M. F. | A CORUÑA
"La primera vez que te comunican que estás imputado te asustas mucho; te dices que no tiene sentido y que eso no va a prosperar, pero la duda siempre queda". José Antonio Vázquez Taín sabe lo que es sufrir una denuncia en carne propia: durante su etapa como juez en Vilagarcía de Arousa se enfrentó a cuatro querellas relacionadas con asuntos de narcotráfico que instruyó en esa época. El TSXG acabó archivando todas ellas, pero este magistrado confiesa que, pese a tener la convicción de haber hecho bien el trabajo, mientras no se resuelven las denuncias -algo que se puede prolongar hasta un año- no puede evitar sentir miedo, enfado o "incomodidad". "Eso no te lo quita nadie", afirma.
El que fue uno de los azotes de los narcos gallegos desde su juzgado en Vilagarcía -en la actualidad es magistrado de lo Penal en A Coruña- recuerda que se quedó muy sorprendido al recibir su primera querella. "Nunca te imaginas que puedas estar al otro lado de la mesa", confiesa. Lo acusaban de presionar a testigos e imputados. Ni la denuncia prosperó ni llegó a ser apartado del caso, como también pretendieron sin éxito en otras ocasiones. Uno de sus querellantes más famosos fue el arousano Marcial Dorado: Taín recuerda como tuvo que realizar un informe después de que este histórico contrabandista le exigiese una indemnización de 600 millones de pesetas por supuestos perjuicios después de que le fueran embargadas varias empresas.
Además de las querellas ante el Superior, los ciudadanos y profesionales también pueden quejarse ante el Consejo General del Poder Judicial. "Esto es mucho más frecuente; hay buzones de quejas en cada juzgado y la verdad es que se llenan; yo tengo que realizar entre dos y tres informes cada año", dice e insiste en que su profesión no es "de riesgo". "Si lo haces todo bien no tiene porqué pasar nada", asegura.