CARLA LOSADA | SANTIAGO
Albergues saturados, carreras para conseguir sitio donde dormir, chinches en la cama, recorridos de madrugada con sólo la luz de una linterna... Son muchos los problemas que tienen los peregrinos que hacen el Camino de Santiago, sobre todo porque en los albergues de la Xunta no hay suficientes plazas. Los caminantes han de levantarse temprano, en plenas vacaciones -a las cuatro o cinco de la madrugada- no a causa del inclemente sol, sino para reservar lugar donde dormir.
Aún así, muchos peregrinos no lo consiguen y tienen que rascarse el bolsillo para pasar la noche en alojamientos privados e incluso en polideportivos, carpas y tiendas de campaña, apretujados y sobre el duro suelo.
En el Albergue de Arca do Pino, situado en Pedrouzo, a 20 kilómetros de Santiago, los peregrinos, que apenas han descansado durante la noche, hacen filas de tres horas para poder tirarse, ya exhaustos, en una cama. "Los caminantes están desde que abre el albergue, a las 10 de la mañana, hasta la una, haciendo cola y muchos no consiguen plaza", cuenta Carmen Caneda, una de las encargadas del alojamiento de Pedrouzo.
Carlos Viloria, un peregrino vallisoletano, constata que no sólo en el Albergue de Arca do Pino hay problemas para encontrar dónde dormir. "De los 7 días que llevo haciendo el camino, 2 no pude descansar en los alojamientos de la Xunta. Hacerse con una cama se convierte en una auténtica carrera, tenemos que levantarnos muy temprano para conseguirla", se queja Carlos.
La avalancha de peregrinos que en vísperas del Año Santo inunda Galicia, es sobre todo preocupante en O Cebreiro, uno de los lugares de partida del Camino. Así lo apunta Diana Ramos, una chica que comenzó la ruta en Madrid y que como muchos caminantes, ya con los pies destrozados y llenos de ampollas, tuvo que sufrir colas "de horas", para descansar en un lecho. "En Portomarín no me quedó más remedio que dormir en el polideportivo", protesta Diana.
La falta de un techo bajo el que dormir no es el único problema de la Ruta Xacobea. La espera de los peregrinos frente a los albergues cerrados da lugar a historias tan duras como la de una chica enferma, que obligada a estar bajo la lluvia, empezó a tener graves convulsiones. "Los encargados del albergue no se dignaron a abrirle a la chica. Todos nos tuvimos que quedar callados para que no se pusiera peor", comentan indignadas Ana Carracedo y Ángeles Ibáñez, dos chicas leonesas.
Por otro lado, el pésimo estado de algunos tramos del camino y la mala señalización despista a los peregrinos, que ya no saben qué dirección tomar, especialmente en el Camino del Norte. "Hasta Ribadeo las conchas que marcan la ruta están en sentido inverso", se quejan Ana Blas y Caridad Luengo, dos chicas que iniciaron el Camino desde Asturias.
Los peregrinos se quejan por el estado de algunos albergues. Algunos caminantes protestan por la dejadez de la Administración en algunos alojamientos para peregrinos, donde muchas veces no se cumplen las normas de higiene básicas.
"Llegué a coger garrapatas en un albergue y muchos lugares estaban poblados de chinches", se queja la leonesa Caridad Luengo.
Además, por el Camino de Santiago también se oyen historias como la de un grupo de peregrinos que tuvieron que limpiar un albergue, ya que la encargada no lo visitaba más de una vez a la semana.
"Un chico nos contó que en el Camino Primitivo ni siquiera tenían una fregona en el albergue, y tuvieron que pedirla en la casa de al lado, porque estaba plagado de suciedad", cuenta asombrada Caridad, y su amiga Ángeles Ibáñez, que la acompaña desde que comenzaron su viaje en Asturias.