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M. VÁZQUEZ | SANTIAGO Los cadáveres de cientos de animales muertos en las explotaciones gallegas podrían dejar de enviarse a la planta de Sogama. La dirección del complejo de Cerceda ha ordenado estudiar cuáles son las alternativas para la planta que se creó en al año 2002 con la función de tratar y eliminar todos los materiales susceptibles de transmitir el mal de las vacas locas. Apenas ocho años después de su puesta en marcha, los responsables de Sogama se replantean la continuidad de este servicio tras constatar que ya no resulta rentable, aunque garantizan que durante 2010 todavía seguirán tratando este tipo de residuos.
Fuentes del complejo medioambiental vinculan el resultado deficitario de estas instalaciones al hecho de que el material animal que llega a la planta es cada vez menor. De hecho, en la actualidad los únicos restos que se trasladan a las instalaciones de Sogama para su incineración y posterior tratamiento son los procedentes del Centro Integral de Eliminación de Riesgos de Encefalopatías Espongiformes Transmisibles de Galicia, que es el que se encarga de analizar restos y animales para determinar si padecen la enfermedad. El resto, se derivan a la planta de la empresa Gestora de Subproductos de Galicia, la única autorizada a tratar este tipo de residuos además de Sogama.
En el año 2001, sin embargo, la crisis de las vacas locas planteó repentinamente la necesidad de eliminar con las máximas garantías sanitarias cientos de cadáveres de ganado vacuno. La falta de instalaciones para hacerlo obligó a desviar durante meses decenas de camiones cargados con restos animales a Gerona, donde sí existía una planta dedicada a la incineración y transformación de estos residuos.
Esta situación de provisionalidad se solucionó en marzo de 2002 con la puesta en marcha de la planta de tratamiento de restos animales asociada a Sogama. Sin embargo, las instalaciones dejaron de ser rentables hace ya cuatro años y desde entonces, los ingresos por el capítulo de los MER no han logrado repuntar. Así se constata también en los presupuestos del año 2010, en los que se subraya que los 93.670 euros que se prevé ingresar el próximo año por este concepto y la reducción del nivel de ingresos con respecto a lo previsto en el Plan de Viabilidad de Sogama sitúa a esta instalación "por debajo del umbral de rentabilidad".
La causa principal es la caída del volumen de residuos tratados: apenas 360 toneladas al año cuando en Galicia se generan unas 130.000. A esto se suma el hecho de que el procedimiento de eliminación en sí resulta muy costoso, ya que los restos primero deben ser triturados, posteriormente se queman a 133 grados de temperatura y, por último y tras haberlos deshidratado, se someten a un proceso de esterilización que concluye separando las grasas de las harinas cárnicas.
Aunque Sogama insiste en que el futuro de estas instalaciones dependerá del estudio que han encargado, de consumarse el cierre Galicia se quedaría sin la única planta pública de tratamiento de este tipo de residuos.
Esta posibilidad suscita los recelos del sector ganadero, que no entiende que ante un problema de salud pública, Sogama anteponga argumentos empresariales y económicos. Desde Unións Agrarias, acusan a la Xunta de "trasladarle al ganadero la responsabilidad de gestionar sus propios residuos" y advierten de que un tema que afecta a la sanidad "debe estar por encima de las pérdidas y ganancias de cualquier empresa". "Aunque existe una oferta privada, tiene que haber también un servicio público para que estos restos se gestionen con eficiencia y garantías", añaden.
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