JAVIER SÁNCHEZ DE DIOS
. stablecido, en Madrid, por las direcciones de la patronal que preside Gerardo Díaz Ferrán, y Cándido Méndez por UGT y Fernández Toxo por Comisiones, un acuerdo que reabre el diálogo social y desbloquea la renovación de cientos de convenios, no parece que en Galicia la cuestión resulte tan sencilla como en Madrid.
Es un secreto a voces la reticencia de la CIG de Xesús Seixo para aceptar sin más aquella entente, y de hecho los nacionalistas ya han dicho que no regresarán a las mesas de diálogo social -creadas en época de Ricardo Varela y confirmadas por la Xunta actual- si no hay un cambio de objetivos y planes de trabajo.
En el fondo, y además de la estrategia general, están en marcha tácticas sindicales que permitan ganar en influencia y en militancia a unas centrales sobre otras.
Un interés por la militancia que crece en general sobre todo como consecuencia de la crisis y el incremento del desempleo, con una mala perspectiva según declaró la propia conselleira Beatriz Mato.
Ahora mismo es un secreto a voces el interés de muchos trabajadores por afiliarse por la convicción de que a la hora de seleccionar al personal que los ERE llevan al paro cuenta mucho tener un carnet sindical y, por supuesto, el peso e influencia de las siglas.
Hoy no se fía...
Un secreto a voces es también el que se refiere a la desconfianza recíproca de los sindicatos gallegos. Seixo y la CIG creen que la UGT y su secretario general José Antonio Gómez están "demasiado cerca" del Gobierno central y los ugetistas sospechan que el sindicato nacionalista sólo pretende sostener al BNG, que en la esfera política pierde peso.
Desde un sector nacionalista se afirma que es un secreto a voces que la UGT ha conseguido un cupo propio en las futuras listas del PSOE. Es más, aseguran que el sindicalismo agrario de corte socialdemócrata tiene ya puesto clave en la ejecutiva del PSdeG con el nombramiento de Pablo García como secretario de Organización.
Curiosamente esas dos centrales sospechan que el tercer gran sindicato, Comisións, busca su propio interés sin rechazar aliados. En ese sentido recuerdan cómo, en época de Xan María Castro, CCOO llegó a acuerdos con el presidente de la Diputación de Ourense y referente del PP, José Luis Baltar, cara a las elecciones sindicales en aquella Corporación Provincial, lo que desmiente Comisiones Obreras.
Unión difícil
Donde tampoco es fácil la situación, aunque naturalmente la versión oficial diga otra cosa, es en el PSOE coruñés. La victoria -en el congreso provincial- de Salvador Fernández Moreda sobre José Manuel Lage fue muy clara, pero deja efectos colaterales complicados.
Por ejemplo, y es un secreto a voces, la relación política entre Moreda y Antón Louro, delegado del Gobierno en Galicia, no se ha fortalecido precisamente. Aunque Louro procuró, parece, mantenerse neutral, su simpatía política por Lage es conocida y pudo influir, según el entorno de Moreda, para acortar la victoria de éste.
Queda también por determinar cómo salen, tras el congreso coruñés, las relaciones políticas en la dirección gallega, después de que su número tres, Mar Barcón y el portavoz parlamentario Fernández Leiceaga se situasen contra Fernández Moreda.
¡Oh, l'amour..!
Y lo que era un rumor, una separación de pareja, se ha convertido en un secreto a voces protagonista de la boda política.
Eso sí: no habrá ni confirmación ni mentís, por aquello de que la vida privada es la vida privada. Claro...