En junio, la Autoridad portuaria de Vigo comunicó a los armadores y consignatarios del muelle que ya no podrían usar cajas de madera para llevar el pescado. El muelle vigués acataba así una directriz de la Consellería de Sanidade, según la cual las tradicionales cajas de madera no cumplen los requisitos de "impermeabilidad" que exige la UE. La noticia cayó como un jarro de agua fría en el sector de la madera, y especialmente en las 16 empresas gallegas que, con 235 trabajadores y 23 millones de euros en facturación, se dedican sólo a la construcción o al ensamblaje de estas cajas. Tras las quejas del sector, que calificó el veto como "la espada de Damocles" para la industria maderera, y el aval de la Agencia de Seguridad Alimentaria, la Xunta levantó el mes pasado la prohibición. Sin embargo, para evitar "más problemas en el futuro" la federación de aserraderos, Fearmaga, exigirá que Bruselas cambie el reglamento en español, y que en lugar de exigir la "impermeabilidad" de las cajas, se pida la "resistencia al agua".