ÁNXEL VENCE
Muy tocado en sus finanzas por la crisis, el Xacobeo de este año presenta una cartelera en modo alguno comparable a la de los tiempos de Don Manuel, cuando se dejaban caer por aquí los Rolling Stones, Luciano Pavarotti, David Bowie, Aerosmith, Eric Clapton y demás elenco de viejas glorias del pop-rock y de la ópera. Por si tales desventuras no bastasen, ahora hemos sabido que tampoco el Papa de Roma visitará Galicia este año, con el bajón de peregrinos y público en general que eso ha de suponer sin duda para las cuentas del Año Santo. Poco júbilo nos va a traer el jubileo, si esto sigue así.
De nada nos valió a los gallegos la ventaja de tener destacado en la Santa Sede a un paisano tan influyente como Sir Francisco Vázquez para que caciquease un poco a favor de la visita de Benedicto XVI a este reino. A fuer de justos, hay que reconocer que el ex alcalde de A Coruña y hoy embajador ante el Vaticano movió sus no escasas influencias para que el Xacobeo se coronase de fama y peregrinos con la visita estelar del Papa; pero ya se sabe que los designios del Señor -y más aún los de la curia- son por su propia naturaleza inescrutables.
Mal asunto. Aunque no convenga mezclar las finanzas con la religión, lo cierto es que el Gobierno gallego había cifrado sus esperanzas de recuperación de la economía en los aportes de turismo y dinero fresco que todo año jubilar suele traer consigo. Los cálculos algo optimistas de la Xunta atribuían al Xacobeo la capacidad de elevar en un 1% el Producto Interior Bruto del país, lo que no es precisamente moco de pavo en tiempos de recesión.
Tan golosa estimación de ganancias se hacía sobre la hipótesis de que el Xacobeo traería este año unos diez millones de visitantes a Galicia, según aventuró hace algunos meses el presidente Feijoo. Si ya entonces el cálculo parecía un tanto excedido, ahora resulta de casi imposible cumplimiento a la vista de la carencia de grandes figuras en el cartel. Incluyendo obviamente al Santo Padre, el último en caerse de la programación.
La ausencia del Papa y la de Sus Satánicas Majestades en este país acostumbrado a poner una vela a Dios y otra al diablo ha de redundar inevitablemente en una menor afluencia de visitantes a Santiago. Bien nos conformaríamos, dadas las circunstancias, con que la muchedumbre inicialmente prevista se redujese como mucho a la mitad. Después de todo, una riada de cinco millones de turistas y/o peregrinos bastaría para aliviar las depauperadas arcas de los posaderos de este reino y a restañar, en consecuencia, los daños de un PIB que no para de recular desde hace meses.
Infelizmente, la crisis económica que dejó sin blanca las arcas del Estado y de la Xunta ha creado un círculo vicioso del que resulta difícil salir. No hay dinero para contratar al lujoso elenco de estrellas que tanto lustre y éxito dio a anteriores Xacobeos; pero a la vez esa merma del programa resta interés al acontecimiento con la previsible reducción de ingresos que supondrá la caída en el número de visitantes.
Por si las desdichas fuesen pocas, ahora hay que agregar la del frustrado viaje a Galicia del Papa que a no dudarlo sería una visita estelar capaz de atraer a una frondosa parroquia de muchos miles de peregrinos y viajeros en general.
Todo ello invita a pensar que el de este año va a ser el jubileo de la crisis, lo que no deja de resultar una lástima. A fin de cuentas, la feliz invención del Xacobeo se había convertido ya en uno de los principales activos turísticos de este reino, tan perjudicado históricamente por la lluvia y por su esquinada situación en el mapa.
Sin Papa y sin el aroma a azufre de los Stones, sólo nos queda confiar en que el Apóstol obre el prodigio de multiplicar los turistas como en el milagro de los panes y los peces. Malo será que no eche una mano a sus paisanos.
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