Séptimo aniversario de la catástrofe del 'Prestige' 

La cura del esqueleto herido

El único testigo gallego que bajó al pecio hundido, el oceanógrafo Fiz Fernández, relata su experiencia a cerca de 4.000 metros de profundidad

 
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Imagen del ´Nautile´, que inició la inmersión para inspeccionar el ´Prestige´. / la opinión
Imagen del ´Nautile´, que inició la inmersión para inspeccionar el ´Prestige´. / la opinión 
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El pecio del 'Exxon Valdez', hundido en Alaska, alcanzó los 244 metros de profundidad. El del 'Erika', en Francia, se paró en los 110 metros. Hasta los 3.800 del 'Prestige', todo un abismo oceánico sin antecedentes de los que aprender para controlar el vertido. Había que crear nuevo conocimiento. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) eligió al oceanógrafo gallego Fiz Fernández para descender el día 12 de diciembre de 2002 hasta el petrolero que escupía toneladas de fuel desde el fondo. Lo que allí vio y dedujo fue crucial para diseñar, desde los despachos del comité de expertos en Madrid, la gestión de la marea negra

SELINA OTERO | VIGO "Cuando me propusieron bajar encerrado en una cápsula hasta el pecio hundido del Prestige me quedé muy sorprendido. Tuve que respirar hondo durante unos segundos y pensar con frialdad. Era algo arriesgado, descender a profundidades impensables como son los cerca de 4.000 metros donde yacen la proa y la popa del petrolero. No obstante, sabía que era una oportunidad única, quizás una vez en la vida, a la que no podía negarme. Nadie se negaría, pensé. Hablé con dos amigos que habían descendido en los días previos. Luego, reflexioné: es la bajada número 1.502 del Nautile, si nunca pasó nada malo será que me ocurra a mí". Así fue como el oceanógrafo gallego Fiz Fernández, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y pilar clave en el Instituto de Investigacións Mariñas de Vigo, se lanzó a la aventura de convertirse en astronauta marino por un día, una de las experiencias más conmovedoras de su currículum profesional y vital.

El 12 de diciembre de 2002 este químico especializado en oceanografía descendió hasta las entrañas del buque herido: inquieto, con respeto y mucho valor, pero sin miedo, confiando en las aguas de las que más sabe, tras años de estudio sobre el comportamiento de los vientos, las corrientes y los fondos del Atlántico.

Él fue el elegido para recabar en las profundidades oceánicas toda la información posible sobre el petrolero de Bahamas que acababa de hundirse y que mantenía en vilo, en aquellos momentos, a las administraciones, a toda la población gallega, la sociedad española y, en definitiva, a la opinión pública internacional.

Su opinión era crucial: el comité de expertos que gestionaba la crisis desde Madrid necesitaba testigos presenciales de lo que ocurría a 220 kilómetros de las Cíes, con un buque partido en dos y hundido que no paraba de escupir toneladas de fuel. En la superficie, inmensas manchas de hidrocarburos, las playas gallegas anegadas de una masa viscosa imposible, pero, ¿qué pasaba allí abajo? ¿cómo arreglarlo?

La responsabilidad de Fiz, a través de su testimonio y las deducciones que pudiese sacar tras ver el pecio a cinco centímetros, separado únicamente del casco por el grosor de una pantalla de metacrilato, no era poca. Él era el mensajero para, posteriormente, diseñar desde los despachos y mesas de reuniones de Madrid, toda la estrategia de gestión de la mayor catástrofe ecológica de la historia provocada por un petrolero. Con el Prestige, todo se complicó desde el primer día. El paseo durante una semana frente a Galicia, con las grietas ya supurando. La ruptura en dos trozos para luego aterrizar en un fondo oceánico de casi 4.000 metros. ¿Cómo llegar hasta ese submundo? El Exxon Valdez, en Alaska, se paró en los 244 metros de profundidad, el Erika, en Francia, lo hizo a los 110 metros: hasta los 3.800 del Prestige había y hay un abismo. ¿Cómo trabajar y operar en profundidades nunca antes alcanzadas? Sin antecedentes de los que echar mano. Era necesario crear nuevo conocimiento. Difícil tarea para Fiz.

Riesgo y responsabilidad

Misión: calcular cuánto hidrocarburo tenía el pecio, comprobar cómo ascendía a la superficie a través de las grietas, medir su temperatura, tomar muestras del fuel, intentar obturar el agujero más gordo, el del tanque número tres, con las pinzas del batiscafo... todo esto y más en cinco horas, el tiempo de autonomía del Nautile en el fondo. Entre la proa y la popa hundidas, cuatro kilómetros de distancia.

"Uno de los problemas era que no teníamos tecnología para operar a esa profundidad. El Gobierno optó por el Nautile del Ifremer: un submarino ideal para tomar imágenes y grabar pero no para trabajar ni realizar grandes obras de ingeniería", cuenta Fiz Fernández.

A las nueve y cuarto de la mañana del día 12 empezaba su particular expedición. "Dos técnicos del Ifremer y yo nos metimos en una esfera de titanio de 2,1 metros de diámetro.

Uno sentado y los otros dos, entre ellos yo, acostados boca abajo. Con ventanucos individuales para ver. Más de media hora para que el nodriza Atalante lanzara el Nautile al fondo. Una hora para el descenso otra para el ascenso y cinco horas en el fondo. En total, nueve horas en las que no te puedes mover, ni mucho menos orinar. Sólo vestíamos un mono amarillo. Sin presión en los oídos.

A las once de la mañana nos comimos algo envasado al vacío, sin cambiar de postura. A las cuatro horas de estar dentro empezamos a notar frío, pese a que había deshumidificadores para matar la condensación", recuerda Fiz Fernández. Le sorprendió ver tanta vida a esa profundidad. "Había tiburones mansos, medusas, pulpo, gusanos gigantes. El fondo era totalmente blanco: son restos calcáreos, estructuras de carbonato de calcio que, al perecer, sedimentan y se van acumulando.

Cuando el pecio chocó contra el fondo partido en dos levantó una polvareda de limo blanco. El Prestige estaba cubierto de esta materia clara, que chocaba con el fuel negro que salía de dentro. En cuanto vi las fugas dije: imposible que el fuel se enfríe, va a seguir vertiendo por mucho tiempo".

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