veces de una vida de calidad inferior a la de las ciudades". Pero la encuesta también reflejó el "limitado" conocimiento sobre los planes y ayudas para el desarrollo rural. Sólo un 15% de los encuestados conoce algún plan de este tipo.