"La gente prefiere morir aquí o ir a la cárcel, pero a casa no volvemos". Así resumía ayer José Luis Ríos el sentir de los centenares de ganaderos que desde el pasado lunes se concentran con sus tractores en la explanada de Salgueiriños, en Santiago, para presionar a la Administración y conseguir que escuche y responda a sus demandas. Pero tras cuatro días fuera de sus casas y durmiendo a la intemperie, el ansiado acuerdo para que todas las partes implicadas en el sector lácteo se sienten a negociar una subida de precios que garantice que los productores podrán cubrir costes todavía no se concreta.
A la Xunta se le acaba el tiempo para reaccionar. Los representantes de Gandeiros Unidos, la organización promotora de estas últimas movilizaciones, reiteró ayer que la Administración autonómica tiene de plazo "hasta hoy" para convocar una reunión con todos los responsables de Medio Rural de la Cornisa Cantábrica, las industrias lácteas y la distribución. De lo contrario, la propia organización contactará con las empresas del sector que operan en la comunidad a fin de trasladarles sus reivindicaciones que, fundamentalmente, pasan por un incremento del precio del litro de leche de los 26 o 27 céntimos de euro actuales a los 34, que garantizaría la cobertura de los costes de producción.
A la espera de que la Xunta mueva ficha, en Salgueiriños se vivió ayer una jornada tranquila, de transición. Un retén se quedó vigilando los tractores -unos 800 según Gandeiros Unidos aunque continuaban sumándose más compañeros- mientras la mayor parte de los ganaderos aprovecharon para volver a sus explotaciones para ponerlas al día. "Hay que sacar el silo, el purín y ordeñar las vacas", señaló uno de los ganaderos. Pero será sólo un descanso porque, insisten, "vamos a estar aquí hasta el final, vamos a juntar cada día más ganaderos y vamos a aguantar".