Aunque el anterior gobierno bipartito había cerrado el grifo a la construcción de nuevas minicentrales en los ríos gallegos, desde el Ministerio de Medio Ambiente nunca se ha puesto freno a las decenas de solicitudes que se presentan para explotar los recursos hidrológicos de los ríos Miño y Sil.
Según los últimos datos, el Gobierno central estaba tramitando 71 centrales eléctricas en esta cuenca que es de su competencia -habida cuenta de que el Ejecutivo autonómico sólo tiene facultades para autorizar embalses en los ríos de Galicia-Costa-.
Del total de concesiones en tramitación en la cuenca del Miño y el Sil, 12 lo son para grandes embalses con una potencia superior a los 5.000 kilovatios y el resto, los otros 59 proyectos, se corresponden con solicitudes de minicentrales, de las cuales 24 ya tienen autorización y están pendientes de que se aprueben los proyectos de construcción para iniciar las obras. Los ríos Miño y Sil son los más buscados por las empresas hidroeléctricas para instalar sus aprovechamientos ya que su caudal garantiza una producción eléctrica constante a lo largo de todo el año.
Entre estos se encuentra el polémico salto de Santa Cristina, promovido por Iberdrola en Parada do Sil, que prevé perforar los cañones del río y bombear el agua a una balsa en la cima del cerro para luego aprovechar su caída y generar electricidad.
Por su parte, en la provincia de Pontevedra el único salto que se está tramitando es el de Sela, que afecta al ayuntamiento de Crecente, donde Fenosa y la portuguesa EDP plantean construir una triple presa.
El resto se reparten entre los ayuntamientos lucenses y ourensanos de O Barco, Nogueira de Ramuín, Chantada, Saviñao y Parada do Sil.