La última inmersión al pecio del Prestige se realizó en septiembre de 2007 a bordo del buque Siem Danis, que se trasladó desde Escocia hasta Galicia para repetir la experiencia de descenso de 2003 y grabar la evolución de las grietas del casco a casi 4.000 metros de profundidad.
El coste económico de esta operación superó los siete millones de euros y, según las actuales previsiones del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, será la última bajada al pecio que conste en el historial de la catástrofe del Prestige, ya que se descarta la posibilidad de otra inspección de tal magnitud. En la última expedición al fondo, los robots submarinos Argos y Fugro (lanzados desde el buque base Siem Danis), encargados de la revisión de seguridad a través de imágenes submarinas, constataron que no había riesgos.
Desde las inmersiones de 2003, en las que se utilizaron los robots G-4 de Thales y los Innovator para sellar parte de las fugas del Prestige y extraer más de 14.000 toneladas de hidrocarburos del pecio, nadie había vuelto a observar de cerca el esqueleto del petrolero.
En la última inmersión, el equipo de investigación comprobó que, las grietas que no habían sido selladas en 2003, seguían emitiendo fuel, cuatro años después. ¿Cuánto chapapote ascendía a la superficie por aquel entonces? Según fuentes de Repsol, las emisiones son de entre 20 y 50 litros diarios.
Ante el "escaso daño ecológico" que podría derivarse de la emisión de tal cantidad, el Gobierno no consideró la idea de tapar los agujeros todavía abiertos. ¿Cuánto fuel emite en la actualidad el pecio, dos años después de la comprobación in situ? Entre 10 y 12 kilos por jornada.
En 2003, la campaña de sellado de las grietas duró un mes. Según dijeron los expertos hace ahora dos años, cubrir los orificios restantes, podría demorar unos quince días. Los agujeros que quedaron sin cubrir se encontraban en lugares de difícil acceso y en estructuras muy deterioradas.