A. MARTÍNEZ | AROUSA
En 1920 José Benito Torres Bouzas y Peregrina Domínguez Moraña tuvieron un hijo. Pero no eran pareja, y el niño se quedó con la madre. A mediados de esa década, José Benito Torres decidió emigrar a Argentina, como ya habían hecho muchos vecinos de Paradela, una pequeña parroquia del municipio pontevedrés de Meis. Quiso llevarse con él a su hijo, Nemesio -que llevaba los dos apellidos de la madre, Domínguez Moraña-, pero Peregrina se negó, alegando que el niño era demasiado pequeño.
Este es el inicio de la historia de un hijo ilegítimo y de tres mujeres arousanas que reclaman su derecho a ser reconocidas como las nietas de José Benito Torres Bouzas, y a poder gestionar por tanto parte de la herencia que aquel dejó, que se compone de unas sesenta fincas repartidas por varios ayuntamientos de la provincia, y que el abogado de las tres hermanas, el sevillano Fernando Osuna, valora en diez millones de euros.
Las hermanas son Amparo Domínguez Arcos, de 56 años y residente en Denia (Alicante); Dolores, de 53 años y vecina de Sisán (Ribadumia), y Ana, de 45 años y residente en Lérez (Pontevedra).
Dolores Domínguez Arcos cuenta que ellas siempre supieron que eran nietas de José Benito Torres Bouzas. "De hecho -comenta- los primos de él siempre nos trataron como familiares. Todo el mundo sabía que Nemesio, nuestro padre, era hijo de José Benito, pero como no había documentos que lo demostrasen pensábamos que nunca podríamos recuperar esa herencia".
Amparo, sin embargo, no lo supo hasta hace poco más de un año. Ella emigró a Alemania con sólo 18 años -se marchó el mismo año que moría su padre, Nemesio, en 1971- y aunque regresó con asiduidad a Galicia se quedó a vivir en la Comunidad Valenciana. Cuenta que cuando se enteró de que su abuelo por parte de padre no era un desconocido sino que tenía nombre y apellidos habló con un abogado de Denia sobre la posibilidad de reclamar la parte de la herencia que le correspondería a las nietas, pero el letrado le dijo que no tenían muchas posibilidades.
Pero las cosas cambiaron tras ver un reportaje de televisión sobre los descendientes de un fallecido que solicitaban una prueba de ADN para demostrar que eran parientes suyos y poder cobrar la herencia que les correspondía. Les asesoraba un abogado sevillano, Fernando Osuna, y Amparo Domínguez no lo dudó un segundo y se puso en contacto con él.
El abogado se puso manos a la obra, y el verano pasado mandó a Paradela a un detective privado de Sevilla. El investigador habló con los vecinos y buceó en los viejos papeles guardados en los archivos municipales y eclesiásticos. La principal conclusión a la que llegó fue que todos los vecinos aseguraban que Nemesio Domínguez era hijo de José Benito Torres.
"El abogado nos dice que hay documentación suficiente para probar el parentesco", comenta Dolores Domínguez.
José Benito Torres Bouzas se marchó soltero para Argentina y una vez allí se casó con otra vecina suya de Paradela. Pero no tuvo descendencia con ella. Según Dolores García, su abuelo quería dejarle la herencia al hijo que dejó en Galicia. Pero al final murió en 1954, y por la razón que fuese dejó los papeles de su legado sin arreglar. La única voluntad explícita que se le conoce fue la de que ocupase su casa de Paradela su ahijado, un joven discapacitado cuyos padres procedían de una pequeña aldea del sur de A Coruña, y que trabajaron como caseros de José Benito O Calvo. El ahijado podría vivir en esa casa hasta su muerte, pero el préstamo de su padrino no le habilitaba para ceder la casa a terceras personas. Mientras tanto, Nemesio hacía su vida. Se casó y se mudó a San Vicente de Nogueira, otra pequeña aldea del rural de Meis. Allí tendría a sus dos primeras hijas -Amparo y Dolores-, y allí murió en 1971, a los 51 años.
En aquel momento, ninguna de las tres hermanas sospechaba siquiera que pudiesen reclamar parte de la herencia de su abuelo. Ni siquiera la esposa de Nemesio hizo nada. "Mamá se vio viuda muy joven -cuenta Dolores Domínguez Arcos--y con hijos menores de edad. Además, en aquel momento los hijos no reconocidos no tenían derecho a las herencias".
La realidad a día de hoy es que la casa de Paradela de donde salió José Benito Torres sigue ocupada, a pesar de que el ahijado minusválido murió hace mucho. Y aunque las fincas rústicas del Calvo -muchas de ellas situadas en Paradela y en el ayuntamiento vecino de Portas- siguen a su nombre, en algunas de ellas ya hay casas construidas.
El abogado Fernando Osuna ha presentado una demanda judicial en representación de las tres hermanas en la que pide al Juzgado número 1 de Cambados que declare formalmente que Amparo, Dolores y Ana Domínguez son nietas de José Benito Torres Bouzas, paso previo indispensable para poder reclamar después la herencia. El abogado solicita al juzgado que se le haga una prueba de ADN a los restos mortales del padre de sus representadas y a los de un familiar directo de Torres Bouzas, para que quede constancia del parentesco existente entre ambos. Osuna pide también que se llame a declarar a los vecinos de Paradela. Dolores Domínguez explica que ellas lo que quieren es que se reconozca que son nietas de José Torres y que él quería que su herencia pasase a su hijo. "Ese es el primer paso. Luego, si se consigue eso, ya se verá lo que hacemos con la herencia", concluye.