M. FONTÁN / G. PORTO | VIGO
La marihuana se encuentra en plena época de cosecha. Y en el sentido más literal de la palabra, porque es ahora cuando las plantaciones se encuentran en su máximo esplendor y da comienzo la recolecta de la maría. La sustancia ilegal que más se consume en todo el mundo acaba de ser noticia en el municipio pontevedrés de Oia, donde la Guardia Civil decomisó esta semana a un matrimonio de sexagenerios el mayor alijo de cannabis de Galicia. Un hecho que no es casual, ya que en las últimas semanas han aumentado las aprehensiones en la comunidad con actuaciones en zonas como Caldas de Reis, Ourense, Miño e incluso las islas Cíes. Y entre las causas de esta avalancha de actuaciones policiales se encuentran no sólo el inicio de la temporada de recogida, con las plantas alcanzando ya varios metros de altura, sino también el incremento de la vigilancia policial debido a los incendios forestales, lo que facilita la detección de numerosos cultivos.
Vigilancia
Las incautaciones de marihuana se producen a lo largo de todo el año. En 2008, por ejemplo, la Policía Nacional y la Guardia Civil intervinieron más de 130 kilos de cannabis en toda Galicia. Pero es en agosto y en septiembre cuando se concentran el mayor número de actuaciones. "En la vigilancia que se realiza para prevenir los incendios a veces se observan movimientos extraños o plantaciones raras que controlamos y que finalmente resultan ser de cannabis", afirman fuentes policiales, que señalan que además ahora, cuando se inicia la recolección, es cuando se mide de verdad "la importancia" de una aprehensión.
La de Oia, donde se hallaron casi 400 plantas en invernaderos de una finca, es excepcional. Lo más habitual es encontrar plantaciones más discretas que, en el caso del cultivo exterior, suelen detectarse en fincas.
La marihuana ha encontrado un perfecto aliado para pasar lo más inadvertida posible. El crecimiento de la planta de cáñamo es paralelo al del maíz. "Es muy frecuente que aparezcan camufladas entre estos cultivos; lo más normal es encontrar tres o cuatro plantas y cuando se identifica al responsable se alega que es para el consumo propio", relata un agente. Tratar de justificar que la maría es para consumo propio cuando la plantación es de carácter industrial es dífícil. Pero las personas que se dedican a su venta han optado por una estrategia de la que no es ajena ni la policía ni la Guardia Civil. "Se investiga a personas que reparten semillas entre varios cultivadores; cada uno tiene tres o cuatro plantas y en diferentes lugares, por lo que al final se logra una plantación a gran escala que es prácticamente difícil de detectar", relatan fuentes conocedoras del caso. Una táctica con la que se busca eludir la acción de la Justicia, porque si una persona es detenida y se comprueba que la marihuana estaba destinada al tráfico, las consecuencias pueden ser muy duras: una condena de hasta tres años de cárcel.
La marihuana es protagonista de un continuo y manido debate. El que protagonizan los que defienden su legalización basándose, por ejemplo, en sus propiedades terapéuticas para sobrellevar mejor numerosas enfermedades y quienes, por el contrario, consideran que pese a tratarse de una droga blanda, es ilegal, tiene efectos nocivos y su uso debe ser proscrito.
Entre los primeros se encuentra Óscar Salgado Rodríguez, un vigués que es socio del grupo Viva María, un colectivo en el que se integran siete de las hasta 25 tiendas grow shop que funcionan en Galicia, unos establecimientos donde se venden semillas de cáñamo, algo que está permitido desde hace años. Su deseo es que el consumo de cannabis se normalice: "Me gustaría que no se hablara de la marihuana como una droga; lo que se está haciendo es ni más ni menos que criminalizar una planta".
El cannabis es la sustancia ilegal que cuenta con más adeptos: las últimas estadísticas a nivel nacional arrojan que prácticamente el 30% de la población la ha consumido alguna vez y casi un 10% lo hace todos los meses. Su cultivo para autoconsumo es frecuente, algo que queda patente por el auge de las tiendas grow shop o la celebración de ferias especializadas. "Es una planta con múltiples beneficios; no sólo a nivel medicinal, ya que es cien por cien reutilizable y sólo hay que recurrir a nuestra historia para ver cómo el cáñamo se usaba para alimentos, la industria textil...", señala Óscar Salgado.
Comercializar con marihuana está castigado con penas de prisión. El Código Penal, en su artículo 368, establece condenas que oscilan entre uno y tres años de cárcel. Hay sentencias de todo tipo y algunas han creado precedentes, como la de un juez de Alicante que absolvió en 2006 a un psicoterapeuta que cultivó casi 300 plantas porque comprobó que iban bien para las migrañas y realizó una investigación para estudiar las variedades. Otra exculpación sonada fue la de una asociación de consumidores: varios miembros fueron detenidos con 150 kilos de cannabis y un tribunal de Vizcaya consideró que la plantación reunía los requisitos para ser de uso compartido. Frente a las absoluciones, las condenas, como la impuesta hace un año a un lalinense: la Audiencia le impuso la máxima pena posible por plantar 40 plantas de maría en un terreno de la Xunta.