C. V. | SANTIAGO
Aminatu Haidar lleva 25 días en huelga de hambre. Aunque la activista saharaui aún no ha logrado su objetivo, volver a Marruecos, ha conseguido que los ojos de todo el mundo miren hacia ella. Si hace un par de días los productores lácteos miembros de Gandeiros Unidos rememoraban con envidia las manifestaciones de los obreros del metal de Pontevedra, ahora, al menos para Ramón Ríos, les ronda por la cabeza seguir el ejemplo de Haidar. "Vamos a seguir aquí hasta que se haga algo. Porque haces una cosa y no logras nada, y otra y no logras nada. Hay que ir a la huelga de hambre", señala.
Anteayer se pasó el día entero en la explanada del viejo mercado del ganado sin comer. "Y se va adaptando el cuerpo", comenta. Ramón Ríos está jubilado, pero permanece atrincherado en Salgueiriños con su tractor en representación de su hija, viuda, a cargo de la explotación de cuarenta y pocas vacas. Está dispuesto a seguir el tiempo que sea necesario. Porque, aunque él tiene la fortuna de no haber recurrido a los ahorros de la familia para sobrevivir, sí menciona que ve el futuro tan negro como "para coger la cuerda y colgarse". "No hace mucho recibí la noticia sobre un ganadero que realizó una inversión de cuarenta millones en una cuadra y como vio que no salía del paso se colgó", lamentó.
Como sus compañeros de Gandeiros Unidos, Ríos desconfía de los sindicatos. "Tenían que existir unos sindicatos independientes del Gobierno, a los que pagásemos nosotros. Y si necesitamos estar seis meses de huelga, se está, porque el problema es que no estamos muy unidos y cuando los sindicatos dicen que no se vaya, muchos no vienen", explica. Este ganadero comparte la opinión de su colectivo de que las subvenciones no son la solución. Lo justo, dice, es que suba el precio de la leche o que, al menos, "se nivele el precio de la vida", en alusión a los costes que tienen que soportar en las explotaciones.