M. VÁZQUEZ | SANTIAGO
Sin previo aviso. El peor temporal de lluvia y viento del invierno atravesó ayer Galicia cuando nadie lo esperaba, dejando a su paso multitud de daños materiales, más de 230.000 hogares sin luz y tres heridos. A Coruña y Pontevedra fueron las provincias más afectadas por un fenómeno que muchos vecinos comparaban ayer al ciclón Klaus que el año pasado por estas mismas fechas barrió Galicia. Aunque la fuerza del viento no llegó a los 200 kilómetros por hora como en aquella ocasión, sí se superaron los 160 en Ons y los 145 en zonas de A Coruña como Coristanco, Vimianzo o Lousame.
El temporal alcanzó su máxima intensidad entre las 02.00 y las 03.00 de la madrugada, un factor que contribuyó a evitar que los daños personales fueran mayores. Sólo tres personas resultaron heridas en accidentes provocados por el temporal. En O Porriño un joven de 36 años tuvo que ser hospitalizado después de que un árbol cayera encima de su coche, el mismo motivo que provocó otro accidente en As Nogais en el que un hombre sufrió rotura de clavícula. El tercer herido fue un vecino de Ribas de Sil que chocó contra un árbol atravesado en la carretera.
Desprendimientos, tejados arrancados de cuajo, árboles, farolas y vallas derribadas y numerosos desperfectos sobre el tendido eléctrico fueron las principales incidencias provocadas en tierra por el viento, que sólo entre la medianoche y las 08.00 horas motivó más de 400 llamadas al 112. Unos 230.000 hogares llegaron a quedarse sin luz a las 03.00 de la madrugada, momento en el que se registraron las ráfagas más intensas. 18 horas después, sin embargo, todavía quedaban unas 2.500 familias en las provincias de A Coruña y Lugo sin suministro, una tardanza que el delegado de Gas Natural-Unión Fenosa en Galicia, Luis Díaz, atribuyó ayer a las "dificultades" de los equipos técnicos para localizar el lugar de la avería y poder acceder a ellos.
A última hora de la tarde, los problemas de suministro de Fenosa se centraban en zonas rurales de Vimianzo, Mazaricos, Camariñas o Negreira, en A Coruña, y en Baralla, Palas de Rei o Guntín, en Lugo, donde la compañía logró restablecer el suministro de forma provisional con la instalación de 30 grupos electrógenos. Por su parte, Begasa informó de que sus técnicos seguirían trabajando por la noche para resolver las averías que afectan a, al menos, 2.500 usuarios lucenses.
En la costa, donde sí se había activado la alerta naranja, los avisos se quedaron cortos. En muchas cofradías los marineros relataban que habían presenciado indefensos como las olas y el viento destrozaban decenas de embarcaciones. El vendaval duró apenas unos minutos pero sembró el caos en muchos puertos gallegos, especialmente en los de la ría de Arousa, donde las medidas preventivas no impidieron que se fueran al fondo del mar cientos de toneladas de mejillón, 20 bateas quedaran a la deriva y decenas de barcos se hundieran, aparecieran varados en la costa o sufrieran importantes desperfectos.
En el mar, precisamente, se produjo una de las incidencias más llamativas, al soltarse del amarre un ferry que construye el astillero vigués Barreras y que quedó a la deriva.
Por lo demás, las incidencias en tierra se cebaron con las provincias de A Coruña y Pontevedra, donde provocaron pérdidas por valor de miles de euros, como en el concello de Ordes, uno de los más afectados de A Coruña, y que ayer estimaba los daños en más de 150.000 euros.
También el sector agrario sufrió numerosos desperfectos en concellos como Brión, Muxía, Santa Comba o Rodeiro, con "cuantiosos daños" en muchas explotaciones para las que Unións Agrarias exigió a la Xunta "ayudas inmediatas" .
Decenas de centros educativos también se vieron afectados por el temporal, como el colegio de Boimorto, que suspendió las clases al no tener luz ni calefacción, o la escuela infantil de Cambados, que perdió su tejado. Las dificultades para circular por algunas vías secundarias afectaron a 555 usuarios del transporte escolar en Lugo, aunque sólo cerró un centro en Guitiriz.
Los árboles derribados por el viento afectaron sobre todo a la red secundaria (aunque en la A-52 había que circular con precaución debido a un socavón), provocando una veintena de accidentes y dejando aislada una aldea de Chantada. Además, el temporal obligó a cerrar carreteras pequeñas como la que une Vilagarcía y Pontecesures, intransitable por la presencia de pinos y eucaliptos, y cortó los accesos a las áreas termales situadas en las riberas del Miño (río en el que ayer se decretó el nivel de prealerta al subir el nivel de la cuenca ) a su paso por Ourense.
En el rural algunos árboles cayeron sobre casas habitadas, como en Cee, aunque las ciudades tampoco se libraron. En Pontevedra los bomberos recogieron 150 árboles, uralitas y farolas y parte del tejado del concello de Vigo se desplomó en mitad de los pasillos del edificio.