REDACCIÓN | A CORUÑA
El temporal de viento y lluvia que sufrió Galicia el pasado fin de semana dio ayer sus últimos coletazos, con árboles caídos, desprendimientos de tierra y pequeñas inundaciones en una veintena de ayuntamientos. El viento y la lluvia tiraron árboles o ramas en las localidades pontevedresas de Poio, A Estrada, Gondomar, Pontevedra y Barro, donde además hubo un desprendimiento de tierra en la PO-531, de Curro hacia Pontevedra, en el enlace con la autopista AP-9.
La carretera LU-651, a su paso por el municipio lucense de Quiroga, también resultó afectada por un desprendimiento de tierra, y en A Coruña, la caída de vegetación en la carretera afectó al tráfico de la AC-223 en Carral, de la AC-151 en Vilarmaior, y de vías municipales en Val do Dubra y Bergondo. En el municipio ourensano de Ribadavia, además de la caída de árboles el viento tiró una marquesina en la carretera OU-504. Las lluvias causaron también inundaciones en un garaje de la localidad coruñesa de Boiro y en varias calles del término municipal de Ames. En el municipio coruñés de Fene, la rotura de una tubería inundó la calle Foxas; también hubo anegamientos en los ayuntamientos pontevedreses de Cambados y Ponte Caldelas, donde se desbordó el río Verdugo. También hubo problemas con el tendido eléctrico en Nigrán y con luces de Navidad que se desprendieron en Vilanova de Arousa.
Tras el paso del temporal, que durante el fin de semana dejó lluvias de 23 litros por metro cuadrado en sólo una hora en Arousa, vientos de 145 kilómetros por hora en Vimianzo, y cientos de incidentes en toda Galicia, el tiempo volvió ayer a la normalidad. De hecho, para los próximos días los servicios de emergencias de la Xunta no tienen prevista ninguna alerta, ni en tierra ni en mar, y MeteoGalicia anuncia la llegada de una borrasca que no se notará hasta el jueves.