J. FRAIZ | OURENSE
La libertad se esfumó en el tejado, a lo sumo la única conquista de un recluso de Pereiro de Aguiar que vio frustrado, en el techo del centro penitenciario ourensano, su plan de huida. El interno consiguió trepar, más de 12 metros y con la ayuda de una sábana entrelazada, hacia la parte superior del edificio de comunicaciones, donde puso fin a su ambición tras verse acorralado entre el cordón que formaron los funcionarios del penal y la zona que media hasta el muro exterior, controlada por la Guardia Civil.
El reo aguardó a la jornada del domingo para procurar la fuga. Aprovechó, además, los momentos previos a la hora de cenar, resguardándose en medio del tránsito de personas por el interior del módulo de reclusión para pasar desapercibido. Entre el ir y venir, esquivó el control visual de los funcionarios del centro y salió a uno de los patios. Durante algunos minutos, en los prolegómenos al control rutinario de internos que se efectúa antes de cada comida, el reo consiguió hacerse invisible hasta la activación de la alerta y la puesta en marcha del protocolo de seguridad, que la dirección del centro carcelario inició a las 19.30 horas. Se bloquearon, en ese momento, las entradas y salidas y se restringieron los accesos a espacios comunes para dar con su paradero.
En paralelo comenzaba la búsqueda que, coordinada en sintonía con los agentes de Guardia Civil que están asentados en las instalaciones del penal, fructificó apenas 50 minutos después, cuando los funcionarios desmontaron la huida y el preso se daba por vencido.
La dirección de la cárcel subrayaba, tras relatar los hechos, la respuesta ante el intento de evasión. El director del centro, Juan Carlos Salvador, destacó que "aunque un intento de fuga no es habitual aquí", la intervención de la seguridad se realizó con margen suficiente para impedir la huida del reo. Más allá del tejado del edificio de comunicaciones en el que fue localizado, el preso tenía por delante una zona difícil "aunque no imposible" de franquear. Desde el techo tendría que posarse en la superficie del muro interior del centro penitenciario y desde allí, descender gracias a su cuerda improvisada, hasta el pasillo de seguridad.
Este dominio intramuros conforma un amplio recinto en el que abundan las medidas de control y vigilancia. Hay instrumentos microondas de detección de movimiento y conforma la ruta habitual de patrulla de los agentes de la Guardia Civil que, por si fuera poco, están instalados en ese lugar con un puesto de guardia y cinco garitas. "Él mismo adivinó la situación", manifestaba Salvador, "así que dio marcha atrás y descendió de regreso hacia el patio", matiza. A pesar de todo, los funcionarios de seguridad tuvieron que reducirlo, ya que opuso resistencia. "Ellos estaban prevenidos porque sabemos que este tipo de momentos son peligrosos, en medio del nerviosismo", añade. La dirección del centro decretó, de modo cautelar, su inclusión en régimen de aislamiento mientras la Junta de Tratamiento analiza su posible traslado a otro centro penitenciario así como su más que probable vuelta al régimen de primer grado.
El recluso es un varón joven, de complexión atlética y con origen fuera de Galicia que prácticamente había cumplido tres cuartas partes de la condena de ocho años que pesaba sobre él por varios robos.