A. OTERO | VIGO
"Sólo puede pertenecer al Almirante Antequera". Para la Armada, en ese destructor está el origen del torpedo de fabricación alemana localizado en aguas de Bueu por buceadores deportivos y que fue izado ayer a la superficie por el patrullero Tabarca para su posterior traslado a la Escuela Naval Militar de Marín. Debido a su deteriorado estado, el artefacto -de siete metros de largo, 56 centímetros de diámetro y sin explosivos- permanecerá unos días en la base militar para estudiar más su estructura antes de transportarlo a Ferrol, donde se destruirá en los polvorines de Mougá.
Como adelantó ayer LA OPINIÓN, el Antequera perdió un proyectil del mismo modelo (un G7a de la II Guerra Mundial) muy cerca del faro de Mourisca en el transcurso de unas maniobras.
Pero la Armada necesitaba documentar desde dónde pudo haberse lanzado ese proyectil nazi. Primero estudió la posibilidad de que se efectuase desde los muelles de la Escuela Naval de Marín, pero la descartó tras confirmar que el último disparo desde ese punto data de 1947 y, además, el proyectil se recuperó. La investigación continuó ayer con la participación de los expertos del Museo Naval de Madrid. "Constataron que en efecto, el destructor Almirante Antequera perdió en esa zona un proyectil G7a que no logró recuperar. O es de este barco o de otro alemán, y esto sería elucubrar" razona un portavoz del Ministerio de Defensa.
De todos modos, los expertos de la Armada tratarán estos días de analizar con más detalle el torpedo. En primer lugar pretenden descubrir su "matrícula", una placa que contenga la identificación numérica de su procedencia. "Se intentará, pero será difícil. Lleva más de 40 años en el agua y está muy deteriorado", añade el portavoz.
Precisamente ése fue el motivo que complicó la maniobra de recuperación del proyectil realizada ayer desde el patrullero Tabarca. Este buque, apoyado por la zódiac del equipo de la Unidad de Buceo de Ferrol, empleó cerca de cuatro horas en izar el torpedo a la superficie. Los buzos militares lo había dejado todo preparado el día anterior con las boyas flotadoras colocadas en ambos extremos de la estructura para equilibrar el ascenso. Pero antes de iniciar esta operación, la cabeza del proyectil se desprendió, obligando a los buceadores a sumergirse de nuevo para recuperarla. Al final el Tabarca descargó en los muelles de la Escuela Naval el cuerpo principal del torpedo, la cabeza, su eje y otros restos.